Capítulo 67 — La llave de sombra
El silencio que siguió a las palabras de Esteban resultó mucho más inquietante que cualquier discusión.
Todos permanecieron observándolo mientras intentaban comprender el significado de aquella revelación.
Hasta ese momento habían dado por hecho que los otros buscadores perseguían el segundo sello.
La posibilidad de que estuvieran siguiendo el rastro de otra llave cambiaba completamente las reglas del juego y convertía la expedición a la Isla de las Mareas Negras en algo mucho más peligroso de lo que habían imaginado.
Raquel fue la primera en reaccionar.
—¿Estás seguro de lo que has visto?
Esteban tardó unos segundos en responder. La imagen había sido breve, pero permanecía grabada en su memoria con una claridad incómoda.
—No he visto rostros ni lugares concretos. Solo una mano sosteniendo una llave distinta. Pero sé que no era como la nuestra.
El guardián observó la marca de su muñeca.
—¿Por qué estás tan seguro?
Esteban buscó las palabras adecuadas antes de responder.
—Porque transmitía algo diferente. Era más antigua, más grande y parecía haber sido creada para otra función. No sé explicarlo mejor, pero la sensación era completamente distinta.
Aquella respuesta provocó una nueva inquietud.
Durante unos instantes todos permanecieron en silencio observando el mapa iluminado mientras intentaban encajar aquella información en un rompecabezas que parecía complicarse a cada paso.
Fue entonces cuando el hombre vestido de negro decidió intervenir.
—Las leyendas hablan de algo parecido.
Todas las miradas se dirigieron hacia él.
—¿Otra leyenda? —preguntó Marcos.
—Esta es anterior a los sellos.
Aquella respuesta consiguió captar inmediatamente la atención del grupo.
—¿Y qué dice exactamente?
El desconocido observó el símbolo que había aparecido sobre la pared antes de responder.
—Habla de tres clases de llaves.
El interés de todos aumentó de inmediato.
—Nosotros solo conocemos una —dijo Elena.
—Porque la mayoría desaparecieron hace siglos y los registros que hablaban de ellas fueron destruidos o se perdieron con el tiempo.
Raquel cruzó los brazos.
—Empieza por el principio.
El hombre asintió lentamente.
—Los documentos más antiguos describen llaves destinadas a abrir, llaves destinadas a cerrar y llaves destinadas a controlar. El problema es que casi todo lo relacionado con estas últimas desapareció mucho antes de que existieran los guardianes.
La explicación provocó una inmediata reacción.
—¿Controlar qué? —preguntó Marcos.
—Nadie lo sabe con certeza.
La respuesta no gustó a nadie.
—Empiezo a odiar esa frase.
Por primera vez apareció una leve sonrisa en el rostro del desconocido.
—Yo también.
La sonrisa desapareció tan rápido como había aparecido, dejando paso nuevamente a la preocupación.
—Pero algunas cosas se perdieron mucho antes de que existieran los guardianes y otras fueron ocultadas deliberadamente. Hay fragmentos de textos que sugieren que ciertas llaves tenían funciones que iban mucho más allá de abrir puertas o activar sellos.
Esteban seguía observando el símbolo grabado sobre la pared.
Había algo en él que le resultaba inquietantemente familiar.
No porque lo hubiera visto antes, sino porque la marca de su muñeca reaccionaba cada vez que fijaba la mirada en aquella figura.
La sensación era débil al principio, pero aumentaba poco a poco, como si existiera una conexión invisible entre ambos.
—Ese símbolo tiene relación con la llave que he visto.
El guardián observó también la pared antes de asentir lentamente.
—Yo también lo creo.
La tensión volvió a extenderse por la cámara mientras todos esperaban una explicación.
—¿Qué significa? —preguntó Raquel.
El hombre tardó varios segundos en responder.
—Sombra. Al menos así aparece traducido en algunos textos antiguos.
Nadie comprendió inmediatamente el alcance de aquella respuesta.
—¿La llave de sombra? —preguntó Elena.
—O algo muy parecido. Los documentos son incompletos y contradictorios, pero todos coinciden en una cosa: las llaves asociadas a ese símbolo eran diferentes de las demás y estaban vinculadas a funciones que hoy ya nadie comprende.
Mientras hablaban, Esteban volvió a sentir una vibración en la muñeca.
La sensación fue mucho más intensa que las anteriores.
No llegó a convertirse en una visión completa, pero sí en una sucesión de imágenes tan vívidas que durante unos segundos tuvo la impresión de encontrarse físicamente allí.
Vio una tormenta descargando sobre un mar embravecido.
Vio un acantilado golpeado por olas gigantescas.
Y, sobre una roca oscura que dominaba la costa, distinguió la figura inmóvil de una persona encapuchada sosteniendo la misma llave oscura que había aparecido en la visión anterior.
La imagen desapareció casi de inmediato. Cuando abrió los ojos descubrió que todos lo observaban. No había sido necesario que dijera nada para que comprendieran que acababa de recibir otra visión.
—¿Qué has visto?
Esteban tardó unos segundos en responder porque intentaba retener cada detalle antes de que desapareciera de su memoria.
—He visto a uno de ellos.
La respuesta provocó una reacción inmediata.
—¿Uno de los otros buscadores?
Esteban asintió lentamente.
—No le he visto el rostro, pero sostenía la llave. Estoy seguro de que era la misma.
El guardián bajó la mirada y permaneció en silencio durante unos instantes. Raquel percibió inmediatamente el cambio en su expresión.
—¿Qué ocurre?
El hombre tardó varios segundos en responder.
—Si esa visión es real, ya no estamos compitiendo contra personas que buscan únicamente el segundo sello.
—¿Entonces contra quién estamos compitiendo?
El desconocido observó el mapa. Los tres puntos seguían avanzando lentamente, pero el más adelantado continuaba acercándose a la isla con una velocidad preocupante.
—Contra alguien que ya ha encontrado otra llave.
Aquellas palabras dejaron la cámara sumida en un silencio mucho más profundo que los anteriores.
No hacía falta añadir nada más. Todos comprendían las implicaciones de aquella posibilidad.
Si ellos apenas habían logrado obtener la primera llave después de todo lo que habían atravesado, alguien que ya poseyera una segunda llave disponía de una ventaja enorme.
Podía conocer secretos que ellos ignoraban, rutas que todavía no habían descubierto y peligros para los que no estaban preparados.
La línea luminosa volvió a brillar sobre la pared.
El símbolo de sombra reapareció lentamente y, durante un breve instante, el punto más adelantado del mapa emitió exactamente la misma luz oscura que Esteban había visto rodeando la llave de la visión.
Aquello ya no parecía una coincidencia ni una simple asociación simbólica.
Todo indicaba que existía una conexión real entre aquel buscador desconocido, la llave de sombra y la Isla de las Mareas Negras.
Por primera vez desde que habían iniciado la búsqueda, comenzaron a sospechar que tal vez no fueran los protagonistas de aquella historia, sino los últimos en incorporarse a una partida que otros llevaban jugando desde hacía mucho tiempo.