El corazón del Beacon (Colección: Corazón y memoria nº 2) Capítulo 4
11%

Capítulo 4

Pregúntale a Tía Hope

Haven Bay

El Bed & Breakfast de Jane estaba pintado de azul, con ventanas blancas y un pequeño cartel que colgaba de la pérgola: Jane's Bed & Breakfast.

Audrey apenas tuvo tiempo de admirarlo antes de que Jane saliera a recibirla y la estrechara en un abrazo.

—Por fin.

—Vine a ver si realmente sabes cómo dirigir un negocio.

—Llevo sobreviviendo un año y medio.

—Eso no responde a mi pregunta.

Jane soltó una carcajada.

Dentro, Fanny, su tía, las esperaba. Recibió a Audrey como si se conocieran desde hacía años.

Más tarde, las tres se acomodaron en el porche con una tetera entre ellas.

—Llámame Fanny —dijo la mujer mayor—. Te gustará trabajar con Clifton. Los Cooper fundaron el Beacon. Para nosotros, no es solo un periódico. Es parte del pueblo.

—Eso me dijo Clifton.

—Entonces no te dijo mucho.

Audrey sonrió.

—¿Y Morgan?

Jane la miró.

—¿Qué pasa con Morgan?

—Lo conocí esta tarde.

—Y ya descubriste que es un poco gruñón.

—¿Un poco?

Fanny se rio.

—Ese no es el Morgan que yo recuerdo.

—¿Lo conocías?

—Fui su maestra de preescolar.

Audrey arqueó las cejas.

—Estás bromeando.

—Era un buen chico. Muy serio. Siempre quería saber por qué las cosas eran como eran.

—Eso no ha cambiado —dijo Jane.

Fanny cogió la tetera.

—Excepto por los años que pasó en Londres.

—En el London Times, según mi editor.

—Así es.

Audrey se inclinó ligeramente hacia delante.

—¿Y por qué volvió?

Fanny se encogió de hombros.

—Supongo que echaba de menos su hogar.

La respuesta quedó suspendida entre ellas.

Audrey no insistió.

Cuando Fanny entró a preparar más té, Jane se arrellanó en su silla.

—¿Y tú? —preguntó Audrey—. ¿Echas de menos la ciudad?

—Ni un poco.

—No te creo.

—Pues créeme.

Audrey la miró con una sonrisa.

—Pensé que estabas loca cuando dejaste ese trabajo.

—Yo también lo pensé. Durante unas dos semanas.

Ambas se rieron.

—Pero ahora me encanta estar aquí —continuó Jane—. El negocio, el pueblo... todo.

Audrey asintió. Siempre había sido así con Jane. Podía cambiar de vida con una facilidad que Audrey jamás había tenido.

—¿Y Howie?

Jane miró hacia el jardín.

—Estamos bien.

Audrey esperó.

—¿Eso es todo?

—Eso es todo.

—Convincente.

Jane le lanzó una mirada.

—No empieces.

—No he empezado nada.

—Te conozco.

Audrey sonrió.

—¿Es por el año y medio?

Jane suspiró.

—Quizás.

—Me dijiste que era diferente a todos los demás.

—Lo es.

—Entonces no dejes que tus relaciones pasadas decidan por ti.

Jane la miró durante varios segundos.

—Siempre has sido muy buena dando consejos.

—Quizá por eso me hice periodista.

—No es exactamente así como funciona.

—Empiezo a sospecharlo.

Fanny apareció en la puerta cargando una cesta de ropa.

—¿Necesitamos sábanas nuevas para la habitación azul?

—No. Almohadas para la habitación amarilla.

Jane cogió un ejemplar del Beacon que estaba sobre la mesa.

Audrey reparó en la página que tenía abierta.

—¿Qué estás leyendo?

—Pregúntale a Tía Hope.

Audrey se acercó.

—¿Una columna de consejos?

—Sí.

—¿Y la lees todos los días?

—Solo sale los domingos.

Audrey la miró.

—Entonces eso complica un poco mi interpretación de la frase.

Jane se rio.

—La leo cada vez que sale. Me ayuda.

—¿Con qué?

Jane tardó un instante en responder.

—A pensar.

Fanny dejó la cesta.

—Ayuda a mucha gente.

Audrey volvió a mirar la página.

—¿Qué tiene de especial?

—No se limita a decirte qué hacer —dijo Jane—. Te hace pensar en por qué haces lo que haces.

—Eso suena peligroso.

—Lo es.

Fanny sonrió.

—Ha hecho mucho bien en este pueblo. Ha cambiado la vida de algunos chicos.

Audrey hojeó el periódico.

—¿Y quién es Tía Hope?

Jane y Fanny intercambiaron una mirada.

Audrey la captó.

—¿Qué?

—Nadie lo sabe —dijo Jane.

Eso despertó su curiosidad.

—¿Nadie?

—Nadie que quiera hablar.

Audrey puso un dedo sobre la página.

—Ahora sí que estoy interesada.

Jane sonrió y señaló una de las cartas.

—Lee esta.

Audrey cogió el periódico.

Jane, sin embargo, se lo quitó de las manos.

—Déjame a mí.

Adoptó una voz solemne.

—Querido Atrapado en el Medio: Una relación es una calle de doble sentido. No es responsabilidad de una sola persona hacerla avanzar. Quien desee un amor profundo debe preparar el terreno, cuidar las raíces y tener la paciencia suficiente para recoger lo que ha sembrado.

Audrey hizo una mueca.

—¿La parte de la miel también estaba ahí?

—Sí.

—Menos mal que no leíste esa parte.

Jane soltó una carcajada.

—Es un poco anticuado.

—Mucho.

—Pero funciona.

Audrey volvió a mirar la columna.

No era el tipo de consejo que esperaba encontrar en un periódico.

Había algo extrañamente íntimo en esas palabras. No parecían escritas para impresionar a nadie. Parecían dirigidas a una sola persona, aunque todo el pueblo las leyera.

—¿Quién escribe esto? —preguntó de nuevo.

Jane negó con la cabeza.

—Ese es el misterio.

Audrey dejó el periódico sobre la mesa.

Era periodista. Los misterios formaban parte de su trabajo.

Pero ese no era su trabajo todavía.

Y, por el momento, no tenía intención de convertirlo en uno.

—Mañana desayunaremos en el café —dijo Jane—. Allí conocerás a Howie.

—Perfecto. Y compraré bollería para llevar a la redacción.

—¿Por qué?

—Para causar buena impresión.

Jane la miró, divertida.

—No necesitas sobornar a tus compañeros para caerles bien.

—No es un soborno. Es una estrategia.

—Por supuesto.

Audrey sonrió.

Quizá Haven Bay no era tan tranquilo como parecía.

Y quizá esta semana iba a ser bastante menos sencilla de lo que había calculado.