CAPÍTULO 18 Entre Suso y Yuso
BLOQUE 1
El camino entre Suso y Yuso no era largo.
Sin embargo, Sebastián empezaba a sentirlo de otra manera.
Habían recorrido aquella distancia varias veces desde que Irene encontró el fragmento dentro de la encuadernación.
Al principio había sido simplemente un trayecto físico: subir, consultar, regresar, volver a bajar.
Ahora cada desplazamiento entre ambos monasterios parecía atravesar también dos capas distintas de la investigación.
En Yuso estaban los documentos capaces de ordenar.
En Suso, los rastros más antiguos y las referencias todavía difíciles de interpretar.
Irene caminaba algunos pasos por delante.
Mauro había preferido bajar en coche y esperar después en Yuso. Necesitaba revisar accesos recientes al archivo y hablar con dos personas relacionadas con consultas de la serie donde había aparecido la unidad mal colocada.
Fray Julián acompañaba a Sebastián.
Él observaba el paisaje sin prestarle verdadera atención.
Seguía pensando en los inventarios.
En las cantidades que cambiaban.
En una acción que con el paso de las copias había terminado convertida en simple ausencia.
En Martín.
En las marcas de grafito.
En Abarca.
En las adquisiciones privadas.
Y en Nájera apareciendo una y otra vez sin aportar todavía el documento que permitiera colocarla en la secuencia correcta.
Irene se volvió.
—Estás demasiado callado.
—Estoy pensando.
—Eso ya lo sé.
—Entonces no preguntes.
—Quería saber en qué.
Sebastián miró hacia Suso.
—En que estamos mezclando documentación producida en contextos distintos.
Fray Julián se detuvo.
—¿Cómo?
Sebastián señaló hacia arriba.
—Tenemos registros vinculados a Suso, otros a Yuso, copias posteriores, reorganizaciones y movimientos de fondos. Los estamos leyendo como si todos pertenecieran a una única secuencia administrativa.
Irene lo observó.
—¿Y no es así?
—No necesariamente.
—¿Qué cambia?
—Mucho.
Fray Julián entendió primero.
—Una ausencia en un inventario de Yuso no significa que el volumen hubiera dejado de existir en documentación vinculada a Suso.
Sebastián asintió.
—Exactamente.
Irene frunció el ceño.
—Pero desaparece del recuento.
—Del recuento que estamos utilizando.
—¿Y si existía otro?
—Eso quiero comprobar.
Continuaron caminando.
La idea parecía evidente después de formularla.
San Millán no había sido nunca un espacio documental inmóvil.
Suso y Yuso habían concentrado funciones diferentes según las épocas. Los libros, papeles y registros cambiaban de ubicación, de responsables y también de formas de descripción.
Una unidad podía dejar de aparecer en una relación determinada sin haber abandonado todavía el ámbito monástico.
Podía encontrarse en otro núcleo.
O haber sido registrada bajo un criterio diferente.
Irene sonrió.
—Entonces esta vez el nombre encaja bastante bien.
Sebastián la miró.
—¿Qué nombre?
—Entre Suso y Yuso.
—No estamos escribiendo un libro sobre nosotros.
—Claro.
Fray Julián fingió no escuchar.
Llegaron a Suso poco después.
El espacio imponía otro tipo de silencio.
Sebastián siempre había tenido la impresión de que allí era más fácil pensar en la historia material de los objetos que en su clasificación moderna.
No era una conclusión científica.
Pero resultaba útil.
Porque obligaba a recordar algo elemental.
Un manuscrito no pasaba de un inventario a otro por sí solo.
Alguien lo trasladaba.
Lo depositaba.
Lo entregaba.
Después otra persona lo registraba.
—¿Dónde se conservaban los libros en el período que estamos estudiando? —preguntó.
Fray Julián respondió con cautela.
—Depende de la fecha exacta.
—Dame posibilidades.
Julián explicó las transformaciones de los espacios y los distintos usos.
No existía una biblioteca invariable durante todo el período. Las funciones habían cambiado y con ellas la distribución de los materiales.
Sebastián escuchó hasta el final.
—Entonces “traslado” tampoco tiene necesariamente un único significado.
—No.
—Puede ser un movimiento entre núcleos, una reorganización importante o una salida hacia otro lugar.
—Sí.
Irene cruzó los brazos.
—Volvimos al principio.
Sebastián negó.
—No. Ahora sabemos qué tenemos que preguntar.
Necesitaban determinar qué significaba traslado en la documentación producida en aquel período concreto.
Hasta entonces habían tratado la palabra como si fuera inequívoca.
No lo era.
Fray Julián los condujo hasta un conjunto de reproducciones y referencias sobre antiguos movimientos de bienes.
Sebastián empezó a revisar.
No buscaba el segundo volumen.
Buscaba una palabra.
Traslado.
En qué documentos aparecía.
Qué operaciones describía.
Con qué tipos de bienes.
Y en qué fechas.
Irene observó durante unos minutos.
—Estás haciendo filología administrativa.
—Estoy intentando no equivocarme.
—Casi lo mismo.
Las primeras referencias utilizaban verbos distintos.
Pasar.
Llevar.
Remitir.
Depositar.
Trasladar.
No existía un uso absolutamente rígido.
Pero poco a poco apareció un patrón.
Los movimientos menores dentro del mismo ámbito tendían a describirse con verbos concretos de paso o depósito.
Traslado, en cambio, aparecía con más frecuencia en operaciones de mayor entidad.
Sebastián levantó la vista.
—Eso reduce algunas posibilidades.
Fray Julián asintió.
Irene se acercó.
—Entonces no parece un cambio de estantería.
—No.
—¿Puede ser Suso a Yuso?
Sebastián no respondió.
Todavía no.
Pero por primera vez la posibilidad tenía apoyo documental.