Capítulo 105 — El nombre oculto
El silencio volvió a adueñarse de la habitación después de las últimas palabras de Elena.
Esteban permanecía inmóvil con el cuaderno abierto entre las manos, observando una y otra vez la frase escrita por Lucía.
Cuanto más la leía, más inquietante le parecía.
"Creo que Arturo me ha mentido." Aquellas palabras parecían sencillas, pero no lo eran, porque implicaban que Lucía había descubierto algo capaz de destruir la historia que Arturo llevaba tiempo construyendo a su alrededor.
Esteban cerró lentamente el cuaderno y levantó la vista.
—¿Qué ocurrió después?
Elena tardó unos segundos en responder.
—Eso es lo que llevamos años intentando averiguar.
—No te creo.
La mujer no pareció ofenderse y simplemente preguntó:
—¿Por qué?
—Porque sabes demasiado.
Elena sostuvo su mirada.
—Y tú todavía sabes demasiado poco.
Aquella respuesta aumentó todavía más la frustración de Esteban. Sentía que cada nueva revelación venía acompañada de otros diez secretos. Era como intentar reconstruir un puzle al que siempre le faltaban piezas.
—Dime quién era realmente Arturo.
Elena guardó silencio.
—Ya sabes su nombre.
—Quiero saber quién era.
La mujer apoyó lentamente las manos sobre la mesa.
—Era un hombre que dedicó su vida a buscar algo.
—¿Qué?
—A una persona.
Esteban frunció el ceño.
—¿Lucía?
Elena negó con la cabeza.
—No.
Aquella respuesta lo desconcertó todavía más.
—Entonces, ¿a quién buscaba?
Elena permaneció inmóvil durante unos segundos antes de responder.
—A su hija.
La habitación quedó completamente en silencio mientras Esteban sentía que el corazón daba un vuelco.
—¿Qué has dicho?
—Arturo estaba convencido de que alguien le había arrebatado a su hija años atrás.
—¿Y qué tiene eso que ver con Lucía?
Elena bajó la mirada.
—Porque llegó a creer que Lucía era esa hija.
Aquellas palabras parecieron absorber todo el aire de la habitación.
No tenía sentido y, sin embargo, empezaba a encajar con algunas de las imágenes que había visto durante la prueba.
Las fotografías, los documentos, la mujer desconocida y la insistencia de Arturo parecían girar alrededor de la misma idea.
—¿Creía que Lucía era su hija?
—Sí.
—¿Y lo era?
Elena permaneció demasiados segundos en silencio.
—Contesta.
—No lo sabemos.
Aquella respuesta volvió a desconcertarlo.
—¿Cómo que no lo sabemos?
—Porque esa era precisamente la pregunta que Arturo intentaba responder.
Esteban se levantó de la silla porque comenzaba a sentirse atrapado.
—No entiendo nada.
—Lo sé.
—Todo esto es una locura.
—También lo sé.
Elena observó el cuaderno que seguía sobre la mesa.
—Lo único que sabemos con certeza es que Arturo llegó a reunir pruebas que parecían demostrar que Lucía no era quien todos creían.
—¿Pruebas reales?
—Algunas sí.
—¿Y las demás?
—No lo sabemos.
Aquella respuesta volvió a sembrar la duda.
Por primera vez Esteban empezó a preguntarse si Arturo había sido víctima de una mentira tanto como los demás.
Tal vez había encontrado indicios verdaderos, alguien había manipulado el resto y había terminado persiguiendo una verdad mezclada con engaños.
Cuanto más pensaba en ello, más peligroso parecía todo.
Si Arturo había actuado convencido de que estaba salvando a su hija, muchas de las certezas que Esteban había construido comenzaban a derrumbarse.
Elena se levantó lentamente y caminó hacia la pared del fondo.
Allí había un pequeño cuadro que hasta ese momento había pasado desapercibido.
La mujer lo retiró, dejando al descubierto una caja empotrada.
Introdujo una llave, giró el mecanismo y abrió la puerta metálica.
Dentro solo había una hoja doblada y nada más.
Elena la tomó con cuidado y regresó a la mesa.
—Esto apareció dos días después de la desaparición de Lucía.
Esteban observó el papel. Estaba amarillento por el paso del tiempo y parecía haber sido doblado y desdoblado cientos de veces.
—¿Qué es?
—Una carta.
—¿De quién?
Por primera vez desde que la había conocido, Elena pareció realmente nerviosa.
—De Lucía.
Esteban sintió que se le paralizaba el cuerpo.
—Eso es imposible.
—Lo sé.
—¿Entonces?
—Léela.
Elena dejó la carta frente a él. Esteban observó el sobre durante varios segundos. Sentía que cada descubrimiento lo acercaba más a una verdad que quizá no deseaba conocer. Finalmente tomó aire y abrió el sobre lentamente. Lo primero que vio fue una frase escrita con letra infantil.
"Si estáis leyendo esto, significa que Arturo tenía razón."
El corazón comenzó a latirle con violencia mientras releía aquellas palabras una y otra vez.
Porque acababa de comprender que la siguiente pieza del misterio no iba a responder preguntas, sino a destruir muchas de las respuestas que creía haber encontrado.
Todo apuntaba a que Lucía había tomado una decisión consciente antes de desaparecer y, si aquello era cierto, el pasado que llevaba años intentando reconstruir era mucho más complejo de lo que había imaginado.
La carta que tenía entre las manos podía contener la clave de toda la historia.
.. o la mentira que había provocado el comienzo de todas las demás.