El Colegio del Fin del Mundo 14. Las Voces en la Cabeza de Judith
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14. Las Voces en la Cabeza de Judith

Judith Mero hizo una mueca de cansancio antes de responder a la inspectora.

—No es un cadáver cualquiera, es una momia egipcia —dijo Judith a manera de aclaración.

“Te dije que el famoso tatuaje no era buena idea”, dijo una voz en la cabeza de la niña.

—En cualquier caso, señorita, usted sabe que en este colegio tenemos un uniforme y hay que respetar esa norma del colegio.

—Por supuesto que lo sé, pero el caso es que el uniforme es algo que me pongo para vestir, pero no en mis uñas o la piel de mis brazos y no creo estar irrespetándolo porque me pinto las uñas de negro.

“Bien dicho”, dijo la voz que antes había hablado dentro de la cabeza de Judith.

—Si fuera solo eso, pero mírese ese peinado suyo. Si apenas si le puedo ver el ojo izquierdo porque la mitad de su cabello lo tiene para ese lado. Si hiciera lo mismo con el otro ojo ya no vería nada. Pobrecita de usted entonces. Ese peinado es prueba.

—Pero miss, este estilo ya lo tenía desde antes de que viniese esa moda al Ecuador que de paso ya ni siquiera es una moda. Me peino así porque me gusta y nada más.

“Me consta, aunque yo te dije que no te iba a traer muchas ventajas que digamos”

—Ah, ya ve pues, me da la razón.

—Pero no miss, si yo de verdad fuera emo lo admitiría.

—¿Ah sí? Pues entonces hijita…dirá qué mismo es.

—¡Yo soy yo misma!

“Pues claro ni modo que seas Beyoncé. Aunque tal vez podrías pasar por Shakira, pero por lo bajita.”

—¡A ver, a ver! ¿Qué es eso, pues? Se cree que está en su casa. Aquí no le viene a alzar la voz nadie, y menos a mí.

—Discúlpeme, yo no quise alzarle la voz. Pero es que…

—Mire, señorita Mero. Yo mal le puedo decir que use el pelo como le parezca, o que no pertenezca a una de esas “tribus urbanas”.

Yo no la puedo sancionar porque la ley de educación no me deja hacer esas cosas, pero como inspectora general del colegio si tengo que advertirle que tiene que seguir una línea de conducta y usted no la está siguiendo, fíjese.

Así que esto es una advertencia nomás. Pero de aquí derechito se me va al departamento de orientación a hablar con la miss Adelina.

Judith pues salió del departamento de inspección general con un llamado de atención que era lo mínimo que podía esperar. Después de todo, la miss Eulalia Rosales no llamaba a los alumnos para decirles de lo bien que se estaban portando.

—La saqué barata —se dijo Judith mientras se dirigía al departamento de orientación, realmente llamado de bienestar estudiantil, donde la orientadora del colegio le habló de los peligros de ser una chica emo .

—Miss —dijo Judith cansada de escuchar de la orientadora básicamente lo mismo que había escuchado de la inspectora general—, esta perorata ya la recibí en el departamento de inspección general.

—¿Qué? ¿Dijo perorata? —entonces el rostro, hasta ese momento grácil de la orientadora cambió para mostrar un claro disgusto.

—Sí, este, no…lo que quise decir es que ya eso ya lo sé porque la miss Rosales ya me habló de eso. Nunca quise faltarle el respeto ni nada.

—Está bien, Judith, no te preocupes, pero quiero que recuerdes que en este colegio nos preocupamos bastante del bienestar de cada uno de nuestros alumnos y si notamos que uno está, de alguna manera, perjudicándose a sí mismo entonces buscamos guiarle para que se dé cuenta de que puede estar haciendo algo incorrecto .

“Oh, sí. Está más interesada en revisar su página de Facebook que en ti.”

Aquel comentario de la voz en su cabeza hizo a Judith sonreír ampliamente.

—Otra cosa, Judith… compañeros tuyos siguen diciéndome que te encuentran hablando solita por los pasillos. ¿Te sigues sintiendo solitaria?

“¡Chuta! ¿Nos habrán descubierto?”

—Miss, yo soy una persona solitaria y las personas solitarias tenemos la tendencia a hablar a solas —replicó Judith sin perder la compostura y usando información que había leído en algún sitio—. Usted como sicóloga sabe que eso no tiene nada de raro.

“¡Oh, en realidad eres pilas!”

—Por supuesto que lo sé…—dijo miss Adelina, que no se había esperado esa respuesta—, pero también sé que eres demasiado joven para estar desconectada del resto del mundo de esa manera, deberías tener más amigas, un enamorado, ir a fiestas.

—Tengo buenas notas y realmente no doy problemas. A ustedes debería bastarles con eso, pues el resto es mi vida privada y eso sólo me concierne a mí.

“¡Para que aprenda! ”

—No creo que hayas entendido, pero está bien.

Por ahora será eso nada más. Tengo otras cosas que hacer.

Solo te pido que busques lucir menos emo ya que no eres uno de ellos, y si vas a pensar en voz alta, que es verdad, no es nada del otro mundo, hazlo al menos cuando en realidad estés sola.

Los demás chicos no saben de estas cosas y se impresionan fácilmente ¿Estamos? Puedes irte ahora.

Judith salió sin decir nada y en lugar de dirigirse hacia su salón de clase fue hasta uno de los varios jardines del colegio, se sentó en uno de los columpios y comenzó a mecerse ella misma.

—¡Esta gente! ¡No tienen la menor idea de lo que es ser yo! —dijo en voz alta.

“Siento que esto sea tan difícil para ti”, dijo la voz en su cabeza.

—Tú no eres el problema. Contigo me siento bien. Desde que estás conmigo jamás me he sentido sola y ya no me asustan los otros ni lo que me dicen.

“Yo soy tu propio y único ángel guardián. Siempre he estado contigo y siempre estaré.”

—Ya me has dicho eso antes, pero cuando salgo de Nuestra Señora dejas de hablarme.

“Nada, nada. Yo aún estoy contigo. Es sólo que el ruido del mundo del hombre es tan grande en otros planos que no te deja escucharme. Entiéndelo: yo me quedo contigo siempre, si hasta te he visto crecer.”

—No me digas que de verdad has estado conmigo desde esa época, desde que era pequeña.

“Así es. Me sentí gozoso el día que te vi, pues sabía que serías alguien especial y no me he equivocado.”

—Entonces… ¿tú me quieres?

“Tanto como un ángel guardián puede querer a su protegido, eh...protegida. ”

“Pero si tú estás para defenderme porque no eliminas a los otros… a esas otras voces que comienzan a hablar cuando salgo de este colegio.”

Aquellas eran voces que solo existían dentro de Judith cuando estaba fuera de Nuestra Señora.

Eran diferentes a la que se identificaba como su ángel guardián y que la habían atormentado desde que tenía uso de razón.

A veces, pretendían ser voces amigas y le aconsejaban cosas que ella sabía que estaban mal.

Cuando era más pequeña había pasado por ser una niña agresiva porque las voces le indicaban que golpeara a los demás niños y ella lo hacía mostrando que era obediente.

En otras ocasiones, su madre la encontraba jugando sola hablando con los que pensaba que eran “amigos imaginarios” de Judith creados porque era hija única; sin embargo, aquellos “amigos” le habían aconsejado una vez a la niña que se ponga en el filo de una ventana “porque así ella volaría”, pero nada pasó porque su madre llegó a tiempo antes de que se lanzara.

Sus padres habían optado por no invitar amigos a su casa porque la pequeña Judith solía sorprender a tales invitados mostrando que sabía cosas acerca de ellos que de ninguna manera podía saber.

No era ella sino las voces quienes tenían esos conocimientos y quienes la convencían de que los repitiera.

Preocupados, sus padres la habían llevado a varios doctores y en general el diagnóstico había sido “esquizofrenia infantil”, la cual desaparecería, según ellos, con su entrada a la pubertad, luego de un tratamiento largo y costoso.

Judith entendió que de alguna manera toda esta situación estaba afectando a sus padres y puesto que ellos eran todo para ella, decidió hacer algo al respecto.

De ahí en adelante no les puso atención.

Eso, sin embargo, no las calló, ni el tratamiento médico, ni la pubertad, pues siguieron con ella, sólo que ahora Judith las ignoraba cuando decidían hablar.

Aprendió a convivir con ellas y desarrolló la habilidad de escucharlas como si fueran parte del ruido ambiental.

Algo pasó después de que sus padres la inscribieran en Nuestra Señora: el primer día de clases al entrar al local del colegio, las voces se callaron por primera vez.

Judith sintió un alivio que nunca había sentido, pero asimismo se sintió algo confundida: había vivido tanto tiempo con gente hablándole en su cabeza que ahora debía acostumbrarse a lo contrario.

De todas maneras, no le fue difícil, pues ese mismo día otra voz se presentó en su cabeza, aunque esta sonaba muy diferente a las otras.

Era tan hermosa y amable que llegó a desear que estuviese con ella siempre.

Para su desconsuelo la voz se perdía cuando Judith salía del colegio.

Entonces, volvía la odiosa cacofonía que formaban las otras voces al hablar todas juntas.

“Esas voces estarán contigo hasta que aprendas no solo a ignorarlas sino a eliminarlas.”

—Ojalá ese día no esté tan lejos.

“Esto te diré: el amor verdadero te ayudará con eso.”

—¿Cómo es el amor que sientes por mí ?

“Soy tu ángel guardián y te defenderé siempre que tu vida esté en peligro real. Si resbalas, te sostendré. Si algo cae sobre ti, me pondré en medio. Si un demonio te atacase, pelearé por ti. Lo haré porque para eso existo. Esperé mucho tiempo para conocerte. Tu vida le da significado a mi existencia.”

—¿Es como un enamoramiento?

“No es ese tipo de amor. Solo un ser humano puede ser compañero de otro. Tiempo vendrá en que llegará alguien para ti y con el poder de ese sentimiento podrás destruir a esas voces que tanto te importunan.”

—¿Es eso una profecía?

“Oh, eh, no. Es el camino natural de las cosas. Un humano conoce a otro que puede ser su pareja, se enamoran y ya. De hecho, sé que te interesa un muchacho en tu clase…Julián Valverde.”

—¿Cómo sabes eso?

“Soy tu ángel, y puedo ver en tu corazón.”

Ok, eso es nuevo.

“Pues es lógico, soy tu ángel. Sospecho que él podría estar interesado en ti.”

—¿De verdad? ¿Cómo puedes saberlo?

“Antes de ti, hace cien años, estuve asignado a un muchacho que murió joven, aunque antes de eso se enamoró muchas veces, con énfasis en la palabra muchas . Así que yo sé.”

—¿Qué debo hacer? Julián no tiene enamorada todavía y además hay otra chica que podría interesarle .

“¿Quién? ¿La niña que viajó?”

—Sí, Mariela. No es que fuéramos las mejores amigas, pero si hablábamos y ella me decía que ambos se gustaban. De todas maneras, no pasaron de ser amigos porque él nunca se le declaró.

“Bueno, sí. Tal vez Julián estaba interesado en Mariela, pero ella ya no está, no volverá, y sí, Julián me parece un chico tímido, pero creo que le interesas. Tal vez si le envías alguna señal él entonces se sentirá lo suficientemente seguro como para tratar algún acercamiento.”

—¿Una señal? ¿Qué señal?

“Una sonrisa breve en algún momento bastará. Hazlo una vez nada más. Si le sonríes todo el tiempo pensará que haces lo mismo con todo el mundo y tal vez pierda interés.”

En eso sonó el timbre indicando que era ya la hora de salida.

Judith regresó presurosa a su curso, confundiéndose con los alumnos que salían.

Tomó sus cosas y al salir vio pasar a Julián a quien le dedicó su mejor sonrisa, a lo que el otro contestó de igual manera.

Era la primera vez que Judith hacía algo así y sintió su corazón latir de prisa al tiempo que una extraña y cálida sensación invadía su espíritu.

“Ah, qué hermoso es el amor” dijo el ángel. “Mañana él tratará un acercamiento. Estoy seguro de ello.”

Judith, rodeada por alumnos que salían presurosos, no dijo nada, caminaba pensando que tal vez peinarse diferente el día siguiente la haría ver mejor .

“Julián debería aceptarte tal cual eres. Por supuesto no está de más que hagas un cambio de estilo. Quienes sí estarán contentas serán miss Eulalia y miss Marietta.”

Ya iba a salir y pensó en la injusticia de que su ángel no tuviera un nombre.

“Nunca a nadie se le ha ocurrido darme uno. Todos me han llamado ángel de la guarda, aunque ahora que lo pienso yo nunca he llamado a nadie humano protegido.”

Judith rio por un momento ante el comentario. Después, se colocó detrás de un árbol donde nadie la vería.

—Si pudiéramos hablar en mi mente esto sería más cómodo —dijo brevemente.

“No pidas eso. Tus pensamientos deben ser solo tuyos. Ya es suficiente con que tengas tantas voces invasoras en tu cabeza.”

—Tienes razón. Bueno me he dado cuenta de que la mayoría de los ángeles tienen nombres que terminan en EL, por ejemplo, Gabriel, Miguel o Rafael. Yo te conocí un lunes así que he pensado en llamarte Luel.

“Muchas gracias. Es bueno tener un nombre dado por mi protegida. No sé de muchos ángeles que puedan decir lo mismo.”

—Bien. Hablamos mañana.

Entonces se alejó del árbol porque divisó a su papá esperándola fuera del colegio mientras los demás alumnos ya entraban a los vehículos que los llevarían de vuelta a sus hogares. Al salir, las “otras voces” aparecieron y la de Luel ya no estaba ahí .

Judith cerró sus ojos recordando las palabras del ángel, aquellas que le aseguraban que siempre estaría con ella.

Saludó con su papá y de regreso conversaron un rato para luego quedar en silencio.

Cansada, cerró sus ojos y pensó en la miss Eulalia y en la miss Adelina y en la aversión de ambas por todo lo emo .

“Vieja tarada, esa tonta de la Chucky . ¿Qué se ha creído? De haber estado ahí le hubiera escupido en la cara. ¿Qué habrías hecho entonces tú, pendeja, para salir de esa?”

“Y la otra tonta. ¡Odio a todos los cuatro-ojos! Si pudiera, a todos les sacaría la piel y así despellejados los freiría en aceite hirviendo. Además… ¿Qué tiene de malo decir perorata ? Es una imbécil. Y tú también lo eres… ¡Ja, ja, ja!”

“¿Por qué te dejaste? ¡Estúpida! La próxima vez coge una pluma y dale donde más le duela. ¿Para eso no eres buena? Más bien, ¿sabes qué? ¡Mejor coge tú una pluma y húndetela bien ahí adentro, donde ya sabes! ¡Así terminas con tu idiota existencia!”

“¡Eres una tonta! Ya, acepta que eres emo y que nadie te quiere por rara. ¡Nadie te querrá nunca, jamás! ¡Y así te morirás algún día, sola y abandonada! ¡Tonta rara!”

“¿Sola? ¡No le den esperanzas! Jamás estarás sola porque nosotros no te vamos a dejar ni siquiera cuando te estés muriendo. Ahí estaremos para hablarte y ni entonces ahí te librarás de nosotros porque te estaremos esperando en el infierno para regodearnos con tu espíritu por toda la eternidad. ”

Una lágrima bañó el rostro de Judith. Ella había aprendido a ignorar a las voces en su cabeza y generalmente podía hacerlo, pero a veces las voces eran bastante agresivas y decían cosas horribles.

Ignorarlas se volvía difícil, un verdadero tormento.

[1] Versión corta de la palabra emotional .