El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 116 — El camino hacia la puerta negra
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Capítulo 116 — El camino hacia la puerta negra

El grupo abandonó el templo en silencio.

La sexta llave descansaba en las manos de Esteban y, aunque deberían haber sentido alivio, ninguno parecía capaz de celebrarlo.

Habían descubierto el secreto de la isla, comprendido el verdadero precio de la eterna juventud y averiguado que Lucía seguía viva.

Sin embargo, aquella revelación había traído consigo nuevas preguntas.

Mientras descendían por el sendero que conducía de nuevo a la aldea, Esteban caminaba unos pasos por delante del resto.

La imagen de la enorme puerta negra seguía grabada en su mente con una claridad inquietante.

No había sido una simple visión. Cuanto más pensaba en ella, más convencido estaba de que se trataba tanto de una invitación como de una advertencia.

Cuando llegaron a la plaza, Elena seguía sentada junto a la fuente, como si hubiera estado esperándolos desde el principio. Al ver la sexta llave, sonrió con una tristeza que parecía formar parte de ella.

—Así que habéis llegado hasta aquí.

—Sabías que lo conseguiríamos —dijo Lara.

—Lo esperaba.

Esteban se acercó.

—Quiero verla.

Elena no preguntó a quién se refería.

—Lo sé.

—¿Dónde está?

La mujer levantó la vista hacia las montañas que dominaban el extremo norte de la isla.

—Más allá de la puerta.

—Entonces vayamos.

Elena negó lentamente con la cabeza.

—No es tan sencillo.

La frustración apareció inmediatamente en el rostro de Esteban.

—Siempre hay una condición.

—Porque siempre hay una elección.

Gabriel permanecía en silencio observando la conversación. Finalmente dio un paso al frente.

—Es hora de que lo sepan todo.

Elena lo observó durante varios segundos antes de asentir.

—Sí.

El grupo aguardó en silencio. Durante años habían perseguido respuestas y ahora estaban a punto de recibirlas. Gabriel dirigió la mirada hacia la montaña antes de hablar.

—La séptima llave no está escondida.

Nadie respondió porque aquella frase los había tomado completamente por sorpresa.

—¿Qué significa eso? —preguntó Adrián.

—Que no existe ningún lugar donde encontrarla.

—Entonces, ¿cómo conseguimos la última llave?

Gabriel respiró profundamente.

—La séptima llave no se encuentra. La séptima llave se crea.

El silencio cayó sobre el grupo mientras intentaban comprender lo que acababa de decir.

—No entiendo —reconoció Víctor.

Gabriel observó a cada uno de ellos antes de continuar.

—Todas las demás llaves abrían puertas. La última abre una decisión.

Esteban sintió un escalofrío. Aquellas palabras encajaban demasiado bien con todo lo que habían descubierto hasta entonces.

—¿Qué decisión?

Gabriel tardó unos segundos en responder.

—Elegir entre la isla y vuestra vida.

Nadie habló. El viento recorrió la plaza y, a lo lejos, se escuchaba el murmullo constante del mar.

—Si elegimos marcharnos... —comenzó Lara.

—La séptima llave aparecerá.

—¿Y si elegimos quedarnos?

Gabriel bajó la mirada.

—Entonces nunca la veréis.

Esteban apretó los puños.

—¿Y Lucía?

Gabriel sostuvo su mirada.

—Lucía ya tomó esa decisión hace muchos años.

Aquellas palabras golpearon al grupo con fuerza, porque todos comprendieron inmediatamente lo que significaban. Lucía había elegido. Y el resultado de aquella elección la había llevado al otro lado de la puerta negra.

Elena se levantó lentamente.

—La montaña os está esperando.

Todos dirigieron la mirada hacia el norte, donde se alzaba la montaña. Desde la plaza podía distinguirse su silueta oscura dominando el paisaje. Por primera vez parecía más cercana, como si supiera que estaban preparados para afrontarla.

—¿Qué encontraremos allí? —preguntó Víctor.

—La verdad —respondió Gabriel con melancolía.

Nadie añadió nada más. Minutos después emprendieron el camino.

Atravesaron la aldea, dejaron atrás las casas, la fuente y a los habitantes que observaban su marcha en silencio.

A medida que ascendían por los senderos de la montaña, la vegetación se volvía más escasa y el paisaje más agreste.

Las horas pasaron lentamente hasta que, poco antes del anochecer, alcanzaron una gran explanada de roca desnuda.

Y allí vieron la puerta negra.

Era gigantesca, antigua e imponente. Parecía formar parte de la propia montaña y transmitía una sensación de antigüedad tan profunda que resultaba imposible calcular cuánto tiempo llevaba allí. Ninguno se atrevió a acercarse durante varios segundos. Entonces ocurrió algo inesperado.

La sexta llave comenzó a brillar.

El resplandor recorrió toda su superficie y una voz resonó en el aire.

—LA SÉPTIMA LLAVE ESTÁ CERCA.

Los cuatro intercambiaron una mirada al comprender que habían llegado al final del camino.

Después de todas las pruebas, todas las pérdidas y todas las respuestas encontradas, la última decisión los esperaba al otro lado de aquella puerta.

Y todos comprendieron que la prueba definitiva estaba a punto de comenzar.