El Colegio del Fin del Mundo 11. Un Juego muy Malo
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11. Un Juego muy Malo

K imberly, Barú y Raissa son chicas plásticas.

Aquellas que en cada colegio se las ve siempre juntas, preocupadas por su aspecto y buscando estar de novias con los chicos más guapos.

Su mayor deleite era conversar de trivialidades como los artistas del momento, los viajes que habían hecho y la próxima fiesta a la que pensaban asistir.

Sus más preciadas posesiones eran sus teléfonos celulares y su momento más odiado del día era cuando debían levantarse para ir al colegio.

No eran chicas malas, más bien, superficiales.

A diferencia de sus compañeros, que tuvieron que pasar una serie de pruebas para ser admitidos en Nuestra Señora .

En un colegio tan exigente , su presencia habría sido un misterio para todos de no ser porque el padre Roland alguna vez había revelado que había admitido a Kimberly porque sus padres habían donado el dinero con el que se construyeron los edificios del colegio.

Los padres de Barú habían dado los fondos para el programa de becas que favorecía a los alumnos para que estos pudieran estudiar en Nuestra Señora.

Los padres de Raissa no donaron nada, aunque tuvieron el dinero para ello.

A ella la habían admitido por ser prima hermana de Kimberly .

Eran las mejores amigas, completamente inseparables y juntas se hacían llamar KimBaRa .

Eran populares, no queridas y muchos en el colegio las consideraban “pesadas”.

Hacían lo que hacían porque desde un principio cada pequeño capricho en sus vidas les había sido satisfecho.

En su mundo, ellas eran las protagonistas de una bella y larga película en la cual todos los demás fungían de actores secundarios o extras.

En ocasiones, fuerzas extrañas conspiran para que ciertas cosas sucedan y sin importar el dinero o el poder que tengamos, estas cosas golpean dejando marcas que luego no desaparecen. Algo así le pasó a KimBaRa .

Un viernes, luego de salir del colegio, se reunieron en casa de Kimberly, aprovechando que los padres de ella estaban de viaje por todo el fin de semana. Habían planeado hacer varias cosas juntas, pero al final solo se la pasaron hablando y hablando.

—¡Uf, belleza, es viernes! —dijo Raissa mientras veía en la pantalla de su teléfono que ya eran las siete— Y como dicen por ahí, el cuerpo lo sabe.

—Pues sí, pero este es un viernes aburrido —dijo Barú—, sin ninguna fiesta, sin siquiera un concierto o algo.

—Oye, todo en esta vida no es una fiesta —protestó Kimberly—. Si lo ven como yo, todavía podemos armar una fiesta aquí mismo nosotras.

—¿Y cómo? —preguntaron las otras

—Bien, ya sé dónde mi papá guarda el whisky. Podríamos emborracharnos …

—No me gusta la idea. Jamás me he emborrachado antes y si lo hago ahora capaz que ustedes me hacen alguna pasada —a lo que las otras rieron con picardía.

—Tranquila, yo soy tu prima —dijo Kimberly—, y Barú, tu mejor amiga.

—Lo que yo tengo es hambre. ¿Podríamos ordenar una pizza? —preguntó Barú.

—Mejor dos —dijo Raissa sintiendo apetito.

—Ok, pero antes divirtámonos un poco —propuso Kimberly.

—¿Ah sí? Podemos ver alguna película, o jugar tenis virtual. ¿Qué más hay?

—¿Alguna vez han jugado a la Ouija? —dijo Kimberly a modo de sugerencia— Nunca lo han hecho, ¿verdad?

—¿A qué viene eso?

Raissa preguntó con un estremecimiento que le extrañó y desestimó sin prestarle mucha atención. No sabía lo que era una Ouija, ni Barú tampoco, pero igual algo había en aquella palabra que no encajaba en el mundo perfecto de KimBaRa .

—Lo que pasa es que encontré en el cuarto de mis papás un tablero de esos. Parecía que habían estado jugando con eso antes de irse y ahí mismo lo dejaron.

—¿Mi tío Enrique y mi tía Sarita? ¿Y después se fueron? —preguntó Raissa con algo de sorpresa.

—Ajá. Y eso que siempre andan diciendo que están cansados cuando llegan de la compañía. Bueno, el caso es que me ha entrado curiosidad por usar el Ouija, pero jamás lo haré yo solita. Soy muy miedosa.

—¿Y para qué sirve el muilla ese? —preguntó Barú.

—Es Ouija, o-u-i-j-a, y se pronuncia uija. Sirve para contactar a seres del más allá.

—No le veo sentido. ¿Para qué querríamos hacer eso?

—Bueno, pueden responder a cualquier pregunta. La que sea.

—Alguna vez, vi un video sobre este tipo de cosas —dijo Raissa—, y ahí decían que son peligrosas. Mejor no lo hagamos.

—Por favor, Raissita —dijo Barú con tono condescendiente—, ya no somos niñas chiquitas. Yo digo que está bien porque estoy de lo más aburrida. Mira que recién son las ocho y todavía queda toda la noche por delante. Les dije a mis papás que haríamos un sleepover. ¿Y tú, Raissita?

—Pensaba llamar a los míos más tarde, pero ya le mandé un mensaje de texto a mi mamá. Yo también me quedo. Y ahora que lo pienso, me picó la curiosidad. Trae la cosa esa para ver qué hace.

—Bien, entonces —dijo Kimberly triunfante— ya traigo el tablero.

Al poco, regresó con una caja rectangular hecha de madera muy fina.

La abrió y sacó el tablero el cual luego colocó en medio de las tres.

Aquel, no más grande que la caja, tenía una apariencia más bien rústica.

Era una pieza de madera sin lijar ni pintar, donde alguien había escrito el alfabeto con caracteres de un fuerte carmesí con las letras dispuestas en tres hileras circulares.

Arriba, a la izquierda y a la derecha del alfabeto, respectivamente, estaban las palabras YES y NO y, abajo del mismo, se leía GOOD BYE.

Aparte había una pieza de color blanco que parecía imitar la silueta de un corazón alargado e invertido, el mismo que tenía un agujero circular que casi abarcaba toda la punta del supuesto corazón.

El agujero era también tan grande como cualquiera de las letras del tablero.

—A ver, lo que debemos hacer es tomar juntas la piecita esta que parece un corazón, moverla en círculos por unos momentos y luego hacer las preguntas.

—¿Todas tomamos la pieza al mismo tiempo? — preguntó Raissa con temor en la voz.

—Espera un momento —dijo Barú—. ¿No que nunca habías jugado esto? ¿Cómo es que sabes qué hacer?

—Oh, pues, leí las instrucciones en la caja —contestó su amiga con una sonrisa—, pero sigamos. Este YES de aquí significa Sí y el NO pues es No que es para cuando les hagamos preguntas a los espíritus. Estas son las letras del alfabeto y este GOOD BYE es para terminar la sesión.  ¿Está claro?

—Más claro que los ojos bobos de los de primero de básica cuando nos ven haciendo Cultura Física.

Las tres rieron ante la ocurrencia para luego poner sus manos sobre la pieza en forma de corazón. Barú resopló un poco como emocionada y entonces las tres movieron la pieza tres veces describiendo tres círculos sobre el tablero. En eso se detuvieron.

—Bien, ahora se supone que me toca a mí —dijo Kimberly—. Hola… ¿Hay algún espíritu presente?

No hubo respuesta. Kimberly preguntó dos veces más sin respuesta para alivio de Raissa que prácticamente estaba temblando.

—Creo que se te descompuso —dijo Barú.

—¡Shhh! ¿Hay algún espíritu aquí?

Silenciosamente el objeto pareció moverse hacia la palabra Yes.

—¡Uy! ¿Quién de ustedes la movió? — preguntó Raissa.

—Yo no.

—Ni yo tampoco. ¿De veras hay alguien aquí?

Y la pieza otra vez se movió hacia YES.

—¿Qué tal si le haces una pregunta para saber si esto es real? — le dice Barú.

—Ok…Yo me llamo Kimberly. ¿Cómo se llama la que está a mi derecha?

El objeto otra vez pareció moverse solo, esta vez sobre las letras y formó el nombre RAISSA.

—¡Oh, Dios! ¿Cómo sabe mi nombre?

—Tranquila, Raissa —dijo Barú—. Kimberly está moviendo el triangulito.

—¿De verdad? — dijo Kimberly con sus ojos pegados al tablero y su rostro muy pálido— Yo pensé que tú lo estabas moviendo, pues sé que no soy yo y que no es Raissa porque está muerta de miedo.

—Vamos, Kimberly. ¿Sabes qué? Dejemos esto. No me gusta.

—No, sigamos. ¿A quién ama Manolo Cassis? —preguntó Kimberly refiriéndose a su enamorado.

—Oye, tú sí que eres —le dice su prima—. A ti, pues.

Y el tablero no dudó en aclarar: LORENA.

—¡No! —dijo Kimberly, empezando a llorar— No a ella.

—¿Y quién es Lorena? —preguntó Raissa a Barú, olvidando su miedo un momento.

—¿Eres su prima y no lo sabes? Es la ex de Manolo —dijo Barú— y también la anterior mejor amiga de Kimberly. Pero esto es bobo. Terminemos con este juego ya.

Kimberly asintió mientras enjugaba sus lágrimas. Con Barú movieron la pieza hasta las palabras GOOD BYE y cerraron el tablero.

—Todavía Manolo no la olvida. Ya lo sospechaba. Está menos detallista y no me envía mensajes como antes. Cada vez que le pregunto, me lo niega, jura y perjura que estoy equivocada, y yo, tonta, le creo.

—¿Cómo puedes saber que es verdad? —le dice su prima— Esto es un juego tonto. No tienes que tomarlo en serio.

—Tonto o no, el juego tiene razón. Me oculta su teléfono cuando antes me lo daba y así podía ver su WhatsApp. ¿Qué más prueba que esa ?

—Bueno, entonces ya es tiempo de que hables con él y le digas que te diga bien lo que quiere, mejor dicho, a quién quiere, si es que va a estar contigo o con la Lorena esa.

Que yo no creo, ¿sabes? Lorena es una gordita que se cree sexi y nada más.

Créeme, Kimberly, tú eres mejor y, bueno, si no quedan en nada, ni modo.

La verdad es que Manolo se está descuidando de su físico. ¡Ya hasta se le nota la barriga!

En eso un gritito se dejó escuchar. Era Raissa.

—¿Qué pasa? —preguntaron las otras.

—¡La caja del tablero se ha abierto sola!

—No ha de haber estado bien cerrada —dijo Barú—, ya la cierro de nuevo. Esta boba de Kimberly, cuando se trata de Manolo no hace bien las cosas.

Pero Barú no cerró la caja porque se detuvo al ver que la pieza que servía para señalar las letras estaba flotando en el centro apenas por encima del alfabeto.

—Kimberly. Mira… ¿Por qué está eso así?

Cuando aquella miró, la pieza comenzó a moverse de una letra a otra como si quisiera dar algún mensaje.

—¡Qué raro! El juego ha de tener algún mecanismo oculto, yo creo —dijo Kimberly tratando de sonar serena—. Tiene que ser así. Raissa, ayúdame y escribe. Es un mensaje, pero está deletreándolo muy rápido.

Sin decir nada, su prima fue anotando en su celular las letras que Kimberly le decía a medida que la pieza señalaba las letras una a una. Al final, las otras preguntaron a Raissa qué decía el mensaje.

—IRSE NO —dijo ella casi susurrando mientras leía .

—Pero, ¿quién mueve la pieza? —preguntó Barú colocándose detrás de Kimberly.

—Cuando iniciamos el juego, creo que de veras contactamos a alguien.

—¿Y a quién fue?

—¿Un fantasma? ¿Algún espíritu? No sé, no sé.

—IRSE NO —repitió Raissa temblando ahora.

—¿No te quieres ir? Pero si las instrucciones dicen que basta con decir GOOD BYE para que la sesión acabe. ¿Qué pasa? ¿Quién eres?

Le habló al tablero como si aquel fuera alguien frente a ella.

—IRSE NO.

—¡Ya déjanos tranquilas! ¡Vete que las reglas del juego son claras!

No es que fuera la más valiente de las tres, pero su prima y su amiga estaban en su hogar por idea de ella.

Otro mensaje llegó. Raissa volvió a prestar su asistencia a una indicación de Kimberly. Barú a su vez quiso grabar con la cámara de su propio celular lo que estaba viendo, pero sus manos temblaban y era así incapaz de accionar los comandos que requería.

—NO SOY UNO SOMOS MUCHOS —leyó Raissa con ojos muy grandes mientras se llevaba una mano a la boca para evitar decir lo que ya había dicho.

—Kimberly —dijo Barú con una voz tan aterrorizada que ya no sonaba como la suya— esto no es normal, ni divertido. Dile ya que se vaya o que se vayan o nos iremos nosotras.

—¡Eso trato, eso trato! —dijo Kimberly, quien trataba de mover la pieza que con obstinación se mantenía en el centro— ¿Por qué no te quieres ir?

Al hacer esta pregunta, el objeto volvió a marcar un mensaje, pero Raissa movió su rostro negativamente indicando que ya no quería transcribir.

—Lo haré yo, Raissita —dijo Barú a lo que el objeto volvió a moverse para repetir el mensaje.

—ENRIQUE Y SARA SOLO ELLOS —leyó Barú cuando el mensaje estuvo concluido, su voz era solo un susurro nervioso ahora.

—Enrique y Sara. ¡Mis tíos, Kimberly! —dijo Raissa.

—Por eso no se van cuando se lo pedimos. En realidad, nosotros no los llamamos sino mis papás. ¡Y se olvidaron de despedirlos!

—Espera, espera, si eso es cierto, quiere decir que han estado aquí con nosotros todo el tiempo, viéndonos y escuchándonos —murmuró Barú.

La pieza en forma de corazón se movió hacia YES.

—¡Nos vamos de aquí, ya, ahora! —dijo Kimberly con decisión entonces.

Pero las otras dos no pudieron levantarse porque estaban como paralizadas por el terror. En eso, un gran ruido se dejó escuchar. Con horror e impotencia las tres amigas vieron como cada ventana y puerta de la casa era cerrada sin que nada las tocase .

—Nadie se va —dijo una voz de acento frío que jamás habían escuchado antes—, ustedes ya se divirtieron. Es nuestro turno de divertirnos. ¿Están listas?

—¿Qué? ¿Qué?

—¿Quién dijo eso?

—¡Oh, Dios! ¡Diosito santo!

—No importa si no están listas —dijo otra voz de acento incluso más frío e intenciones más retorcidas que la anterior.

Entonces y sin hacer ningún ruido, detrás de KimBaRa y alrededor de ellas, aparecieron las formas de los seres que siempre habían estado ahí viéndolo todo, escuchándolo todo, jugando a su propio modo aquel juego malo con ellas.

Todos tenían rostros fantasmales de ojos desorbitados y sonrisas de anticipada crueldad.

Hubo un grito de terror angustioso, un lamento coral y profundo que llenó la casa entera.