CAPÍTULO 12 Índice de documentos que nunca regresaron
BLOQUE 1
El fragmento de papel llegó a Yuso poco después de las nueve.
Mauro Cebrián lo trajo dentro de una funda transparente, acompañado por una copia del registro de efectos recogidos en la habitación de Álvaro Riaño.
No hizo ningún comentario al entrar. Dejó la documentación sobre una mesa separada del área de conservación y esperó a que Irene terminara de preparar el espacio de trabajo.
Sebastián observó la pequeña pieza desde cierta distancia.
No parecía importante.
Eso empezaba a inquietarlo.
Durante los últimos días, casi todo aquello que había modificado la investigación había presentado la misma apariencia: una palabra incompleta, una anotación perdida en un margen,
una diferencia de tonalidad en una encuadernación o una referencia secundaria dentro de un catálogo que nadie habría considerado relevante de manera aislada.
El fragmento cabía en la palma de una mano.
Tenía dos bordes irregulares y otro relativamente recto. La superficie aparecía arrugada y conservaba una zona ligeramente oscurecida cerca del centro.
—¿Éste es el papel que tenía Riaño en la mano? —preguntó Sebastián.
Mauro miró a Fray Julián.
—Primero quiero que él lo confirme.
El monje se acercó.
No tocó la funda.
Observó la pieza durante varios segundos.
—Sí.
—¿Seguro? —preguntó Mauro.
—Sí.
—¿Qué reconoce?
Julián señaló sin acercar el dedo.
—El tamaño y la forma. Lo vi cuando apartaron su mano.
Mauro indicó uno de los bordes rasgados.
—¿Recuerda si había más papel unido a esto?
Fray Julián pensó.
—No.
—¿No lo había o no lo recuerda?
—No lo recuerdo.
Mauro anotó la respuesta.
Irene inclinó la funda bajo la luz.
A simple vista podían distinguirse algunos trazos oscuros, pero ninguno formaba una palabra reconocible.
—No es pergamino —dijo.
—No —respondió Mauro.
—Papel moderno.
—Sí.
Sebastián se acercó.
—¿Puede ser una nota escrita por Riaño?
—Eso tenemos que establecer.
Irene observó la dirección de las fibras.
—Parece arrancado de una hoja mayor.
Mauro asintió.
—También es la impresión que tenemos.
—¿Hay marcas de corte?
—No.
—Entonces fue rasgado.
—Sí.
Sebastián estudió los restos de tinta.
No parecían corresponder a una frase escrita de manera continua. Los trazos se encontraban separados y guardaban entre sí cierta alineación.
—¿Puede sacarse de la funda?
Mauro negó.
—Por ahora, no.
Irene no discutió.
—Con fotografías de buena resolución alcanza para empezar.
Mauro había llevado varias tomadas durante la documentación oficial. Una mostraba la pieza antes de ser embalada; otra había sido realizada con iluminación lateral y una tercera registraba el reverso.
Irene amplió la primera.
La tinta comenzó a adquirir estructura.
No parecía una frase.
Parecía parte de una tabla.
Sebastián se acercó.
—Esto pertenece a una lista.
Mauro lo miró.
—¿Por qué?
—Por la alineación. Hay información distribuida en posiciones distintas de cada renglón.
Irene aumentó la imagen.
—Podrían ser columnas.
Sebastián tomó una hoja de trabajo y reprodujo únicamente aquello que podía considerar seguro.
En una línea aparecía el final de una palabra.
Debajo había dos caracteres aislados.
Más abajo se distinguía algo parecido a una cifra.
Después aparecía una palabra incompleta:
...gresó
Irene la vio.
—¿“Regresó”?
Sebastián no respondió.
Amplió la imagen.
El comienzo de la palabra se había perdido, aunque la terminación resultaba bastante clara.
...gresó
Podía ser regresó.
También podía corresponder a otra forma.
Sin embargo, la posición dentro de la posible tabla permitía considerar que se tratara de una indicación de estado.
Mauro se inclinó.
—¿Qué nos dice eso?
—Todavía muy poco.
Sebastián observó la línea inferior.
Allí se conservaba la palabra no, seguida por otra marca y el comienzo de un término que desaparecía en el borde rasgado.
Irene señaló la disposición.
—Esto sí parece una clasificación.
—Sí.
Mauro abrió el registro de efectos.
—Riaño tenía varias hojas con tablas en la habitación.
—Las vimos en las fotografías —dijo Sebastián.
—Ésta puede pertenecer a alguna.
Sebastián negó despacio.
—El papel de la tabla grande que vimos no parecía exactamente igual.
Irene comparó las imágenes.
—No podemos asegurarlo solo con esto.
—Entonces puede proceder de otra hoja de trabajo —concluyó Mauro.
Sebastián regresó al fragmento.
Una posibilidad comenzaba a tomar forma.
—Riaño estaba construyendo algún tipo de índice.
Irene lo miró.
—¿De qué?
—Todavía no lo sé.
Ella sonrió apenas.
—Eso está mejor.
Sebastián entendió.
—Aprendiste.
—Mucho.
Mauro los observó.
—Necesito algo que pueda utilizar.
Sebastián señaló la palabra incompleta.
—Si realmente dice regresó, esta parte de la hoja podría distinguir documentos que volvieron de otros que no lo hicieron.
—¿Después de qué?
—De un movimiento.
Irene intervino.
—Puede ser un traslado, un préstamo, un depósito temporal. Todavía no sabemos cuál.
Mauro asintió.
—Entonces necesitamos contexto.
—Exactamente.
Fray Julián, que había permanecido en silencio, se acercó.
—Riaño había pedido documentación relacionada con devoluciones.
Sebastián giró la cabeza.
—¿Cuándo?
—En visitas anteriores.
—Eso no aparecía en lo último que revisamos.
—Porque hasta ahora nos concentramos sobre todo en sus consultas de los días anteriores a la muerte.
Sebastián pidió los registros de los últimos meses.
Julián salió a buscarlos.
Irene continuó examinando la fotografía.
—Hay algo acá.
En el margen inferior aparecía una secuencia de tres caracteres.
Naj
Sebastián se quedó inmóvil.
—No la completes.
—No la estoy completando.
Irene amplió.
La primera letra parecía una N.
La segunda era compatible con una a.
La tercera podía ser una j, aunque también admitía otra lectura.
No bastaba para afirmar Nájera.
Pero la posibilidad era evidente.
—Solo digo que esas tres letras están —añadió Irene.
Mauro observó la imagen.
—¿Puede ser un lugar?
Sebastián respondió:
—Puede.
—¿El mismo que apareció en la otra documentación?
—Puede.
Mauro levantó una ceja.
—Empiezo a entender por qué hablan así.
Sebastián volvió a concentrarse en el fragmento.
Si realmente procedía de un índice de movimientos y existía una columna destinada a señalar qué documentos habían regresado, Riaño podía haber estado reconstruyendo algo bastante más amplio que la trayectoria de una sola pieza.
Eso explicaría la carpeta marcada Entregas.
Y podía explicar también por qué el segundo volumen era tan difícil de seguir.
Tal vez no hubiera sido una excepción.
Podía formar parte de un grupo de documentos desplazados durante un mismo período.
Fray Julián regresó con una carpeta.
—Acá están las solicitudes de los últimos seis meses.
Sebastián comenzó a revisar.
Riaño había consultado documentación muy diversa, pero algunos términos se repetían con suficiente frecuencia para formar un patrón.
devolución
recepción
reintegración
no retornado
Sebastián levantó la vista.
—No estaba buscando solamente nuestro volumen.
Irene se acercó.
—Estaba intentando saber qué había vuelto.
Mauro añadió:
—Y qué no.
Sebastián pasó otra página.
—Eso parece.
Fray Julián permaneció quieto.
—Entonces el segundo volumen podría ser uno entre varios.
—Sí.
La investigación acababa de ensancharse.
El problema ya no consistía únicamente en averiguar qué había ocurrido con un manuscrito.
Existía una posibilidad mucho más concreta.
En determinados momentos, varios documentos habían salido de San Millán.
Algunos regresaron.
Otros podían haber permanecido fuera.
Y Álvaro Riaño había dedicado sus últimos meses a reconstruir esa diferencia.