El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 98 — El espejo de la verdad
76%

Capítulo 98 — El espejo de la verdad

Esteban tardó varios segundos en reaccionar.

El desconcierto era tan profundo que durante unos instantes fue incapaz de moverse.

El lugar en el que se encontraba no se parecía a ninguna zona de la isla que hubiera visto hasta entonces.

No había árboles, montañas, senderos ni construcciones visibles.

Todo cuanto alcanzaba a ver era una inmensa llanura cubierta por una niebla gris que parecía extenderse hasta el infinito.

El silencio resultaba inquietante. No se escuchaban pájaros.

No soplaba el viento. No existía ningún sonido que permitiera saber si aquel lugar estaba vivo o muerto.

—¿Gabriel? —llamó.

Su voz se perdió entre la niebla.

—¿Raquel?

Nadie respondió.

Esteban comenzó a caminar. No sabía hacia dónde se dirigía, pero quedarse quieto tampoco parecía una buena idea.

A medida que avanzaba empezó a notar algo extraño.

La niebla parecía apartarse lentamente a su paso, como si le estuviera mostrando un camino invisible.

Después de varios minutos apareció una silueta.

Al principio pensó que era una persona, pero enseguida comprendió que se trataba de otra cosa.

Era un enorme espejo de piedra negra que se elevaba varios metros sobre el suelo. Su superficie no reflejaba la niebla ni el paisaje que lo rodeaba, sino algo completamente distinto: recuerdos.

Esteban se detuvo mientras observaba cómo comenzaban a aparecer imágenes en la superficie oscura, donde reconoció a su madre, a su padre y la casa en la que había crecido.

Durante unos segundos contempló aquellas escenas sin comprender qué estaba ocurriendo.

Entonces apareció Lucía corriendo por el jardín mientras reía.

Esteban sintió un nudo en la garganta. Aquella imagen transmitía una felicidad tan auténtica que resultaba imposible dudar de que hubiera formado parte de su vida.

La escena cambió y ahora aparecían sus padres discutiendo.

La conversación no podía escucharse, pero resultaba evidente que estaban hablando de algo grave.

La tensión era visible incluso desde la distancia.

Instantes después apareció junto a ellos un hombre desconocido.

Esteban frunció el ceño. Nunca lo había visto.

Sin embargo, sus padres parecían conocerlo perfectamente y mantenían con él una conversación que parecía cada vez más intensa.

Las imágenes continuaron desarrollándose. Lucía aparecía llorando. Su madre también. Después apareció aquel hombre llevándose a la niña, lo que hizo que Esteban diera un paso hacia delante sin apartar la vista del espejo.

—¿Qué es esto?

La superficie del espejo comenzó a ondularse y entonces una voz surgió de su interior. No era la voz del Guardián. Era otra distinta, más cercana y más humana.

—La verdad siempre estuvo delante de ti.

Esteban observó la superficie oscura.

—¿Quién eres?

La voz no respondió directamente.

—La quinta llave busca al mentiroso.

—Lo sé.

—Pero para encontrarlo primero debes descubrir qué mentira cambió tu vida.

Las imágenes volvieron a moverse. Esteban observó cómo aquel hombre desaparecía junto a Lucía. Después vio a su madre derrumbarse. Después a su padre. Finalmente apareció algo que hizo que se le helara la sangre.

Apareció un documento, un papel firmado por varias personas. En él podían distinguirse las firmas de su padre, de su madre y de aquel desconocido. Los tres parecían estar aceptando algún tipo de acuerdo. La imagen no permitía leer el contenido, pero estaba claro que se trataba de algo importante.

—No entiendo nada.

La voz volvió a hablar.

—Entonces observa mejor.

La niebla comenzó a agitarse alrededor del espejo mientras las imágenes avanzaban varios años.

Esteban se vio a sí mismo creciendo. Vio cumpleaños, Navidades y vacaciones sucederse una tras otra mientras el tiempo parecía acelerarse ante sus ojos.

Los recuerdos avanzaban cada vez más deprisa, como si alguien estuviera pasando las páginas de una vida entera.

Y entonces comprendió algo inquietante: en ninguno de aquellos recuerdos aparecía Lucía. No aparecía ni una sola vez, como si hubiera desaparecido de golpe. Era como si alguien la hubiera borrado deliberadamente de la historia de la familia, eliminando cualquier rastro de su existencia.

Esteban sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.

Porque por primera vez apareció una posibilidad que jamás había considerado.

Quizá Lucía no había muerto ni desaparecido realmente; quizá alguien simplemente se la había llevado.

Y si aquello era cierto, significaba que alguien había mentido durante años, construyendo una versión falsa de la realidad que todos habían aceptado sin cuestionarla.

El espejo volvió a oscurecerse mientras la voz pronunciaba unas últimas palabras.

—Encuentra al mentiroso.

—Encuentra la verdad.

—Y encontrarás la quinta llave.

Después el espejo comenzó a resquebrajarse lentamente y, mientras observaba las grietas extenderse por la superficie negra, Esteban comprendió que la prueba acababa de darle su primera pista real.

La mentira no estaba relacionada con la isla, ni con el Guardián, ni siquiera con las llaves.

Había comenzado mucho antes de que él llegara allí y estaba relacionada con Lucía.

Por primera vez desde que recuperó el recuerdo de su hermana, empezó a sospechar que la verdad podía ser mucho más dolorosa de lo que había imaginado, porque si alguien había conseguido borrar a una niña de la memoria de toda una familia, también podía haber ocultado algo mucho peor.

Mientras las últimas grietas recorrían la superficie del espejo y los recuerdos desaparecían para siempre, tuvo la sensación de que acababa de abrir una puerta que llevaba décadas cerrada.

Y, por primera vez, empezó a temer que quizá no estaba preparado para descubrir lo que aguardaba al otro lado.