El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 89 — El nombre que falta
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Capítulo 89 — El nombre que falta

Las palabras de Gabriel quedaron suspendidas en el aire unos segundos antes de que Marcos repitiera la última frase con una incredulidad imposible de ocultar.

—¿A una persona?

Gabriel asintió lentamente sin apartar la vista de la enorme puerta antes de responder.

—La cuarta llave siempre fue diferente.

—¿Diferente cómo? —preguntó Elena.

—Las tres primeras estaban vinculadas a lugares, recuerdos y pruebas. La cuarta está vinculada a alguien.

Un silencio incómodo se extendió por el corredor mientras Esteban observaba los cuatro círculos grabados en la puerta.

Los tres primeros continuaban brillando con intensidad, mientras el cuarto permanecía apagado.

Cuanto más lo observaba, más tenía la sensación de que aquella llave iba a obligarlos a enfrentarse a algo muy distinto de todo lo que habían vivido hasta entonces.

—¿Y quién es esa persona?

Gabriel tardó en responder.

—No lo sé.

Marcos soltó una carcajada incrédula al escuchar aquella respuesta.

—Fantástico. Hemos recorrido media isla para encontrar a alguien que ni siquiera sabes quién es.

—No he dicho eso.

La respuesta hizo que todos volvieran inmediatamente la cabeza hacia él.

—Entonces habla claro de una vez.

Gabriel apoyó una mano sobre la superficie de piedra antes de responder.

—No sé quién es ahora.

Aquella respuesta solo consiguió aumentar la confusión y el corazón de Esteban dio un vuelco.

—¿Ahora?

—Antes sí lo sabía.

—¿Qué significa eso?

Gabriel permaneció unos segundos en silencio antes de responder.

—Significa que la persona que buscamos cambió.

La explicación resultó tan extraña que ninguno de los presentes consiguió entender realmente lo que quería decir.

Sin embargo, antes de que alguien pudiera insistir, el corredor volvió a vibrar y la luz azulada que recorría los nombres se hizo más intensa.

Entonces ocurrió algo inesperado. Una nueva inscripción comenzó a aparecer sobre la piedra.

No estaba grabada antes. Todos la vieron surgir lentamente ante sus ojos mientras las letras parecían formarse desde el interior de la roca.

Primero apareció una letra, después otra y otra más, hasta formar una frase completa.

ENCUENTRA AL QUE FUE OLVIDADO

Nadie habló durante varios segundos y la tensión se volvió inmediata.

Raquel fue la primera en reaccionar.

—¿El olvidado?

—Eso parece —respondió Gabriel.

Esteban observó la inscripción. Aquellas palabras despertaban en él una sensación extraña y familiar al mismo tiempo, como si hubiera escuchado aquella expresión mucho antes de llegar a la isla.

—Yo conozco esa frase.

Aquellas palabras hicieron que todos se volvieran hacia él.

—¿Qué?

—La conozco.

Gabriel lo observó atentamente.

—¿Dónde la escuchaste?

Esteban intentó recordar. Las imágenes aparecían fragmentadas: el faro, la tormenta, el niño y la figura de su padre. Después apareció otra imagen mucho más antigua junto con una voz femenina que apenas recordaba: la voz de su madre.

El recuerdo apareció de golpe, con tanta intensidad que tuvo que apoyarse contra la pared para no perder el equilibrio.

—Esteban —preguntó Raquel—. ¿Qué ocurre?

—Mi madre...

—¿Qué pasa con ella?

Esteban respiró profundamente antes de responder.

—Ella decía esa frase.

El silencio fue inmediato después de aquellas palabras.

—¿Estás seguro? —preguntó Gabriel.

—Sí —respondió sin vacilar.

Por primera vez estaba completamente seguro de algo.

—La decía cuando yo era pequeño.

Gabriel parecía cada vez más preocupado a medida que escuchaba los recuerdos de Esteban.

—¿En qué contexto?

Esteban cerró los ojos e intentó recuperar la escena. Recordó un jardín, una tarde soleada y la voz de su madre pronunciando aquellas mismas palabras con una seriedad que en aquel momento no había comprendido.

"Nunca olvides al que fue olvidado."

Cuando abrió los ojos, encontró a Gabriel observándolo fijamente. La expresión de su rostro había cambiado; ya no parecía sorprendido, sino profundamente asustado.

Gabriel negó lentamente con la cabeza.

—No puede ser...

—¿Qué ocurre? —preguntó Elena.

Gabriel no respondió inmediatamente. Continuó observando a Esteban durante varios segundos antes de volver la vista hacia la inscripción luminosa. Parecía estar encajando piezas de un rompecabezas que llevaba años intentando resolver.

—Creo que ya sé a quién busca la isla.

Las palabras provocaron un escalofrío que recorrió a todo el grupo.

Marcos terminó formulando la pregunta que todos tenían en mente.

—¿Quién?

Gabriel tardó varios segundos en responder, unos segundos interminables que parecieron alargarse mucho más de lo normal.

El silencio se volvió tan pesado que incluso el leve resplandor azul de las paredes parecía haberse debilitado.

Finalmente habló y, cuando lo hizo, nadie estaba preparado para escucharlo.

—Tu madre.

La frase cayó sobre el grupo con una fuerza devastadora.

El silencio que siguió fue tan profundo que incluso los destellos azules parecieron detenerse, porque la mujer que acababan de mencionar llevaba muerta más de veinte años.

Ninguno encontró nada que decir. La sola posibilidad de que la cuarta llave estuviera relacionada con alguien fallecido hacía que todas las reglas que creían comprender sobre la isla acabaran de romperse ante sus ojos.

Mientras el resplandor azul continuaba recorriendo lentamente los miles de nombres grabados en las paredes, Esteban comprendió que la cuarta llave estaba a punto de obligarlo a enfrentarse al secreto más doloroso de toda su vida.