Capítulo 108 — La quinta llave
Esteban permaneció inmóvil observando el nombre escrito detrás de la fotografía.
Cuanto más lo miraba, menos sentido parecía tener todo aquello.
Gabriel había estado a su lado desde el principio.
Había atravesado pruebas con ellos, había arriesgado la vida en varias ocasiones y, sin embargo, ahora aquel nombre aparecía oculto detrás de una fotografía relacionada con Lucía, Arturo y un secreto que llevaba décadas enterrado.
—Necesito entenderlo —murmuró.
Elena lo observó con una mezcla de tristeza y resignación.
—Lo sé.
—Entonces explícamelo.
La mujer guardó silencio durante unos segundos.
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque la respuesta no me pertenece a mí.
Aquella frase irritó a Esteban.
—Todo el mundo habla con acertijos en esta isla.
—Porque algunas verdades solo pueden ser descubiertas por quien está preparado para soportarlas.
Esteban estuvo a punto de responder, pero algo llamó su atención. La fotografía que sostenía entre las manos había comenzado a calentarse. Al principio creyó que era una impresión suya. Sin embargo, el calor aumentó rápidamente. Elena también lo notó y levantó la vista hacia el papel.
—Ya viene.
—¿Qué viene?
La mujer no respondió. La tinta negra del nombre empezó a brillar.
Primero fue un reflejo tenue. Después una luz cada vez más intensa recorrió las letras hasta que toda la fotografía quedó envuelta por un resplandor dorado.
Esteban la soltó por puro reflejo y la imagen cayó sobre la mesa antes de comenzar a desintegrarse lentamente.
No se quemaba ni se rompía. Simplemente desaparecía, como si hubiera cumplido el propósito para el que había permanecido oculta durante tantos años.
Mientras el papel se convertía en partículas luminosas, una voz resonó en toda la estancia. Era la misma voz que había acompañado las pruebas desde el principio.
—HAS DESCUBIERTO LA MENTIRA.
La habitación entera comenzó a vibrar. Las paredes se agrietaron, los archivadores desaparecieron y las estanterías se deshicieron como polvo arrastrado por el viento. Todo el escenario empezó a derrumbarse a su alrededor.
—¿Qué está pasando? —preguntó Esteban.
Elena sonrió por primera vez.
—La prueba ha terminado.
La voz volvió a resonar.
—ARTURO BUSCÓ LA RESPUESTA EQUIVOCADA.
—LUCÍA DESCUbrIÓ LA VERDAD DEMASIADO TARDE.
—Y TÚ HAS ENCONTRADO EL NOMbrE OCULTO.
Una intensa luz dorada apareció en el centro de la habitación.
Esteban se protegió los ojos con el brazo y, cuando volvió a mirar, descubrió que delante de él flotaba una llave distinta a las anteriores, más antigua y mucho más elaborada.
En el centro tenía grabado un símbolo desconocido, un círculo atravesado por una línea vertical.
Era la quinta llave, la que llevaban tanto tiempo buscando.
Esteban la tomó con cuidado. En el mismo instante en que sus dedos tocaron el metal, una oleada de imágenes atravesó su mente.
Vio a Lucía caminando sola por un sendero, a Arturo observándola desde lejos y a Gabriel formando parte de aquellas escenas.
Sin embargo, lo que más lo impresionó fue descubrir que Gabriel aparecía mucho más joven de lo que debería ser.
Las imágenes continuaron sucediéndose con rapidez.
La isla apareció ante sus ojos, pero no como era ahora.
La vio décadas atrás y comprendió que Gabriel ya estaba allí mucho antes de que comenzara toda aquella historia.
La visión desapareció tan rápido como había llegado, haciendo que Esteban retrocediera un paso.
—No ha envejecido... —murmuró.
Elena bajó la mirada.
—Ahora empiezas a comprender.
Antes de que pudiera formular otra pregunta, la habitación desapareció por completo.
La luz lo envolvió todo y, un instante después, Esteban volvió a encontrarse junto a Lara, Adrián, Víctor y Gabriel.
Los cuatro estaban exactamente donde los había dejado, aunque algo en sus expresiones indicaba que también habían vivido experiencias importantes durante su ausencia.
Lara fue la primera en hablar.
—Por fin.
—¿Qué ocurre? —preguntó Esteban.
La joven intercambió una mirada con Adrián y Víctor antes de volver a fijarse en él.
—Mientras estabas haciendo tu prueba, nosotros encontramos algo.
Esteban sintió un escalofrío. Recordó a Lara, Adrián y Víctor, los compañeros con los que había iniciado aquella aventura y que habían quedado demasiado tiempo apartados de la investigación principal. Ahora tenía la sensación de que estaban a punto de aportar una pieza fundamental del rompecabezas.
Víctor dio un paso al frente antes de decir:
—Creemos saber qué ocurre realmente en esta isla.
Un silencio cargado de expectación cayó sobre el grupo mientras todos comprendían que, por primera vez desde que habían encontrado la primera llave, la búsqueda dejaba de pertenecer únicamente a Esteban.
Las respuestas ya no estaban concentradas en una sola persona.
Cada uno había descubierto una parte distinta de la verdad y, cuando esas piezas se unieran, podrían revelar finalmente el secreto que la isla llevaba ocultando durante décadas.
Esteban observó a sus compañeros y luego dirigió la mirada hacia Gabriel, que permanecía callado unos metros más atrás.
Por primera vez no vio a un simple aliado.
Vio a alguien que parecía estar conectado con el origen mismo de la isla.
Y mientras sostenía la quinta llave entre sus manos, comprendió que la sexta prueba no consistiría en mirar hacia el pasado de Lucía.
Consistiría en descubrir quién era realmente Gabriel y cuál era el precio que la isla exigía a quienes deseaban desafiar el paso del tiempo.