Capítulo 19
Lo que una historia puede revelar
Haven Bay — Sábado por la tarde
Audrey había extendido las cartas de Dixie sobre la mesa.
A un lado, había colocado un panel lleno de fotografías y notas sobre tres de las historias relacionadas con Pregúntale a Tía Hope. No buscaba solo quién había escrito las cartas o qué consejo había recibido cada persona.
Buscaba el patrón.
Morgan se acercó y observó el montaje.
—¿Debería preocuparme por todo esto?
Audrey alzó la vista.
—Hago esto con todas mis historias.
—Entonces me quedo tranquilo.
—Aunque he aprendido algo de ti.
Morgan enarcó una ceja.
—Eso suena peligroso.
—Tu forma de trabajar. Cómo buscas la historia detrás de los hechos.
—¿Y?
—Es irritante.
—Gracias.
—Era un cumplido.
Morgan sonrió.
—Entonces estamos en paz.
Audrey volvió a las cartas.
—He aprendido mucho estos últimos días.
Morgan se apoyó en la mesa.
—Yo también.
Ella alzó la vista.
—¿Sobre mí?
—No pongas esa cara. No es tan grave.
Audrey sonrió.
—Continúa.
—Tienes una persistencia que no he visto en mucho tiempo.
—Eso no suena a cumplido.
—Lo es.
Ella se rio.
Morgan continuó.
—También admiro que vinieras aquí y te pusieras a trabajar sin comportarte como si fueras demasiado importante para hacerlo.
Audrey dejó el bolígrafo.
—Necesito este artículo.
—Lo sé.
—Quiero que cambie mi carrera.
Morgan la miró con seriedad.
—Y lo hará.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque no importa dónde trabajes o qué historia tengas delante. Si sigues escribiendo así, acabarás encontrando tu lugar.
Audrey guardó silencio.
—Hay periodistas capaces de hacer que una historia llegue mucho más lejos porque escriben sobre la gente con auténtica compasión. Eso es lo que hace que un lector recuerde lo que ha leído.
Audrey asintió.
—Y Norman Rockwell ayudó bastante.
Morgan sonrió.
—Supongo que sí.
Miró el panel.
—Tu artículo va a ser bueno.
Audrey lo miró de nuevo.
—¿De verdad lo crees?
—Sí.
Morgan hizo una pausa.
—Y si Dennis no te ofrece lo que quieres... o si decides dejar el Tribune por cualquier otra razón, tendrías un lugar aquí.
Audrey no respondió de inmediato.
—¿En el Beacon?
—En el Beacon.
—¿Aunque no vine precisamente con la intención de hacerte un reportaje favorable?
—Esa es una de las cosas que más me gustan de ti.
Audrey sonrió.
—Eso espero.
—Lo digo en serio, Audrey. Te lo has ganado.
Su teléfono sonó.
Morgan lo sacó del bolsillo y miró la pantalla.
—Cecilia.
Recogió las cartas que tenía delante y se puso de pie.
—Me está esperando para cenar.
Audrey asintió.
—Por supuesto.
—Y tenemos una noche emocionante por delante.
—¿Ah, sí?
—Bicicletas, boletines y béisbol.
Audrey soltó una carcajada.
—Suena irresistible.
—Lo sé. Apenas puedo contener mi emoción.
Se dirigió hacia la puerta.
—Nos vemos, Audrey.
—Nos vemos, Morgan.
Cuando se fue, Audrey volvió a mirar el panel.
Luego las cartas.
Y finalmente a la puerta por la que él acababa de desaparecer.
Había llegado a Haven Bay en busca de una historia que pudiera llevarla de vuelta a la ciudad.
Pero empezaba a sospechar que la historia que estaba escribiendo no era la única razón por la que le resultaría difícil marcharse.