El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 107 — El retrato
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Capítulo 107 — El retrato

El silencio permaneció suspendido sobre la habitación después de las últimas palabras de Elena. Esteban seguía observando la carta, incapaz de apartar la vista de aquella frase.

"Buscad el nombre que aparece detrás del retrato."

Cuanto más la leía, más convencido estaba de que Lucía había intentado dejar una pista antes de desaparecer. No parecía un mensaje escrito por una niña asustada. Parecía una advertencia.

—¿Qué retrato es ese? —preguntó finalmente.

Elena seguía pálida.

—No lo sé.

—Tiene que saberlo.

—No.

—Entonces alguien lo sabe.

La mujer permaneció unos segundos en silencio antes de responder:

—Quizá Arturo.

Aquella posibilidad hizo que Esteban frunciera el ceño, porque Arturo también había desaparecido y parecía imposible preguntarle nada.

Sin embargo, cuanto más pensaba en ello, más evidente resultaba que Lucía había dejado una pista concreta.

Si había escrito aquellas palabras era porque esperaba que alguien pudiera seguirlas algún día.

—Pero Arturo desapareció.

—Sí.

—Y Lucía también.

—Sí.

—Entonces alguien más tuvo que encontrar esa pista.

Elena bajó lentamente la mirada.

—O quizá nadie llegó a verla.

Esteban volvió a observar la carta. Algo no encajaba.

Si Lucía había descubierto quién mentía, debía haber encontrado algo concreto, algo que pudiera demostrarse.

Un nombre escrito detrás de un retrato parecía demasiado específico para ser una simple sospecha.

De pronto recordó la fotografía rota que había encontrado en la carpeta, la imagen donde aparecían su madre y aquella mujer sosteniendo a Lucía en brazos.

—La fotografía.

Elena levantó la cabeza.

—¿Qué ocurre?

—La que encontré en la carpeta.

La mujer pareció comprender inmediatamente lo que estaba pensando. Durante unos segundos ninguno habló, hasta que ambos se levantaron al mismo tiempo.

La habitación comenzó a desvanecerse. Las paredes se volvieron borrosas, la mesa desapareció y las sillas se disolvieron lentamente hasta que, un instante después, Esteban volvió a encontrarse en la sala del archivo donde había descubierto la carpeta de Lucía.

Todo seguía allí: las estanterías, los documentos, la mesa central y la fotografía rota.

La sensación era extraña, como si apenas hubiera pasado un minuto desde la última vez que había estado allí.

Esteban avanzó rápidamente. El corazón le golpeaba con fuerza mientras tomaba la fotografía entre las manos.

Durante unos segundos la observó sin comprender qué debía buscar.

Entonces la giró y comprobó que la parte posterior parecía vacía.

Solo había manchas provocadas por el paso del tiempo.

No parecía haber nada más. La decepción comenzó a abrirse paso en su interior, pero algo llamó inmediatamente su atención.

Una esquina estaba ligeramente levantada, como si la fotografía hubiera tenido una segunda capa adherida años atrás.

Con cuidado pasó la uña por el borde. El papel comenzó a desprenderse muy lentamente, centímetro a centímetro.

Esteban apenas respiraba mientras retiraba aquella fina capa envejecida.

Cuando terminó, apareció algo que había permanecido oculto durante años.

Elena observó por encima de su hombro y, al verlo, perdió completamente el color del rostro.

Lo que apareció escrito era otro nombre, uno que había estado presente desde el principio de la prueba y que Esteban conocía perfectamente: GAbrIEL .

Durante varios segundos nadie habló y el silencio pareció convertirse en algo físico, pesado y asfixiante. Esteban observaba aquellas letras sin ser capaz de comprender su significado.

—Eso no puede ser —murmuró finalmente.

Elena seguía mirando la fotografía.

—Ahora lo entiendo.

—¿Entender qué?

La mujer tardó varios segundos en responder.

—Por qué Arturo estaba equivocado.

—¿Qué tiene que ver Gabriel con todo esto?

—Todo.

Aquella respuesta hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Esteban.

—Explícamelo.

Elena cerró los ojos durante un instante, como si estuviera reuniendo fuerzas para pronunciar unas palabras que llevaba años evitando.

—Gabriel no apareció cuando empezó la prueba.

—Lo sé.

—Gabriel ya estaba allí antes.

Esteban permaneció inmóvil mientras intentaba procesar aquellas palabras.

—¿Qué significa eso?

—Significa que Arturo buscaba a la persona equivocada.

El corazón comenzó a acelerarse de nuevo.

—No te sigo.

Elena lo observó directamente.

—Porque Lucía nunca fue el centro de la mentira.

Aquellas palabras parecieron detener el tiempo alrededor de ambos mientras Esteban intentaba comprender sus implicaciones.

—Entonces... ¿quién lo era?

Elena señaló el nombre escrito detrás de la fotografía.

—Gabriel.

Al escuchar aquella respuesta, Esteban sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies y que todo cuanto había descubierto hasta entonces comenzaba a reorganizarse en su mente.

Lucía, Arturo, la mujer de las fotografías, las cartas y los recuerdos parecían piezas dispersas de un rompecabezas mucho más grande cuyo centro siempre había permanecido oculto.

Por primera vez comprendió que quizá había estado formulando la pregunta equivocada desde el principio, porque tal vez no debía preguntarse qué ocurrió con Lucía, sino quién era realmente Gabriel y por qué su nombre había permanecido escondido detrás de aquella fotografía durante tantos años.

Mientras observaba aquellas letras escritas con tinta negra, comprendió que estaba a punto de enfrentarse a una revelación capaz de cambiar por completo el significado de las llaves, de la isla y de la desaparición de Lucía.

La verdad ya no parecía esconderse en el pasado de su hermana.

Todo indicaba que llevaba mucho tiempo oculta detrás de una persona que había estado a su lado desde el comienzo de la prueba, esperando el momento adecuado para revelar quién era en realidad.