El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 81 — El tercer umbral
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Capítulo 81 — El tercer umbral

La grieta luminosa continuaba expandiéndose por el suelo de la cámara mientras todos observaban la escena sin comprender del todo lo que estaba ocurriendo.

La luz que surgía de su interior era diferente a la que habían visto hasta entonces.

No era azul como la de los símbolos ni plateada como la de la segunda llave.

Tenía un tono dorado que parecía vivo, como si algo respirara bajo la superficie de la piedra.

Gabriel mantenía la vista fija en la abertura. El miedo reflejado en su rostro era tan evidente que ninguno necesitó preguntar si la situación era grave. Por primera vez desde que lo conocían parecía haber perdido el control de los acontecimientos.

—¿Qué es exactamente el tercer umbral? —preguntó Raquel.

Gabriel tardó unos segundos en responder.

—La primera prueba real.

Aquellas palabras provocaron un silencio incómodo, hasta que Marcos terminó formulando la pregunta que todos estaban pensando.

—¿La primera? ¿Y todo lo anterior qué era?

—Preparación.

La respuesta no tranquilizó a nadie. Mientras hablaban, la grieta continuó creciendo hasta formar una abertura de varios metros de longitud.

La piedra desaparecía lentamente a ambos lados, dejando al descubierto una especie de corredor descendente iluminado por la misma luz dorada que emergía desde las profundidades.

El otro Esteban observaba la escena con expresión sombría cuando finalmente rompió el silencio.

—Está ocurriendo antes de lo previsto.

Gabriel volvió inmediatamente la cabeza hacia él.

—¿Qué significa eso?

—Que el proceso se está acelerando.

Aquella explicación no hizo más que aumentar la preocupación general. Esteban alternó la mirada entre ambos hombres, cada vez más cansado de escuchar conversaciones que parecían excluirlo.

—Empiezo a cansarme de que todos sepáis cosas que yo no sé.

El otro Esteban asintió lentamente.

—Lo entiendo.

—Entonces explícamelo.

Durante unos segundos pareció debatirse consigo mismo antes de responder.

—Las llaves no son siete objetos independientes.

—¿Qué quieres decir?

—Son partes de una misma cerradura.

El grupo intercambió miradas de desconcierto y Marcos terminó resumiendo lo que todos pensaban.

—Eso tampoco aclara demasiado.

El otro Esteban señaló la grieta luminosa.

—Cada llave abre una parte del camino y cada umbral revela una parte de la verdad. Por eso, cuanto más avanzas, más difícil resulta detener el proceso.

Gabriel cerró los ojos durante un instante.

—No deberías estar contando esto.

—Ya es demasiado tarde para ocultarlo.

Aquella frase provocó una nueva tensión entre ambos hombres. Esteban comenzaba a sospechar que la relación entre Gabriel y aquella otra versión de sí mismo era mucho más compleja de lo que parecía.

—¿Qué hay al otro lado? —preguntó señalando el corredor.

Gabriel respondió antes que nadie y explicó que al otro lado no encontraría un objeto ni una criatura, sino algo mucho más importante.

—Memorias.

—¿Memorias?

—Las tuyas.

Aquella respuesta sorprendió al grupo y fue Esteban quien expresó en voz alta la confusión que todos sentían.

—No lo entiendo.

Gabriel observó la abertura dorada antes de responder.

—El tercer umbral guarda los recuerdos que te fueron arrebatados.

Durante unos segundos nadie dijo nada, hasta que Raquel rompió finalmente el silencio.

—¿Quieres decir que puede recuperar todo lo que olvidó?

—Si sobrevive a la prueba.

La frase cayó sobre la sala con un peso inquietante mientras Esteban observaba el corredor iluminado.

Por primera vez desde que había llegado a la isla sentía que estaba a punto de obtener respuestas reales.

No fragmentos ni visiones incompletas, sino respuestas capaces de explicar todo lo ocurrido.

Mientras intentaba asimilar aquella posibilidad, el otro Esteban dio un paso hacia él.

La seriedad de su voz hizo que todos guardaran silencio antes de escuchar atentamente lo que tenía que decir.

—Escúchame con atención. Cuando entres ahí dentro verás cosas que habías olvidado. Algunas serán hermosas. Otras te harán daño. Pero hay un recuerdo que no debes seguir.

—¿Cuál?

La otra versión de sí mismo dudó unos segundos antes de responder.

—El día del faro.

Gabriel levantó la cabeza bruscamente y perdió la calma por primera vez.

—¡No!

Todos lo miraron sorprendidos, pero el otro Esteban sostuvo la mirada de Gabriel sin apartar los ojos de él.

—Tarde o temprano lo descubrirá.

—Todavía no.

—Precisamente por eso ocurrió todo.

El silencio volvió a extenderse por la cámara y Esteban sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Qué pasó en el faro?

Ninguno de los dos respondió, y aquella ausencia de respuesta resultó mucho más inquietante que cualquier explicación.

La grieta emitió entonces un nuevo destello. La luz dorada se intensificó y una corriente de aire ascendió desde las profundidades del corredor. Gabriel comprendió inmediatamente lo que significaba y su expresión se volvió todavía más grave.

—Ya no podemos retrasarlo más.

El otro Esteban asintió lentamente.

—Lo sé.

Esteban observó la abertura durante varios segundos antes de volver la mirada hacia Raquel, Marcos y Elena. Ninguno parecía dispuesto a quedarse atrás.

—Vamos juntos.

Gabriel negó lentamente con la cabeza.

—No esta vez.

—¿Qué?

—El tercer umbral solo acepta a una persona.

Aquellas palabras provocaron protestas inmediatas.

—Ni hablar —dijo Raquel sin ocultar su enfado.

—No pienso quedarme aquí esperando —añadió Marcos.

Gabriel señaló la grieta luminosa antes de responder.

—No es una decisión mía. Es una regla.

La luz dorada comenzó a concentrarse alrededor de Esteban y la respuesta llegó sola cuando el resplandor envolvió únicamente su cuerpo. El umbral ya había elegido.

Por primera vez desde que comenzó la búsqueda tendría que enfrentarse completamente solo a lo que lo esperaba al otro lado. Mientras observaba el corredor iluminado que descendía hacia las profundidades, una única pregunta comenzó a ocupar toda su mente.

¿Qué ocurrió realmente aquel día en el faro?