El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 124 — La elección imposible
95%

Capítulo 124 — La elección imposible

El rugido que surgía de las profundidades de la montaña se hizo cada vez más intenso.

Las grietas continuaban extendiéndose por la roca y pequeños fragmentos de piedra caían constantemente a su alrededor.

El aire parecía vibrar con una energía desconocida mientras la séptima llave brillaba cada vez con más fuerza entre las manos de Esteban.

Nadie sabía qué decir porque, por primera vez desde que habían llegado a la isla, no existía una respuesta correcta.

Gabriel permanecía inmóvil frente a la puerta negra. Su expresión era serena, quizá demasiado serena para la situación que estaban viviendo. Parecía un hombre que había aceptado su destino mucho tiempo atrás. Esteban avanzó unos pasos.

—Tiene que existir otra solución.

Gabriel sonrió con tristeza.

—Eso mismo pensé yo durante años.

—Entonces la encontraremos.

—No queda tiempo.

La montaña volvió a temblar y, esta vez, el suelo se abrió varios centímetros a pocos metros de ellos. Todos retrocedieron instintivamente. Lucía observó las grietas con preocupación mientras Raquel se volvía hacia ella.

—¿Qué ocurre cuando despierta?

Lucía tardó unos segundos en responder.

—Nadie lo sabe.

Aquella respuesta resultó peor que cualquier otra posibilidad que hubieran imaginado.

—¿Cómo que nadie lo sabe? —preguntó Víctor.

—Porque nunca ha ocurrido.

El silencio fue inmediato después de escuchar aquellas palabras.

—¿Nunca?

—Nunca.

Lucía observó la montaña antes de continuar.

—Todos los guardianes aceptaron su destino antes de llegar a este punto.

Esteban dirigió la mirada hacia Gabriel.

—¿Y tú también vas a aceptarlo?

Gabriel permaneció callado durante unos instantes. Después levantó la vista hacia el cielo.

—Durante mucho tiempo pensé que sí.

Aquellas palabras hicieron que Lucía cerrara los ojos con resignación.

—Gabriel...

—Déjame terminar.

La mujer guardó silencio.

Gabriel volvió a mirar al grupo.

—Cuando llegué aquí solo pensaba en mí mismo. Tenía miedo. Miedo a perder. Miedo a sufrir. Miedo al paso del tiempo. Después me convertí en guardián y durante décadas pensé que mi castigo consistía en permanecer aquí para siempre.

Una nueva vibración recorrió la montaña. El rugido procedente del interior se hizo más fuerte, más cercano y más vivo.

—Pero me equivoqué.

Esteban sintió un escalofrío.

—¿Qué quieres decir?

Gabriel sonrió por primera vez de forma sincera.

—Que este nunca fue mi castigo.

Todos guardaron silencio mientras intentaban comprender el significado de aquellas palabras.

—Fue mi elección.

La séptima llave brilló con más intensidad, como si estuviera reaccionando a sus palabras. La palabra ELECCIÓN resplandeció sobre su superficie y, entonces, la voz volvió a resonar desde las profundidades.

—EL GUARDIÁN PUEDE SER LIBERADO.

—EL SUSTITUTO DEBE SER ELEGIDO.

Gabriel negó lentamente con la cabeza.

—No.

El rugido aumentó.

—EL EQUILIbrIO DEBE MANTENERSE.

—No.

Las grietas se expandieron por toda la explanada.

—EL CORAZÓN DESPERTARÁ.

Gabriel dio un paso hacia la puerta.

—Entonces que despierte.

Nadie esperaba escuchar aquellas palabras y el desconcierto apareció inmediatamente en todos los rostros.

Lucía abrió los ojos de golpe.

—¿Qué has dicho?

Gabriel se volvió hacia ella.

—Llevamos siglos cometiendo el mismo error.

El grupo permaneció inmóvil.

—¿Qué error?

Gabriel señaló la montaña.

—Seguir alimentándolo.

Raquel comprendió algo antes que los demás.

—No quieres sustituirte.

Gabriel sonrió.

—No.

—Quieres romper el ciclo.

Por primera vez apareció miedo en el rostro de Lucía.

—Gabriel, no sabemos qué ocurrirá.

—Precisamente por eso.

El silencio cayó sobre todos mientras intentaban asimilar aquella posibilidad.

Durante siglos habían asumido que el Corazón debía seguir existiendo y habían aceptado que siempre debía haber un guardián.

Nadie había considerado otra posibilidad: que el ciclo terminara, que no hubiera más guardianes y que no hubiera más sacrificios.

Gabriel observó a Esteban.

—Las siete llaves nunca servían para elegir un nuevo guardián.

Esteban sintió que el corazón se aceleraba.

—¿Entonces para qué servían?

Gabriel miró la puerta negra y, por primera vez, pareció verdaderamente liberado.

—Servían para encontrar a alguien capaz de tomar la decisión que nosotros nunca nos atrevimos a tomar.

La montaña rugió con una fuerza aterradora mientras la puerta negra continuaba abriéndose y una luz extraña surgía desde las profundidades.

Esteban comprendió entonces que acababan de descubrir el último secreto de la isla.

Las siete llaves nunca habían sido creadas para proteger el Corazón.

Habían sido creadas para destruirlo y poner fin para siempre al ciclo que había condenado a generaciones enteras.

Ahora, por primera vez en siglos, alguien estaba dispuesto a hacerlo.