Capítulo 9
Un pueblo donde todos saben todo
Haven Bay — Martes por la noche
La casa de Jane estaba tranquila esa noche.
Audrey había terminado de cenar y estaba sentada con Fanny en la cocina mientras Jane y Howie jugaban a las cartas en la mesa de al lado.
—Es un mecanismo de defensa —dijo Fanny, revolviendo el té—. Morgan es un buen hombre. Pero cuando algo le importa demasiado, tiende a encerrarse en sí mismo.
Audrey apoyó los brazos sobre la mesa.
—Bueno, tiene un mecanismo bastante bien desarrollado.
Fanny sonrió.
—¿Te molestó?
—No.
La respuesta llegó demasiado rápido.
Fanny no dijo nada.
Audrey suspiró.
—Es solo que a veces parece tan seguro de sí mismo que dan ganas de pincharlo con un alfiler.
Fanny soltó una risita.
—Eso también es bastante típico de Morgan.
Audrey se levantó y se acercó a la otra mesa.
—¿Estáis jugando por dinero?
Howie levantó la vista.
—No.
—Menos mal. Jane ya me ha quitado suficiente dinero a lo largo de los años.
Jane protestó.
—Eso no es verdad.
—Eres un tiburón.
—Solo porque tú eres malísima con las cartas.
Howie barajó las cartas.
—He oído que estuviste en el campo de petanca.
Audrey miró a Jane.
—¿Cómo es posible que algo así se sepa en menos de un día?
—Haven Bay —respondió Howie—. Aquí las noticias corren rápido.
—Empiezo a entender cómo funciona el periódico.
Howie sonrió.
—Mi padre fundó el club de petanca.
—Benny es encantador.
Jane levantó la vista de sus cartas.
—¿Qué tal fue la entrevista?
—Bien.
—¿La entrevista de Morgan?
—Sí. Yo estaba allí para observar.
Audrey hizo una pausa.
—Y él se aseguró de que lo supiera.
Jane sonrió.
—Es exactamente tu tipo.
—No tengo un tipo.
—Todo el mundo tiene uno —dijo Howie.
Jane se volvió hacia él.
—¿Ah, sí? ¿Cuál es el tuyo?
Howie dejó sus cartas sobre la mesa.
—La estoy mirando.
Jane sonrió.
—Respuesta correcta.
—Lo sé.
Audrey los observó durante un momento.
Había algo tan natural entre ellos que presenciarlo era casi incómodo.
—Creo que necesito un poco de aire.
Se levantó.
Fanny la llamó antes de que llegara a la puerta.
—Si pasas por la tienda, tráeme un helado. Rocky Road.
—Claro.
—Y caramelo salado para mí —añadió Jane.
Audrey cogió su bolso.
—Dos helados. Entendido.
Salió.
El aire de la noche era fresco y limpio. Audrey respiró hondo mientras empezaba a caminar.
Detrás de ella, a través de la puerta abierta, oyó la voz de Jane.
—¿Crees que después de la otra noche podríamos probar algo diferente?
Audrey siguió caminando.
—¿Como qué?
—Salsa.
Audrey sonrió.
Haven Bay era un pueblo pequeño.
Quizá demasiado pequeño.
Todo parecía llegar a oídos de alguien.
Y sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, Audrey no tenía prisa por volver a casa.