El Colegio del Fin del Mundo 17.  El Secreto de la Profesora Ruthdaela Loor #2
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17.  El Secreto de la Profesora Ruthdaela Loor #2

—Solo observemos y esperemos que si está siendo afectado por agentes externos estos se contenten con afectarlo solo a él.

Pero no sólo hablaba de ese muchacho, recuerde el caso de Damián Heras.

Tuvo un ataque sin ser epiléptico lo cual a las claras indica que algo externo provocó ese ataque, pero ¿qué o quién? Eso deberíamos saberlo.

Ruthdaela, o Frau Kauffmann, se encogió de hombros. Ella era sólo una espía y no una detective. Sin duda su jefe había puesto ya a sus propios investigadores a trabajar en el caso sin hallar mayor cosa.

—Pregúnteme de lo que sí sé. Tengo ya claro lo que pasó en el caso de las tres chicas que fueron atacadas luego de usar el tablero Ouija.

—¿Qué ha averiguado ?

—Fueron íncubos, no fantasmas como pensamos al principio.

—¿Íncubos en el Ecuador? ¿Qué pudo haber atraído a esos demonios a este país y a esta ciudad? Además, su modus operandi suele ser diferente. ¿Dónde están ahora?

—No están dentro de las chicas, pero más allá de eso aún desconocemos su paradero. Ellos son difíciles de detectar hasta que hay víctimas.

—Manténgase atenta. Son peligrosos. ¿Qué hay del heredero del arqueólogo?

—Aún piensa mucho antes de actuar, pero es posible que pronto haga su movimiento. Si usa los sellos que le quedan…

—No debería ser mayor problema, pero una vez que acceda a los secretos de la casa y del jardín de las estatuas, tendrá conocimientos insospechados. ¿Alguien más?

—Sí, un niño de nombre Julián Valverde. Es capaz de controlar la forma de su cuerpo.

—¿Tal como usted lo hace?

—Tal como yo lo hacía a esa edad con la diferencia de que este chico no se ha dado cuenta de la facultad que tiene. Yo en cambio ya lo sabía.

—Bueno entonces, tanto mejor si es ignorante de su poder. Una preocupación menos.

—Sin embargo, con la guía apropiada podría ser un agente tan efectivo como lo he sido yo.

—Es una idea interesante. Vea que puede hacer al respecto y téngame informado .

—Bien. Hay nueva información sobre la niña afroamericana.

—¿Por qué insiste tanto en ella? A más de su aparente capacidad de influenciar las emociones de los demás y sus nacientes ambiciones política, a lo mucho llegará a ser la primera presidenta de color del Ecuador.

—Tengo información que revela que la chica es adoptada. Aparentemente las condiciones en que se dio la adopción no fueron legales y ahora su padre biológico está buscándola.

—Es algo inesperado, pero aun así no veo nada malo ahí.

—Su padre es ciudadano de los Estados Unidos.

La Condamine permaneció en silencio por unos instantes.

—Eso cambia todo. Algún día ella puede tener las riendas del país más poderoso del mundo.

Sin embargo, no creo que sea ella la que estamos buscando.

El orden de este mundo está a punto de cambiar, frau Kaufmann, y todo por un estudiante de Nuestra Señora .

Ese colegio está ubicado en una zona especial diseñada para “atraer” a personas con poderes o aquellas que puedan estar afectadas por fuentes sobrenaturales.

Y la razón por la que tenemos este conocimiento es gracias a las visiones concedidas por el Gran Profeta.

Ellas claramente indican a este territorio como el lugar donde se dará el evento que cambiará el orden de las cosas en este mundo.

La idea era tener a la persona que causase ese evento en un lugar donde pudiéramos estudiarla, e incluso influenciarla, y eso será posible si primero identificamos quién es él o ella.

—¿Qué tal si este estudiante ya se graduó?

—Recuerde que usted no es mi único agente, frau Kauffmann. Los graduados con alguna habilidad o portadores de algún instrumento de poder son vigilados constantemente por otros miembros de nuestra organización.

—¿Y si fuera alguien sin poder alguno?

—No tengo tantos agentes y el hecho de que alguien común y corriente sea la persona que buscamos es por supuesto una posibilidad.

Eso no es todo, ya que el tiempo y el lugar exactos son otra cuestión muy importante: sabemos que el evento ocurrirá en la parte costera de este país en la primera mitad del tercer milenio, pero nada más.

Todo podría estar pasando en estos momentos y nosotros no saberlo. Eso no nos conviene.

—No sería culpa nuestra el no haberlo impedido.

—Frau Kauffmann —dijo La Condamine con un tono fuerte—, no pierda la perspectiva: no obramos para impedirlo.

Nuestra directiva es asegurarnos que cualquiera sea el orden imperante en este mundo nosotros tengamos un papel primordial en el mismo tal y como ha sido hasta ahora.

Para ello siempre debemos ir delante de la historia, tener información de primera mano y de ser posible ser protagonistas de lo que pasa.

—Entendido, mil perdones, Monsieur —dijo su interlocutora .

—No se preocupe. Simplemente siga haciendo el buen trabajo que ha hecho siempre. Ah, por cierto, ya hice la transferencia del dinero de su sueldo a su cuenta.

—Le agradezco, Monsieur.

—Bueno, por hoy es suficiente. El señor Van Holden tiene una cita muy importante en treinta minutos y necesita alistarse. No olvide cambiarse antes de salir, frau.

—Gracias, casi lo olvido —dijo la mujer cuyo cuerpo empezó a alargarse para volverse más alto, su piel se ensanchó y aclaró y su cabello de oscuro se volvió rubio en cuestión de instantes—. Nos veremos pronto, Monsieur.

Frau Kauffmann al salir dejó tras de sí un aroma que no se percibía mientras era Ruthdaela, maravillando aún más a su jefe con los alcances de su poder.

Aquel, que aún no había devuelto su cuerpo a Van Holden, se levantó y desde la ventana de su oficina miró al parqueadero y a su agente yéndose.

A la vez, sus pensamientos estaban lejos, en Europa donde estaba su cuerpo muerto, preservado artificialmente hasta el día en que la ciencia del hombre fuese capaz de resucitarlo y rejuvenecerlo.

Aquel fue el cuerpo con el que conoció al sacerdote Roland Pierrefond cuando lo convenció de construir al Nuestra Señora en el lugar que él mismo había preparado.

También había logrado que el sacerdote se hiciera cargo de la Copa del Gran Profeta.

Así debía ser. El padre podía ser un mojigato, pero sin duda mantendría su palabra de conservar aquella reliquia convirtiéndose así en su colaborador involuntario.

La Condamine pensaba que a ese padre en otra época ya lo habrían considerado un santo, en cambio hoy ese santo de alguna manera servía a sus propósitos y no a los de Dios.

Ahora sólo quedaba esperar a que el evento sucediera y encontrar el modo de dominar ese suceso para sus fines.

La Condamine tenía muchas cartas a su favor.

Hasta tanto se contentaría con usar su propia y única habilidad, aquella que le había permitido sobrevivir a la muerte, escondido en la mente de otros, generalmente individuos de gran poder político y económico, manifestándose solo para manejar los hilos de un gran imperio secreto que un día vería la luz cuando el momento fuera el correcto.

Al ver a su mejor agente, irse; La Condamine se preguntó si acaso algún día la fidelidad de frau Kauffmann se terminaría. Entonces acaso él para no perder lo que ella había logrado tendría que meterse en la cabeza de su agente y reemplazarla.

No le gustaba la idea, pero lo haría, de ser necesario.