El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 88 — La fecha imposible
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Capítulo 88 — La fecha imposible

El grupo permaneció inmóvil frente a la inscripción. Nadie parecía capaz de apartar la vista de aquellos dos nombres grabados en la piedra.

ESTEBAN ORTEGA

GAbrIEL

Y debajo de ambos aparecía una misma fecha.

La fecha del faro.

La fecha que Esteban acababa de recuperar en sus recuerdos.

Durante unos segundos reinó un silencio absoluto y el corredor pareció haberse detenido junto a ellos. Incluso los extraños destellos azulados que recorrían las paredes parecían haberse debilitado, como si aquel lugar también estuviera esperando una explicación.

—Eso es imposible —murmuró Elena.

Nadie la contradijo.

Esteban se acercó todavía más a la inscripción.

Las letras estaban profundamente grabadas en la piedra y presentaban el mismo desgaste que el resto de los nombres del corredor.

No parecían recientes ni daban la impresión de haber sido creadas por alguna ilusión de la isla.

Aquello llevaba allí mucho tiempo, demasiado tiempo para encajar con cualquier explicación lógica.

—¿Cómo puede existir esta fecha aquí? —preguntó finalmente.

Gabriel continuó observando la pared.

—Porque alguien la escribió.

—Eso ya lo veo.

—No estoy seguro de que entiendas lo que significa.

Esteban se volvió hacia él.

—Pues explícamelo.

Gabriel permaneció unos segundos en silencio antes de responder.

—Las personas que aparecen en este corredor no son simples visitantes.

—¿Entonces qué son?

—Son aquellos cuyo destino quedó unido a las llaves.

La respuesta provocó una nueva oleada de preguntas.

—¿Y por qué están nuestros nombres? —insistió Esteban.

—Porque llegasteis hasta aquí.

—Eso tampoco explica la fecha.

Gabriel bajó la mirada y, por primera vez desde que habían entrado en el corredor, pareció realmente incómodo.

—Porque la fecha no indica cuándo fue escrita.

—¿Entonces qué indica?

Gabriel volvió a mirar la inscripción.

—Indica cuándo comenzó.

Un escalofrío recorrió la espalda de Esteban.

—¿Qué comenzó?

—Todo.

La palabra quedó suspendida entre ellos hasta que Raquel fue la primera en reaccionar.

—¿Todo qué?

—La búsqueda.

—La búsqueda empezó hace unas semanas.

—Para vosotros.

Aquella respuesta hizo que el silencio regresara. Gabriel recorrió lentamente el corredor con la mirada.

—La isla lleva esperando mucho más tiempo.

Las palabras resultaban inquietantes, pero lo verdaderamente perturbador era que parecían sinceras.

Esteban volvió a fijarse en la inscripción y entonces descubrió algo que no había visto antes.

Justo debajo de la fecha aparecía una línea muy fina grabada en la piedra.

Al principio parecía una simple grieta, pero cuando la recorrió con los dedos comprobó que continuaba alejándose por la pared.

—Aquí hay algo.

Los demás se acercaron para observar mejor aquella línea que avanzaba varios metros antes de girar y continuar su recorrido. Parecía haber sido grabada deliberadamente, como si alguien hubiera querido señalar una dirección concreta.

Comenzaron a seguirla.

A medida que avanzaban, la línea pasaba junto a cientos de nombres distintos. Algunos terminaban allí. Otros aparecían unidos por pequeñas marcas que conectaban unas inscripciones con otras formando figuras difíciles de interpretar.

—¿Lo veis? —preguntó Marcos.

—Sí.

—Esto no es una lista.

Esteban comprendió inmediatamente que tenía razón. Aquello no era un simple registro de personas, sino un recorrido, un camino que parecía señalar un destino concreto. Cuanto más avanzaban, más evidente resultaba que los nombres formaban parte de algo mucho más complejo.

La línea continuó avanzando por la pared hasta conducirlos al final del corredor, donde apareció una puerta que ninguno había visto antes.

Era gigantesca, mucho más grande que cualquier otra estructura que hubieran encontrado en la isla.

La piedra de la que estaba construida parecía más antigua que todo lo que los rodeaba y presentaba símbolos similares a los que habían visto en los pedestales de las llaves.

Todos se detuvieron mientras contemplaban la enorme puerta que dominaba el pasadizo como si hubiera permanecido allí desde el principio de los tiempos.

En su superficie aparecían grabados cuatro círculos, de los cuales tres estaban iluminados mientras el cuarto permanecía completamente oscuro.

El brillo de los tres primeros era idéntico al que habían emitido las llaves después de ser encontradas.

El corazón de Esteban comenzó a acelerarse porque no necesitaba que nadie le explicara lo que estaba viendo.

Lo comprendió inmediatamente. Los tres círculos iluminados representaban las llaves que ya habían conseguido y el cuarto, el único que permanecía oscuro, parecía estar esperando la llegada de la cuarta llave.

Entonces ocurrió algo inesperado cuando la línea grabada en la pared continuó avanzando hasta tocar directamente el círculo apagado.

En cuanto lo hizo, toda la puerta comenzó a vibrar.

Un ruido profundo recorrió el corredor mientras los nombres grabados en las paredes empezaban a emitir un tenue resplandor azulado.

La luz se extendió por todas las inscripciones como si una energía antigua estuviera despertando lentamente bajo la piedra.

Por primera vez desde que habían entrado en aquel lugar, Gabriel pareció verdaderamente preocupado.

—No puede ser...

—¿Qué ocurre? —preguntó Raquel.

Gabriel continuó observando la puerta sin apartar la vista de ella.

—La prueba ya ha empezado.

—¿Qué prueba?

Gabriel tardó varios segundos en responder. Cuando finalmente habló, su voz sonó mucho más grave que de costumbre.

—La cuarta llave no está escondida.

El grupo intercambió miradas de desconcierto antes de que Esteban formulara la pregunta que todos estaban pensando.

—Entonces ¿qué tenemos que encontrar?

Gabriel continuó observando la enorme puerta durante varios segundos antes de responder.

—A una persona.