Capítulo 104 — El contenido de la caja
Esteban permaneció inmóvil durante varios segundos con la tapa de la caja todavía entre las manos.
La sorpresa había sido tan intensa que necesitó unos instantes para comprender lo que estaba viendo.
Dentro no había joyas, documentos secretos ni fotografías comprometedoras.
Había un cuaderno de tapas azules, gastado por el paso de los años y con las esquinas desgastadas.
Parecía un objeto corriente. Sin embargo, algo en él transmitía una importancia imposible de ignorar.
Elena observó su reacción sin decir una palabra.
—¿Esto es la verdad? —preguntó Esteban.
—Parte de ella.
Esteban sacó el cuaderno de la caja. La cubierta estaba marcada por manchas de humedad y pequeñas rozaduras. En la primera página aparecía un nombre escrito con letra infantil: Lucía . El corazón de Esteban dio un vuelco al leerlo. Durante unos segundos fue incapaz de pasar la página.
—¿Es suyo?
Elena asintió lentamente.
—Lo escribió ella.
Aquella respuesta provocó una nueva oleada de preguntas.
—¿Cómo llegó a tus manos?
—Porque me lo entregó antes de marcharse.
Esteban levantó la vista.
—¿Marcharse adónde?
Elena no respondió. Simplemente señaló el cuaderno.
—Lee.
Con manos temblorosas, Esteban abrió la primera página.
La letra era irregular, propia de una niña pequeña.
Las primeras anotaciones eran breves, pero reflejaban una inquietud creciente.
"Hoy mamá ha vuelto a llorar." En otra página podía leerse: "Papá dice que todo irá bien, pero cuando cree que no lo veo también llora.
" Más adelante aparecía otra frase: "He vuelto a escuchar la palabra peligro.
" Esteban sintió un escalofrío mientras continuaba leyendo.
"Nadie me explica qué ocurre. Creen que no escucho cuando hablan por las noches.
" Poco después apareció una anotación que llamó inmediatamente su atención. "El señor Arturo ha venido otra vez."
Esteban levantó la cabeza.
—¿Arturo?
Elena asintió.
—El hombre que has visto en los recuerdos.
Esteban volvió al cuaderno. Era la primera vez que el desconocido tenía un nombre.
Arturo ya no era una sombra ni una figura borrosa surgida de los recuerdos, sino una persona real.
Continuó leyendo y encontró nuevas anotaciones.
"Mamá no quiere que me vaya." "Papá dice que es la única solución.
" "Arturo dice que todo será mejor después.
" Las páginas siguientes estaban llenas de frases parecidas, pequeños fragmentos de miedo, dudas y confusión.
Lucía no comprendía lo que ocurría a su alrededor, pero había percibido perfectamente la tensión que dominaba a los adultos.
Entonces encontró una anotación diferente.
Era una entrada más larga, más cuidada y mucho más inquietante que las anteriores.
En ella podía leerse: "Hoy Arturo me ha contado la verdad.
" Esteban contuvo la respiración y siguió avanzando.
"Dice que mi vida no es lo que parece. Dice que hay personas que me buscan.
Dice que mamá y papá me quieren, pero que me están ocultando quién soy realmente.
" Las palabras parecían saltar de la página mientras Esteban continuaba leyendo.
"No sé a quién creer." "Mamá llora." "Papá no me mira a los ojos.
" "Y Arturo siempre parece saber más cosas que ellos. "
Pasó varias páginas más hasta llegar a una de las últimas. Aquella página estaba arrugada y manchada por gotas que parecían lágrimas secas. Solo había una frase escrita, una única frase que hizo que el corazón le golpeara con fuerza en el pecho.
"Creo que Arturo me ha mentido."
La habitación quedó sumida en un silencio absoluto mientras Esteban observaba nuevamente aquella frase.
Todo cambiaba a partir de ese momento, porque hasta entonces había supuesto que Arturo había conseguido convencer a Lucía.
Sin embargo, aquellas palabras demostraban que la propia niña había empezado a desconfiar de él.
—¿Qué significa esto? —preguntó finalmente.
Elena permaneció varios segundos en silencio.
—Significa que Lucía descubrió algo.
—¿El qué?
—Eso es precisamente lo que nunca conseguimos averiguar.
El corazón de Esteban volvió a acelerarse.
—¿Cómo que nunca?
Elena bajó la mirada.
—Porque después desapareció.
Esteban volvió a mirar la última página del cuaderno. Aquella frase cambiaba completamente el sentido de todo lo que había visto hasta entonces. Si Lucía había descubierto una mentira, significaba que algo había ocurrido después. Algo lo bastante importante como para hacerla desaparecer.
—Entonces Arturo era el mentiroso.
—No necesariamente.
Esteban la miró sorprendido.
—¿Qué quieres decir?
Elena apoyó lentamente ambas manos sobre la mesa.
—Que en esta historia hay más de una mentira.
Aquellas palabras parecieron volver el aire más pesado.
—La prueba no te pide que encuentres una mentira cualquiera —continuó Elena—. Te pide que encuentres la mentira que lo provocó todo.
Esteban bajó la vista hacia el cuaderno mientras intentaba ordenar las piezas.
Por primera vez empezó a sospechar que Arturo podía no ser el origen del problema.
Quizá era solo una pieza más, una pieza importante, pero no la primera.
Y si eso era cierto, significaba que la respuesta seguía oculta en algún lugar del pasado, esperando ser descubierta.
La quinta llave aún estaba lejos, pero por primera vez tenía la sensación de estar acercándose al corazón del misterio.
Cada respuesta abría nuevas preguntas. Cada recuerdo revelaba una parte de la verdad mientras ocultaba otra.
Y cuanto más cerca se encontraba de comprender lo ocurrido con Lucía, más miedo empezaba a sentir por lo que pudiera descubrir cuando todas las piezas encajaran finalmente en su lugar.