El corazón del Beacon (Colección: Corazón y memoria nº 2) Capítulo 3
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Capítulo 3

El almuerzo de Audrey Harper

Audrey regresó a la redacción con una bolsa de papel en la mano.

Había salido a buscar algo de comer antes de instalarse, y cuando atravesó la puerta, se encontró con el mismo ruido organizado que había dejado atrás: teléfonos que sonaban, el repiqueteo de las teclas, conversaciones entrecortadas y periodistas que parecían capaces de trabajar mientras el mundo se desmoronaba a su alrededor.

Buscó a Clifton.

Encontró a Morgan.

Estaba inclinado sobre una pila de papeles, completamente absorto en lo que tenía delante.

Audrey se acercó.

—Disculpe. Busco a Clifton y Morgan Cooper. Me dijeron que estarían por aquí.

Morgan levantó la vista.

Se le fueron los ojos a la bolsa.

—¿Ese es mi almuerzo?

Audrey bajó la mirada hacia la mano que él había extendido.

—No.

Morgan ya había agarrado el asa.

—Parece el mío.

—Es el mío.

Él tiró suavemente de la bolsa.

Audrey no la soltó.

Morgan miró la etiqueta.

—Audrey Harper.

Alzó los ojos hacia los de ella.

—¿Quién demonios es Audrey Harper?

Audrey sonrió.

—Esa sería yo.

Morgan soltó la bolsa.

—Ah.

Clifton apareció justo a tiempo para encontrar a su hijo y a su visitante enzarzados en un tira y afloja por una bolsa de almuerzo.

—Audrey. Soy Clifton Cooper.

Ella le estrechó la mano.

—Es un placer conocerlo.

Clifton se volvió hacia su hijo.

—Morgan, esta es la reportera del Tribune de la que te hablé.

Morgan la miró de nuevo.

—¿La periodista?

—La periodista —confirmó Clifton.

—Dennis Mitchell me envió para escribir el artículo sobre el periódico y sobre ustedes.

Morgan pareció recordar de pronto algo que había olvidado.

—Cierto.

Audrey recuperó su bolsa.

—Sé que he llegado un poco pronto, pero quería empezar lo antes posible. Me gustaría saber dónde voy a sentarme, cómo acceder al ordenador, ese tipo de cosas.

—Por supuesto.

—Dennis dijo que eres muy echada para adelante.

Morgan la estudió un momento.

—¿Dijo eso?

—Algo así.

—Qué amable de su parte.

Audrey le tendió la mano.

—Encantada de conocerlo.

Morgan se la estrechó.

—Igualmente.

No parecía especialmente complacido.

Audrey no estaba segura de que eso fuera un problema.

Clifton intervino antes de que su hijo pudiera añadir algo.

—Ven. Te enseñaré dónde vas a trabajar.

Clifton la guió por la redacción, presentándola a los reporteros a medida que avanzaban.

Josh apenas tuvo tiempo de ponerse de pie y estrecharle la mano antes de volver a su pantalla.

—Noticias nacionales —explicó Clifton.

—Encantada de conocerte.

—Igualmente.

Josh ya estaba trabajando de nuevo.

Audrey sonrió.

Le gustaba el lugar.

No había formalidades innecesarias.

Clifton abrió una pequeña puerta al fondo de la redacción.

—Este es el tuyo.

Audrey miró dentro.

Un escritorio, una silla, un ordenador y paredes revestidas de madera oscura.

—Vaya.

Clifton sonrió.

—¿Qué?

—Un cubículo.

—Nunca me ha gustado mucho el concepto de oficina abierta.

Audrey dejó su bolsa sobre el escritorio.

—A mí tampoco.

—Como escritora, prefiero un poco de paz y tranquilidad.

Clifton apoyó una mano en el marco de la puerta.

—Además, he leído tus artículos.

Audrey se volvió.

—¿Sí?

—Tienes talento.

El cumplido la pilló desprevenida.

—Gracias.

No dijo nada durante un momento.

Luego bajó la mirada.

—A veces dudo de mí misma. Incluso de mi decisión de dedicarme a esta profesión.

Clifton asintió como si conociera muy bien esa confesión.

—Nos pasa a todos.

—¿Incluso a usted?

—Especialmente a mí.

Audrey sonrió.

—Me cuesta creerlo.

—Entonces todavía te queda mucho por aprender.

Clifton miró su reloj.

—Deberías instalarte. ¿Dónde te alojas?

—Con una vieja amiga. Jane.

—¿Jane? ¿La sobrina de la tía Fanny?

Audrey parpadeó.

—Creo que sí.

Clifton se rio.

—En Haven Bay no necesitas saber quién está emparentado con quién. Basta con mencionar un nombre y alguien te dará el árbol genealógico completo.

—Empiezo a entenderlo.

Clifton se dirigió hacia la puerta.

—Ven a buscarme cuando necesites cualquier cosa. Y me alegra que hayas plantado cara por tu almuerzo.

Audrey levantó la bolsa.

—Era importante.

—Mi hijo necesita que alguien lo mantenga a raya.

—Me alegra poder ayudar.

Clifton sonrió.

—Yo también.

Se alejó por la redacción.

Audrey permaneció en el umbral de su pequeña oficina durante unos segundos.

Desde allí podía ver a Morgan trabajando al otro lado de la sala.

Él levantó la vista.

Sus miradas se encontraron.

Audrey levantó ligeramente la bolsa de papel.

Morgan negó con la cabeza.

Ella sonrió.

Luego entró en su oficina y cerró la puerta.

Su primera tarde en el Beacon acababa de comenzar.