Capítulo 118 — El nacimiento de la séptima llave
La luz que surgía de la sexta llave continuó elevándose hacia el cielo hasta formar una columna brillante que parecía unir la montaña con las nubes.
Nadie se movió ni habló mientras observaban la cerradura recién aparecida en la superficie de la puerta negra.
El eco de las palabras que acababan de escuchar recorría todavía la explanada y se perdía entre las montañas.
Esteban sentía el corazón golpeándole el pecho con fuerza.
Después de todo lo que habían vivido, comprendía que habían llegado al momento más importante de toda la aventura.
Mientras el círculo de luz seguía creciendo frente a la puerta, la voz volvió a resonar.
—LA SÉPTIMA LLAVE NO PUEDE SER ENCONTRADA.
—LA SÉPTIMA LLAVE DEBE SER CREADA.
Dentro de aquel círculo comenzaron a aparecer imágenes.
Primero surgieron ciudades, calles, casas y personas caminando en medio de una vida cotidiana aparentemente normal.
Después las escenas cambiaron y mostraron la aldea, la fuente, los senderos de la isla y la tranquilidad inmóvil de quienes habían decidido permanecer allí para siempre.
—UNA VIDA LIMITADA.
—O UNA ETERNIDAD SIN CAMBIO.
—ELEGID.
El silencio se volvió absoluto mientras todos contemplaban aquellas imágenes suspendidas en el aire. Lara fue la primera en avanzar.
—Yo quiero volver.
Nadie pareció sorprendido por su decisión. La joven observó durante unos segundos las escenas de la vida exterior antes de continuar.
—Tengo una vida fuera de aquí. Tengo sueños que todavía no he cumplido. No pienso quedarme atrapada para siempre en una isla, por muy maravillosa que parezca.
La luz la envolvió durante un instante y una pequeña chispa plateada surgió de su pecho para elevarse lentamente hacia el cielo. Adrián observó aquella escena y sonrió.
—Yo también vuelvo. Prefiero una vida imperfecta a una eternidad detenida.
Una segunda chispa plateada abandonó su cuerpo y se unió a la primera. Víctor tardó algo más en tomar una decisión. Observó la puerta, la montaña y el sendero que aparecía reflejado en las imágenes antes de responder.
—No he llegado hasta aquí para dejar de vivir.
La tercera chispa ascendió hacia el cielo y, cuando desapareció en la altura, todas las miradas se dirigieron a Esteban.
El silencio se hizo más pesado porque su decisión era distinta.
Lucía estaba al otro lado de la puerta y seguía viva.
Quizá aquella era la única oportunidad que tendría de recuperarla.
Gabriel permanecía inmóvil observándolo sin decir nada ni intentar influir en él, porque comprendía mejor que nadie el peso de aquel momento.
La voz volvió a resonar.
—ELIGE.
Esteban cerró los ojos. Durante años había buscado respuestas.
Durante años había buscado a Lucía. Y ahora estaba a unos pasos de encontrarla.
Sin embargo, también comprendía algo que antes no había entendido.
Si Lucía había elegido quedarse, aquella había sido su decisión.
Él no podía sacrificar su propia vida intentando corregir una elección que pertenecía a otra persona.
Durante unos instantes pareció que incluso la montaña contenía la respiración mientras esperaba su respuesta.
Lentamente levantó la cabeza.
—Quiero verla.
Hizo una breve pausa.
—Pero también quiero volver a casa.
Las palabras apenas habían abandonado sus labios cuando una cuarta chispa plateada surgió de su interior.
Las cuatro luces comenzaron a girar sobre la explanada.
Giraban cada vez más rápido y brillaban con una intensidad creciente.
La montaña entera empezó a temblar. La puerta negra vibró.
Y las cuatro chispas terminaron uniéndose en un único resplandor que explotó iluminando el cielo.
Cuando el brillo desapareció, una llave flotaba frente a ellos, la más hermosa de todas las que habían visto. Su superficie parecía estar formada por plata, oro y luz al mismo tiempo. Sobre ella no había nombres ni símbolos extraños. Solo una palabra grabada en el centro.
ELECCIÓN.
Mientras todos observaban la llave suspendida en el aire, la voz habló por última vez.
—LA SÉPTIMA LLAVE HA NACIDO.
El grupo permaneció inmóvil contemplándola.
Habían llegado al final de la búsqueda. Las siete llaves estaban completas y, por primera vez desde que encontraron la primera, no sintieron triunfo sino respeto.
Comprendían perfectamente lo que aquella llave representaba.
No era una recompensa. Era la prueba de que habían elegido seguir viviendo.
La séptima llave descendió lentamente hasta las manos de Esteban.
En cuanto sus dedos tocaron el metal, la enorme puerta negra comenzó a abrirse.
Un sonido profundo recorrió toda la montaña.
La oscuridad que cubría la entrada empezó a retirarse poco a poco y, al otro lado, apareció un largo sendero iluminado por una luz suave.
Al final del camino había una figura inmóvil que parecía estar esperándolos.
Esteban apenas podía respirar mientras observaba aquella silueta.
Incluso a aquella distancia supo quién era.
Era Lucía, la persona que llevaba años buscando.
Comprendió entonces que el siguiente paso ya no consistiría en encontrar llaves ni resolver pruebas, sino en enfrentarse por fin a la persona que había elegido quedarse cuando aún tenía la posibilidad de marcharse.
Y comprendió también que el verdadero final de la historia acababa de comenzar.