BLOQUE 2
La primera confirmación apareció en una carpeta de trabajo que Clara Riaño autorizó a revisar aquella misma tarde.
No era el cuaderno negro.
Ese seguía sin aparecer.
La carpeta contenía impresiones, copias de artículos y hojas cubiertas por anotaciones de Álvaro.
Mauro estuvo presente durante toda la revisión y no permitió que Sebastián ni Irene manipularan el material sin dejar constancia.
Irene aceptó sin protestar.
Sebastián también.
Mauro los observó.
—Hoy están demasiado de acuerdo conmigo.
—No te acostumbres —respondió Irene.
La carpeta llevaba una etiqueta sencilla:
RETORNOS
Sebastián sintió que el pequeño fragmento de papel empezaba a encontrar su lugar.
Mauro fotografió la portada antes de abrirla.
Las primeras hojas contenían copias de inventarios. Después aparecían las anotaciones de Riaño con fechas, signaturas y referencias a distintos fondos.
En numerosas páginas una misma palabra se repetía junto a determinadas entradas:
vuelve
En otras figuraba:
sin constancia
Y en varias:
no localizado después
Irene se sentó.
—Es esto.
Sebastián no respondió de inmediato.
Había llegado a la misma conclusión.
Riaño no estaba rastreando únicamente el volumen perdido.
Comparaba documentos que habían salido de San Millán en distintos momentos para determinar cuáles podían demostrarse restituidos al fondo.
Mauro señaló una hoja.
—¿Esto puede ser de donde salió el fragmento?
La disposición se parecía, pero el papel no era el mismo.
Irene negó.
—No. La pieza que trajiste pertenece a otra hoja.
Sebastián comenzó a buscar referencias cruzadas.
Riaño había numerado los movimientos con una clasificación propia. La secuencia llegaba hasta veintisiete, aunque algunos números agrupaban más de una unidad y otros parecían corresponder a una entrega completa.
—Entonces no son necesariamente veintisiete documentos —dijo Mauro.
—No. Son veintisiete movimientos o casos de estudio.
Fray Julián revisó las fechas.
—¿Todos pertenecen al mismo período?
—La mayoría se concentran bastante.
Irene encontró una hoja donde Riaño había escrito:
No confundir salida con pérdida.
Debajo había añadido:
Primero reconstruir retorno.
Sebastián sonrió.
—Era bueno.
Mauro lo miró.
—¿Eso significa algo?
—Que no cometió el error de suponer que todo documento que salió se perdió.
—¿Cómo comprobaba el regreso?
Sebastián señaló otras notas.
Riaño buscaba referencias en cuentas de recepción, registros de depósito y correspondencia, además de inventarios posteriores.
Había comprendido lo mismo que ellos empezaban a ver.
Un manuscrito podía salir sin dejar de pertenecer al fondo.
Su restitución podía quedar registrada en una fuente completamente diferente de aquella que había documentado la salida.
Solo cuando tampoco aparecía rastro del retorno, la ausencia adquiría otro valor.
Mauro encontró una tabla.
—Acá.
Era una hoja completa.
Su formato coincidía con la disposición observada en el fragmento de papel.
Irene se acercó.
—El tipo de papel también parece compatible.
Mauro comparó las fotografías.
—¿Puede proceder de una hoja como ésta?
—Sí.
La tabla tenía cinco columnas:
Referencia
Salida
Destino
Retorno
Fuente
Sebastián sintió que por fin disponían del marco necesario.
Las filas incluían diferentes documentos. Algunos tenían una fecha de regreso. Otros estaban marcados con una interrogación.
Varios indicaban sin constancia.
Uno llevaba una anotación mucho más categórica:
NO REGRESÓ
Irene siguió la fila.
—¿Cuál es?
Sebastián leyó la referencia.
No correspondía al segundo volumen.
Era otra pieza.
—Entonces ya había demostrado que otro documento no volvió.
—Al menos según su reconstrucción.
Mauro preguntó:
—¿Y dónde terminó?
Sebastián siguió la línea.
El destino estaba identificado como un archivo eclesiástico. La columna de retorno permanecía vacía, pero una nota remitía a una fuente posterior.
Riaño había localizado aquel documento siglos después bajo otra descripción.
Irene comprendió.
—No se perdió.
Sebastián negó.
—No regresó. Es distinto.
Mauro asintió.
—Terminó incorporado a otro fondo.
—Exactamente.
Aquello resultaba fundamental.
El índice de Riaño no era un catálogo de documentos perdidos.
Era una reconstrucción de documentos que habían salido y cuyas trayectorias posteriores podían ser muy diferentes.
Algunos regresaban.
Otros reaparecían en distintas instituciones.
Algunos seguían sin poder localizarse.
Sebastián pasó a otra hoja.
Había una segunda tabla, más extensa.
Incluía una categoría nueva:
Destino provisional
Debajo aparecían nombres de lugares.
Calahorra.
Logroño.
Nájera.
Y otros puntos de la región.
Fray Julián observó las fechas.
—Esto parece algún tipo de evacuación.
Sebastián negó lentamente.
—No sabemos si todos estos movimientos pertenecieron a una sola operación.
—Pero los lugares se repiten.
—Sí.
Irene señaló las fechas.
—Y están bastante concentradas.
Era cierto.
No se trataba de movimientos separados por siglos.
Había una franja temporal concreta durante la cual aumentaban las salidas.
Riaño había señalado aquella concentración mediante una llave en el margen.
Al lado escribió:
movimiento extraordinario del fondo
Mauro preguntó:
—¿Qué estaba ocurriendo en ese período?
Sebastián no contestó enseguida.
No quería atribuir una causa histórica únicamente porque resultara plausible.
—Todavía tenemos que comprobarlo.
Fray Julián observó las fechas.
—Pudo haber problemas de seguridad.
—Puede.
—Inestabilidad política.
—También.
—O una intervención material sobre los espacios.
—Es posible.
Irene señaló otra nota escrita por Riaño:
No buscar una sola causa.
Sebastián la leyó.
—Parece que él también encontró varios motivos.
Aquello era más razonable.
Los movimientos no tenían por qué responder a una única crisis.
Podían haberse producido por circunstancias distintas.
Lo importante era que ciertas rutas y determinadas personas parecían repetirse.
Y una de esas rutas pasaba por Nájera.
Mauro regresó al fragmento encontrado en la mano de Riaño.
—Entonces podemos intentar colocarlo dentro de una de estas tablas.
Sebastián comparó la distribución de los restos de escritura.
La terminación ...gresó estaba situada donde en otras hojas aparecía la columna Retorno.
La secuencia Naj coincidía con la posición correspondiente a Destino.
Si la alineación era correcta, el fragmento procedía de una fila que mencionaba un destino cuyo nombre comenzaba por aquellas letras.
Irene lo miró.
—Nájera.
Sebastián respiró antes de responder.
—Es compatible.
—Ahora sí está bastante cerca.
—Bastante.
Mauro sonrió.
—Ya esperaba eso.
Sebastián midió la distancia entre las columnas y comparó varias hojas.
Encajaba.
La posible terminación de regresó ocupaba exactamente la zona correspondiente a retorno.
Y Naj se encontraba en la columna de destino.
—Sí —dijo finalmente.
Irene levantó la vista.
—¿Sí qué?
—La estructura coincide con esta tabla.
—Entonces el destino era Nájera.
Sebastián negó.
—Podemos afirmar que empezaba por “Naj”.
Irene sonrió.
—Me alcanza por ahora.
Mauro señaló el borde rasgado.
—¿Qué había en la parte que falta?
Sebastián examinó la tabla completa.
La columna de referencia.
Precisamente la que permitía identificar el documento.
El fragmento conservaba parte del destino y del estado de retorno.
La referencia había desaparecido con la sección arrancada.
Mauro permaneció mirando la pieza.
—Conveniente.
Sebastián levantó la vista.
—¿Qué quiere decir?
—Que la única información que no tenemos es la que identifica la fila.
—Eso también puede explicarse simplemente por dónde se rasgó la hoja.
—Puede.
Irene observó el borde irregular.
—¿Y el resto de la hoja?
Mauro negó.
—No apareció entre los efectos registrados.
El silencio regresó.
Si aquel fragmento procedía realmente de una tabla de Riaño, la hoja había sido rasgada.
Una parte terminó en su mano.
La otra no estaba entre sus pertenencias documentadas.
Y esa sección ausente era precisamente la que contenía la identificación del documento.