El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 65 — La carrera hacia la isla
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Capítulo 65 — La carrera hacia la isla

Nadie apartó la vista de los tres puntos luminosos que avanzaban lentamente sobre el mapa.

Hasta aquel momento habían creído ser los únicos que seguían el rastro de las llaves, pero la aparición de aquellas señales cambiaba completamente la situación.

Ya no se trataba únicamente de encontrar el segundo sello.

También debían llegar antes que quienes se dirigían hacia él.

Marcos fue el primero en romper el silencio.

—¿Podemos saber quiénes son?

El guardián negó lentamente.

—El sistema solo muestra que existen.

—Pues es una información bastante escasa.

—Es más de lo que hemos tenido durante siglos.

La respuesta no mejoró el estado de ánimo de nadie. Raquel seguía observando los puntos luminosos con atención.

—¿Se están moviendo de verdad?

—Sí.

—Entonces también están viendo algo parecido a esto.

Nadie respondió porque la conclusión parecía evidente.

Si aquellos desconocidos avanzaban directamente hacia la isla, significaba que disponían de información semejante o de algún método distinto para localizar los sellos.

Aquello convertía la búsqueda en una carrera contra adversarios invisibles de los que no sabían absolutamente nada.

Esteban volvió a sentir la vibración de la marca de su muñeca.

Ya no era una pulsación aislada. La conexión parecía fortalecerse a medida que pasaban los minutos.

Cuanto más observaba el mapa, más intensa se volvía la sensación de proximidad.

Lo extraño era que la isla seguía estando a cientos de kilómetros y, sin embargo, una parte de él comenzaba a percibirla como algo cercano, demasiado cercano para encontrarse realmente tan lejos.

El hombre vestido de negro observó la reacción.

—La conexión sigue creciendo.

—Lo sé.

—Eso significa que nos estamos quedando sin tiempo.

Todos dirigieron la mirada hacia él.

—¿Por qué? —preguntó Elena.

El desconocido tardó unos segundos en responder.

—Porque la segunda llave ya sabe que estamos viniendo.

Un silencio incómodo recorrió la cámara.

Marcos insistió en que las llaves no podían pensar, pero el hombre respondió que quizá las llaves no, aunque aquello que permanecía junto a ellas sí pudiera hacerlo. Mientras hablaba mantenía la mirada fija en el mapa, como si intentara descubrir algo oculto entre las líneas luminosas.

Nadie añadió nada más porque la idea resultaba demasiado inquietante. Durante unos segundos solo se escuchó el leve zumbido procedente de la grieta y el reflejo del mapa proyectado sobre las paredes de piedra.

Fue entonces cuando ocurrió algo inesperado y uno de los tres puntos luminosos aceleró repentinamente. No fue un cambio gradual ni una modificación apenas perceptible. La pequeña marca avanzó varios kilómetros sobre la ruta señalada en apenas unos segundos.

Todos lo vieron y comprendieron inmediatamente lo mismo.

Quienquiera que fuese aquella persona acababa de descubrir algo o había recibido ayuda.

—Nos están adelantando —murmuró Raquel.

El guardián mantuvo la vista fija en el mapa.

—No.

—¿No?

—Ya nos han adelantado.

La respuesta provocó una inmediata sensación de alarma. Esteban volvió a mirar el punto luminoso y comprobó que la diferencia era evidente. Uno de los buscadores estaba mucho más cerca de la Isla de las Mareas Negras de lo que habían imaginado.

La situación acababa de cambiar. Hasta aquel momento habían pensado que disponían de tiempo para organizarse, estudiar la información reunida y preparar el viaje con cierta cautela.

Ahora comprendían que ya no podían permitirse ese lujo.

Cada minuto que permanecieran allí representaba una ventaja para quienes avanzaban hacia el mismo objetivo.

Raquel fue la primera en expresar lo que todos estaban pensando.

—Tenemos que salir ya.

Nadie discutió la propuesta. Incluso Marcos, que normalmente cuestionaba cualquier decisión precipitada, comprendió que no tenían alternativa. Si alguien llegaba antes al segundo sello, las consecuencias podían resultar imposibles de controlar.

Esteban volvió a sentir la presencia lejana y comprendió que la conexión era más fuerte que antes.

No percibía imágenes ni escuchaba voces, pero seguía sintiendo aquella mezcla de desesperación, urgencia y miedo que parecía atravesar la distancia para alcanzarlo.

Lo más inquietante era que ya no estaba seguro de si aquella emoción procedía de la presencia atrapada junto al sello o de alguno de los desconocidos que también avanzaban hacia la isla.

—Tenemos que llegar antes que ellos.

Las palabras escaparon de sus labios casi sin darse cuenta.

El hombre vestido de negro lo observó durante unos segundos antes de asentir.

—Sí.

Elena quiso saber qué ocurriría si no lo conseguían. La pregunta dejó un silencio incómodo porque nadie parecía dispuesto a responderla. Finalmente fue el guardián quien habló.

—Si llegan primero, dejará de importar quiénes somos o por qué hemos venido.

La gravedad de aquella afirmación bastó para eliminar cualquier duda restante mientras la línea luminosa del mapa continuaba brillando sobre la pared y los tres puntos seguían avanzando lentamente hacia el mismo destino.

Por primera vez desde que todo había comenzado comprendieron una posibilidad que hasta entonces habían evitado considerar: tal vez no fueran ellos quienes encontraran la segunda llave, porque alguien podía estar a punto de llegar antes a la Isla de las Mareas Negras.

Si eso ocurría, el destino de los sellos dejaría de depender de ellos para pasar a manos de personas cuyas intenciones seguían siendo completamente desconocidas.