Capítulo 3 #2
En ese momento, un torbellino de energía entró corriendo en el comedor. Lady Isabella Ashworth se detuvo con brusquedad al ver a Catriona, sus ojos azules brillaron de curiosidad y emoción.
—¡Usted debe ser lady Catriona! —exclamó, haciendo una reverencia que era técnicamente correcta pero muy apresurada—. ¿Ha visto fantasmas en su castillo? ¿Conoce historias de clanes que lucharon con espadas?
—Isabella. —La voz del duque llevaba un tono de advertencia suave—. Recuerda tus modales, por favor.
Isabella se irguió, adoptando una postura más formal, pero sus ojos seguían brillando de curiosidad.
—Perdón, padre. Buenos días, lady Catriona. Es un honor tenerla en nuestra casa.
Catriona no pudo evitar sonreír ante el entusiasmo apenas contenido de la niña.
—Buenos días, lady Isabella. Y sí, he oído algunas historias de fantasmas, aunque no estoy segura de si creer en ellas.
Isabella se iluminó como si hubieran encendido una vela en su interior.
—¿Me las contará? ¿Y conoce historias de batallas también?
—Si sus padres lo permiten, estaré encantada de compartir algunas historias con usted.
Catherine sonrió mientras servía té de una tetera de plata.
—Creo que Isabella va a disfrutar mucho de tu compañía, querida. Siempre ha sido muy curiosa sobre el mundo más allá de Londres.
Se sentaron a desayunar y Catriona se encontró relajándose en la conversación. El duque le preguntó sobre el viaje desde Escocia, la duquesa quiso saber sobre sus impresiones de Londres, e Isabella la bombardeó con preguntas sobre la vida en un castillo escocés.
Estaban a mitad del desayuno, cuando se oyeron pasos en el pasillo. Catriona sintió que toda la familia se enderezaba y supo, incluso antes de que apareciera en el umbral, que lord Edward Ashworth había llegado para conocerla.
—Buenos días —dijo una voz masculina profunda desde la entrada.
Catriona levantó la vista y se encontró con los ojos azul grisáceo más penetrantes que había visto jamás.
Edward Ashworth era alto, muy alto, con el cabello castaño oscuro y facciones que parecían talladas en mármol.
Vestía un traje impecable, que realzaba sus hombros anchos, y se movía con la confianza natural de alguien acostumbrado a ser el hombre más importante de cualquier habitación.
Por un momento, ninguno de los dos dijo nada. Edward la observaba con una expresión que no supo interpretar y ella se sentía expuesta bajo esa mirada evaluadora.
—Edward, querido. —Catherine rompió el silencio—. Ven a conocer a nuestra invitada. Lady Catriona Stewart, te presento a mi hijo, Edward Ashworth, marqués de Ashford.
Edward se acercó a la mesa y le hizo una reverencia formal.
—Lady Catriona. Es un honor conocerla.
Catriona se puso de pie e hizo una reverencia en respuesta, dando gracias mentalmente a su tío por insistir en que practicara los protocolos apropiados antes de viajar a Londres.
—Lord Edward. El honor es mío.
Cuando sus ojos se encontraron de nuevo, Catriona sintió algo extraño en el estómago, como si hubiera bebido oporto demasiado rápido. Edward llenaba con su presencia la habitación, pero había algo en su expresión que la puso en guardia.
—Espero que encuentre Londres de su agrado —dijo él, tomando asiento frente a ella.
—Hasta ahora, sí. Su familia es muy considerada.
—Me alegra saberlo.
El intercambio era perfectamente cortés, perfectamente apropiado y frío. Catriona se dio cuenta de inmediato de que a Edward Ashworth no le entusiasmaba su presencia allí, por mucho que se empeñase en mostrarse demasiado educado como para demostrarlo abiertamente.
Isabella, ajena a la tensión, decidió llenar el silencio.
—Edward, lady Catriona conoce historias de fantasmas y batallas. ¿No es emocionante?
Edward le dirigió una sonrisa a su hermana, que transformó su rostro.
—Muy emocionante, Bella. Estoy seguro de que lady Catriona tiene muchas historias interesantes que contar.
Había algo en su tono que sugería que no estaba particularmente interesado en escuchar esas historias, pero Isabella no lo captó.
—Madre va a llevarla de compras hoy para conseguirle vestidos para la temporada. ¿Vas a venir con nosotras?
—Me temo que tengo compromisos que atender —respondió Edward, sin mirar a Catriona—. Pero estoy seguro de que os divertiréis mucho.
El desayuno continuó con conversación educada pero algo tensa.
Catriona se encontró observando a Edward con disimulo, tratando de entender qué había detrás de esa fachada de cortesía perfecta.
Era evidente que era inteligente, educado y devoto de su familia, especialmente de Isabella.
Pero había una distancia en su manera de relacionarse con ella que la hacía sentirse como una intrusa en un hogar que, de otra manera, le había parecido cálido y acogedor.
Cuando Edward se levantó para marcharse, se despidió de ella con la misma formalidad con la que la había saludado.
—Espero que disfrute de su día de compras, lady Catriona.
—Gracias, lord Edward.
Cuando Edward se hubo marchado, el duque consultó su reloj de bolsillo.
—Me temo que yo también debo retirarme. Tengo una reunión en la Cámara de los Lores esta mañana. —Se levantó y se acercó a Catriona—. Espero que disfrutes de tu primer día de compras londinense. Catherine tiene un gusto exquisito.
—Estoy segura de que así será.
William sonrió y se despidió de su esposa y de su hija con un beso en la mejilla antes de marcharse, dejando a las tres mujeres en el comedor.
Catherine suspiró una vez que se quedaron solas.
—Espero que no encuentres a Edward demasiado reservado. Ha tenido mucha presión últimamente con sus responsabilidades y a veces eso lo hace parecer más serio de lo que es.
Catriona asintió con diplomacia. Era evidente que Edward no parecía encantado con su presencia, pero no iba a decirlo.
—No se preocupe, lady Catherine.
Isabella terminó de beber su té y se levantó de la mesa.
—¿Puedo ir con vosotras de compras? Por favor, madre. Prometo comportarme.
Catherine sonrió con indulgencia.
—Por supuesto, querida. Será divertido que nos acompañes. Pero primero tienes que terminar tus lecciones con la señorita Preston.
—¿No pueden esperar hasta esta tarde?
—Las lecciones son importantes, Isabella. Lady Catriona y yo iremos primero a las tiendas principales y, cuando terminemos, pasaremos a recogerte y podrás acompañarnos a Gunter’s.
Isabella se iluminó ante la mención del famoso establecimiento.
—¡Perfecto!
Salió corriendo del comedor con la energía característica de los niños.
Catherine se volvió hacia Catriona con una sonrisa cálida.
—Bueno, querida. ¿Estás lista para tu primera aventura londinense? Bond Street nos espera. Y tenemos mucho que hacer.