El Códice Desaparecido (El Secreto de San Millán: Tomo I) CAPÍTULO 13 Anotaciones borradas de un registro antiguo
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CAPÍTULO 13 Anotaciones borradas de un registro antiguo

BLOQUE 1

La pieza ausente apareció al día siguiente.

No en su caja.

En una fotografía.

Mauro recibió la imagen a primera hora de la mañana desde Logroño. Clara Riaño había localizado en el ordenador de su padre una carpeta que no formaba parte de la estructura principal dedicada a San Millán. El nombre era tan genérico que fácilmente podía haber pasado inadvertido:

pendiente revisar

Dentro había varias imágenes y, entre ellas, una reproducción de la relación de entregas que llevaba días sin aparecer físicamente en el archivo.

Sebastián la observó en silencio.

No era una fotografía impecable. Estaba ligeramente inclinada, la luz entraba desde un costado y una sombra cubría parte de la esquina superior.

Aun así, permitía leer mucho más de lo que esperaban.

Irene se acercó.

—Es la misma pieza.

Fray Julián observó la cabecera.

—Sí.

Mauro miró a ambos.

—¿Seguro?

Sebastián señaló la imagen.

—La signatura antigua coincide. También la descripción material y la distribución de las columnas. No puede asegurarse mucho más con una fotografía, pero todo indica que es la unidad que falta.

Mauro dejó el teléfono sobre la mesa.

—Entonces Riaño la fotografió antes de morir.

—Sí.

—¿Podemos reconstruir qué decía aunque no tengamos ahora el documento físico?

Sebastián asintió.

—Una parte.

Irene consultó la fecha del archivo.

—La fotografía es de la tarde anterior a su muerte.

Mauro anotó.

—¿Antes o después de que conste la devolución?

Fray Julián revisó el registro.

—Antes.

—¿Cuánto?

—Poco más de una hora.

Sebastián empezó a leer.

La relación no era un inventario.

Tampoco una lista sencilla de libros.

Era una copia posterior de anotaciones administrativas relacionadas con entregas de bienes librarios y otros materiales. Las entradas estaban redactadas de forma desigual. Algunas incluían nombres, otras cantidades o abreviaturas, y varias parecían haber sido completadas en momentos diferentes.

Riaño había fotografiado una zona muy concreta.

No al azar.

Tres líneas aparecían señaladas a lápiz sobre la propia copia.

Mauro preguntó:

—¿Esas marcas estaban en el documento o las hizo Riaño?

Irene amplió la fotografía.

—Parecen estar sobre la copia física.

—¿Son antiguas?

—No puedo determinarlo solo con esta imagen.

Sebastián señaló la segunda línea.

—Acá está la conexión con la segunda unidad.

Irene se acercó.

La descripción era incompleta, pero contenía elementos que ya conocían: una referencia a una entrada emilianense, la existencia de una unidad adicional y una anotación lateral.

Mauro observó la imagen.

—¿Qué dice?

Sebastián tardó.

—No está completa.

—¿Qué puede leerse con seguridad?

—“Entregado...”

Irene levantó la cabeza.

Mauro también.

Sebastián siguió la línea.

—Después parece haber un nombre.

—¿Cuál?

—No puedo leerlo con suficiente seguridad.

Fray Julián acercó la pantalla.

—¿Es una persona?

—Probablemente.

Sebastián se corrigió enseguida.

—Mejor dicho: la estructura es compatible con un nombre personal.

Mauro señaló el final de la anotación.

—¿Y después?

Sebastián amplió.

—Aparece algo que puede ser un lugar.

—¿Nájera?

Sebastián negó.

—No.

—¿Entonces?

—No se conserva suficiente para leerlo.

Irene señaló otra zona.

—Hay algo más importante.

Junto a la entrada aparecía una mancha irregular.

No parecía formar parte de la escritura.

Sebastián frunció el ceño.

—Eso está alterado.

Mauro se inclinó.

—¿Borrado?

Irene amplió.

—Parece abrasión.

—¿Rasparon el papel?

—Eso parece haber ocurrido, sí.

Sebastián examinó la zona.

La alteración afectaba solamente a una pequeña parte del renglón. Bajo la superficie dañada aún se distinguían restos de tinta.

—No podemos saber cuándo se hizo —dijo.

Mauro lo miró.

—Hace un momento parecía bastante convencido.

—Estoy convencido de que hubo abrasión. No de cuándo ni por qué.

Irene asintió.

—Para eso necesitaríamos la pieza física.

Fray Julián miró a Mauro.

—Que sigue sin aparecer.

Mauro dejó el bolígrafo.

La fotografía acababa de aumentar de valor.

No solo reproducía una unidad que ahora estaba fuera de su lugar.

Mostraba también una parte alterada que no figuraba en ninguna descripción archivística.

Sebastián volvió a la imagen.

—Riaño vio esto.

—Seguro —dijo Irene.

Mauro preguntó:

—¿Por qué está tan segura?

—Porque la fotografía está centrada justo en esa entrada. No es una toma general.

Era difícil discutirlo.

Riaño no había fotografiado aquella página por rutina.

Había querido conservar precisamente esa sección.

—¿Puede recuperarse lo raspado desde la fotografía? —preguntó Mauro.

Irene negó.

—No en el sentido de hacer aparecer un texto que ya no está. Podemos estudiar los restos de trazos, comparar ángulos y ver qué parte de la tinta sobrevivió. Nada más.

Sebastián volvió a la anotación.

La abrasión parecía afectar una palabra breve.

Quizá dos.

Después aparecía otra intervención marginal.

—Acá escribió alguien más.

Irene observó.

—Puede ser otra mano.

—Lo parece.

Mauro miró a ambos.

—¿Posterior?

Sebastián señaló la disposición.

—La primera anotación está parcialmente afectada por el raspado. La segunda fue escrita al lado, sin ocupar exactamente el mismo espacio. Por posición y trazado parece posterior.

—¿Y qué dice?

Había una palabra completa:

devuelto

Irene la leyó en voz baja.

—Eso cambia bastante.

Mauro la miró.

—¿Por qué?

Sebastián respondió:

—Porque estamos siguiendo una unidad que creemos que salió y no regresó. Si esta palabra pertenece a la misma entrada, tendríamos una indicación de devolución.

—Entonces volvió.

—O alguien registró que había vuelto.

Irene señaló el borrado.

—Y lo eliminado podría corresponder a la persona a quien se entregó.

Mauro observó el documento.

Existía una secuencia aparente: una entrega, una zona raspada y después la palabra devuelto.

Pero Sebastián sabía que aquella lectura era todavía demasiado cómoda.

—No podemos unirlo todo sin reconstruir la disposición exacta —dijo.

Mauro lo miró.

—¿Qué falta?

—Saber a qué entrada pertenece cada anotación.

Sebastián amplió la imagen.

Si la palabra devuelto se relacionaba realmente con la segunda unidad, la investigación cambiaba de dirección.

Pero si correspondía a otra línea, podían estar construyendo una conclusión falsa a partir de la simple proximidad.

La fotografía conservaba demasiada información para leerla con prisa.

—Primero la letra —dijo—. Después el contenido.