Capítulo 128 — La elección de los guardianes
La gigantesca puerta de piedra permanecía erguida entre el grupo y el Corazón.
Las siete cerraduras brillaban con una luz blanca que contrastaba con el resplandor rojizo que envolvía la montaña.
El suelo seguía temblando bajo sus pies, pero algo había cambiado.
Por primera vez desde que el Corazón había aparecido, el miedo parecía haberse trasladado de los humanos a la propia criatura.
Los miles de rostros que formaban aquella presencia imposible continuaban agitándose; algunos gritaban, otros parecían llorar y otros observaban la puerta con una mezcla de esperanza y terror.
—NO LA AbrÁIS.
La voz colectiva sonó más débil que antes.
—NO COMPRENDÉIS LO QUE VA A OCURRIR.
El anciano dio un paso hacia delante.
—Sí lo comprendemos.
La criatura se agitó violentamente.
—NO.
—SI ELIGEN MARCHARSE, DESAPARECEREMOS.
Aquellas palabras provocaron un silencio inmediato entre todos los presentes. Esteban observó al anciano.
—¿Desaparecerán?
El hombre negó lentamente con la cabeza y después dirigió la mirada hacia el Corazón.
—No. Eso es lo que siempre les ha hecho creer.
La criatura rugió.
—MENTIRA.
El anciano continuó hablando sin apartar la vista de ella.
—Nadie desaparecerá. Lo único que desaparecerá será la prisión.
Lucía sintió un escalofrío.
—Entonces los guardianes...
—Recuperarán la elección que les fue arrebatada.
La séptima llave brilló con intensidad y una de las cerraduras respondió inmediatamente.
Esteban comprendió lo que debía hacer. Sin necesidad de hablar, los demás comprendieron también lo que debían hacer.
Lara avanzó con la primera llave, Adrián con la segunda, Víctor con la tercera, Raquel con la cuarta, Lucía con la quinta, Gabriel con la sexta y Esteban sostuvo la séptima.
Los siete se situaron frente a la enorme puerta mientras la montaña entera parecía contener la respiración.
El Corazón comenzó a agitarse desesperadamente.
—NO.
—NO LO HAGÁIS.
—NO SABÉIS LO QUE HAY AL OTRO LADO.
Gabriel observó a la criatura durante unos segundos y después sonrió.
—Eso mismo dijiste a todos los guardianes anteriores.
La tristeza apareció en los miles de rostros. Por primera vez el Corazón no parecía una entidad poderosa. Parecía alguien aterrado, alguien que llevaba siglos temiendo exactamente aquel momento.
El anciano levantó la vista.
—Ha llegado la hora.
Las siete llaves comenzaron a brillar al mismo tiempo.
La luz recorrió las cerraduras mientras el aire vibraba y la montaña rugía a su alrededor.
Los siete introdujeron las llaves simultáneamente y durante unos segundos no ocurrió nada.
Después la puerta respondió. Un sonido profundo recorrió toda la isla y la roca comenzó a abrirse lentamente.
La luz que surgió del interior era diferente a cualquier otra que hubieran visto.
No era roja, blanca ni dorada. Parecía estar formada por recuerdos, por vidas y por el tiempo acumulado durante siglos.
Hombres, mujeres, ancianos y jóvenes aparecieron dentro de aquella claridad.
Allí estaban todos los guardianes que habían formado parte del Corazón, todos los que habían renunciado a sí mismos y todos los que habían olvidado quiénes eran.
La criatura lanzó un rugido desgarrador.
Los rostros empezaron a separarse. Las voces comenzaron a dividirse.
La conciencia colectiva se fracturó y, por primera vez en siglos, cada guardián empezó a recuperar su propia identidad.
Esteban observó cómo cientos de rostros despertaban de un sueño interminable.
Algunos lloraban, otros reían y otros simplemente contemplaban el mundo con una expresión de asombro.
El anciano sonrió. Era una sonrisa tranquila, serena y libre.
—Ya está comenzando.
Gabriel sintió que las lágrimas llenaban sus ojos.
—¿Qué está ocurriendo?
El anciano observó la puerta abierta.
—Lo que debió ocurrir hace siglos.
La montaña volvió a temblar, pero aquella vez el temblor era diferente, porque no parecía el despertar de algo, sino el final de algo. Mientras los guardianes continuaban separándose del Corazón, Esteban comprendió que el ciclo estaba llegando a su fin.
Sin embargo, todavía faltaba descubrir una última verdad: la que se ocultaba al otro lado de la puerta y había dado origen a toda la isla.
Aquella era la respuesta que todos habían estado buscando desde el principio y la única capaz de explicar por qué generaciones enteras habían sacrificado su libertad por la promesa de una juventud eterna.
El final estaba ya al alcance de la mano, pero antes tendrían que enfrentarse al secreto más antiguo de todos.