CAPÍTULO 5 Otro volumen en los márgenes
BLOQUE 1
Sebastián llegó a una conclusión incómoda al comenzar la mañana.
El fragmento no estaba contando una sola historia.
Había, en realidad, dos tiempos superpuestos sobre el mismo pergamino.
El primero correspondía al documento original: un registro escrito con orden, regularidad y una lógica administrativa cada vez más reconocible.
El segundo había llegado después, cuando otra mano comenzó a intervenir en los márgenes para corregir información, actualizarla o dejar constancia de movimientos que el texto inicial no podía haber previsto.
Hasta entonces habían tratado aquellas notas como añadidos secundarios.
Sebastián ya no creía que pudieran seguir haciéndolo.
La misma escritura marginal aparecía en distintos fragmentos y cumplía funciones semejantes.
No parecía una corrección ocasional ni la observación aislada de alguien que hubiera encontrado un error.
Quien había escrito aquellas notas había revisado varias entradas del registro y había considerado necesario intervenir sobre ellas.
Irene terminó de preparar las imágenes comparativas y las dejó abiertas en la pantalla.
—Decime qué estás viendo.
Sebastián no respondió de inmediato.
Tenían delante tres fragmentos que podían relacionarse con suficiente seguridad con el mismo documento.
Uno continuaba integrado en la antigua encuadernación; otro había aparecido entre los materiales retirados y una pieza mayor había sido conservada durante la intervención de Teresa Madariaga.
El cuerpo principal cambiaba según la zona conservada, pero la escritura marginal repetía características demasiado precisas como para ignorarlas.
—La persona que escribió esto no estaba corrigiendo una palabra —dijo finalmente—. Estaba revisando entradas.
—Eso ya lo sospechábamos.
—Ahora podemos sostenerlo mejor.
Irene amplió una de las notas.
—¿Porque aparece varias veces?
—También. Pero sobre todo porque las intervenciones parecen cumplir funciones semejantes.
—¿Cuáles?
Sebastián señaló una de las anotaciones parcialmente conservadas.
—Ésta parece modificar una condición anterior.
Desplazó la imagen.
—En ésta hay indicios de un movimiento.
Después mostró la tercera.
—Y acá está la referencia al volumen retirado.
Irene cruzó los brazos.
—Entonces alguien estaba actualizando el registro.
—Sí.
—Después de que se hubiera escrito originalmente.
—Eso parece.
—¿Mucho después?
Sebastián negó.
—No podemos saberlo todavía.
Irene sonrió.
—Por un momento pensé que ibas a cambiar.
—No conviene generar expectativas.
Fray Julián entró con una carpeta pequeña y la dejó sobre la mesa.
—Encontré algo que tal vez les interese.
Sebastián lo miró.
—¿Otro inventario?
—No exactamente.
—Eso ya suena mal.
—Es una relación de referencias bibliográficas antiguas. Hay varias menciones a registros que actualmente no están localizados.
Irene se acercó.
—¿De San Millán?
—Algunos sí. Otros pertenecen a fondos distintos.
Sebastián abrió la carpeta.
Las referencias procedían de investigaciones realizadas en épocas diferentes. Algunas citaban inventarios conocidos; otras hablaban de documentación consultada en el pasado cuyo paradero posterior no estaba claro.
—¿Por qué no habíamos visto esto?
—Porque no está catalogado como inventario —respondió Julián—. Son notas de trabajo que reunió un investigador.
—¿Quién?
—Ángel Salcedo.
El nombre no le resultó familiar a Irene.
Sebastián, en cambio, levantó inmediatamente la vista.
—¿El medievalista?
Julián asintió.
—Trabajó aquí durante varias temporadas. Publicó bastante sobre fondos monásticos.
—Lo recuerdo. Murió hace tiempo.
—Sí.
—¿Estas notas son suyas?
—Son copias de una parte. Los originales están depositados fuera de aquí.
Irene hojeó la carpeta.
—¿Buscaba algo concreto?
—Intentaba reconstruir referencias antiguas a manuscritos que habían cambiado de signatura o habían dejado de aparecer en catálogos posteriores.
Sebastián dejó de pasar páginas.
Aquello se acercaba demasiado a lo que ellos mismos estaban haciendo como para tratarlo como una coincidencia menor.
—¿Encontró alguna mención a un inventario desaparecido?
Fray Julián abrió una página marcada.
—Ésta.
La nota era breve.
Salcedo mencionaba una relación antigua de volúmenes que no había conseguido localizar directamente. Conocía su existencia porque aparecía citada en otra fuente posterior.
Sebastián leyó la referencia.
—No da una fecha exacta.
—No.
—Tampoco localización.
—Tampoco.
—Entonces, ¿qué tenemos?
Julián señaló una observación.
Salcedo había escrito:
Registro anterior a la reorganización. Contenía adiciones marginales sobre movimientos de volúmenes.
Irene dejó de pasar páginas.
Sebastián volvió a leer la frase.
—¿“Adiciones marginales”?
—Eso dice.
—¿Es una transcripción?
—No. Es una observación de Salcedo.
—Entonces pudo basarse en la descripción de otra persona.
—Sí.
No era una prueba.
Pero por primera vez tenían una referencia independiente a un registro antiguo que había contenido anotaciones marginales relacionadas con movimientos de volúmenes.
Irene miró los fragmentos extendidos sobre la mesa.
—Eso se parece demasiado a lo nuestro.
Sebastián tardó más de lo habitual en corregirla.
—Sí.
Fray Julián apoyó una mano sobre la carpeta.
—Salcedo no encontró el registro.
—¿Lo buscó?
—Durante años.
Sebastián levantó lentamente la mirada.
Aquello modificaba el contexto.
Ellos no eran los primeros que habían sospechado la existencia de documentación desaparecida relacionada con movimientos de manuscritos. Alguien había seguido indicios parecidos antes y había dejado constancia de su búsqueda.
—¿Qué más escribió?
Julián pasó varias hojas.
Había referencias a inventarios conocidos, copias, transcripciones parciales y documentos citados por autores anteriores. Nada indicaba que Salcedo hubiera encontrado aquello que buscaba.
Sin embargo, una observación aparecía repetida en dos lugares.
Una entrada parece referirse a un volumen no identificado en los catálogos posteriores.
Irene miró a Sebastián.
—Otro volumen.
Él no respondió enseguida.
Volvió a leer la nota.
La palabra otro no aparecía en el texto de Salcedo. Era una relación que Irene estaba estableciendo a partir de lo que ellos ya sabían.
Tenían una anotación marginal que hablaba de un volumen retirado.
Salcedo, por su parte, había encontrado una referencia indirecta a otro que dejaba de aparecer en catálogos posteriores.
Podían ser el mismo.
También podían no tener ninguna relación.
Sebastián cerró la carpeta.
—No vamos a unir esas dos cosas todavía.
—Sabía que ibas a decirlo.
—Porque hacerlo ahora sería prematuro.
—También sería lógico.
—La lógica no reemplaza la evidencia.
Fray Julián sonrió.
—Eso debería estar escrito sobre la puerta.
Sebastián ignoró el comentario.
Sin embargo, por primera vez desde que había llegado a San Millán empezó a considerar seriamente que aquel fragmento quizá no fuera una anomalía documental aislada.
Tal vez estaban siguiendo un rastro que alguien ya había intentado reconstruir antes que ellos.