El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 45 — La tercera respuesta
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Capítulo 45 — La tercera respuesta

La pregunta continuaba resonando en la cámara.

—¿Qué temes?

Esteban permanecía inmóvil sobre el círculo iluminado mientras observaba la llave situada sobre el pedestal.

A su alrededor, los tres grupos guardaban silencio.

Nadie parecía dispuesto a intervenir y todos comprendían que cualquier error podía activar un mecanismo desconocido o destruir la única oportunidad que tenían de alcanzar la llave.

El líder de los recién llegados apoyó una mano sobre la empuñadura de su arma sin apartar la vista de Esteban.

—Continúa. Quiero ver hasta dónde llega esta prueba.

—No eres tú quien decide eso —replicó Elena.

—Todavía no —respondió el hombre con una tranquilidad que sonó más amenazadora que cualquier grito.

Esteban apenas parecía escucharlos. Toda su atención estaba concentrada en la voz y en la pregunta que seguía esperando una respuesta.

—¿Qué temes?

Permaneció inmóvil durante varios segundos antes de responder.

—Temo fracasar.

Nada ocurrió.

—Temo que ellos consigan las llaves.

Los símbolos permanecieron apagados.

—No es eso —dijo el anciano mientras observaba atentamente cada reacción de la prueba.

Esteban volvió ligeramente la cabeza.

—¿Cómo puedes saberlo?

—Porque sigues respondiendo lo que crees que deberías responder.

Raquel comprendió inmediatamente lo que quería decir. Las respuestas anteriores habían funcionado únicamente cuando habían sido sinceras, no cuando intentaban parecer correctas o heroicas.

Esteban cerró los ojos durante unos instantes, como si intentara olvidar la presencia de todos los demás, la llave, los hombres armados y el peso de veinte años de búsqueda.

—Temo descubrir que Gabriel tenía razón.

Los símbolos grabados en la piedra comenzaron a iluminarse de inmediato. Una nueva línea azul recorrió el suelo y despertó el círculo siguiente, provocando varias exclamaciones de sorpresa entre los presentes.

—Ha funcionado otra vez —murmuró Marcos.

Esteban respiró profundamente mientras observaba la luz azul extendiéndose bajo sus pies.

—Sabía que acabaría llegando a esto.

—¿A qué te refieres? —preguntó Raquel.

—Llevo veinte años intentando demostrar que Gabriel estaba equivocado.

—Y ahora temes que no lo estuviera.

—Exactamente.

La voz volvió a resonar por toda la cámara.

—Avanza.

Esteban dio otro paso. Había recorrido ya más de la mitad del camino y la distancia que lo separaba del pedestal disminuía cada vez más. La llave parecía cercana, pero también más inaccesible que nunca.

El líder del grupo vestido de negro observó la escena con creciente impaciencia.

—Esto está durando demasiado.

—La llave no te pertenece —respondió Elena.

—Todavía.

—Ni te pertenecerá.

El hombre sonrió con tranquilidad.

—Eso está por ver.

La voz resonó nuevamente por toda la cámara, pero esta vez no parecía dirigirse a Esteban.

—Tú también has mentido.

La acusación provocó una reacción inmediata entre los presentes.

Elena levantó la cabeza, Marcos intercambió una mirada con Daniel y Raquel recorrió rápidamente los rostros de todos los que se encontraban en la sala.

Sin embargo, quien reaccionó de forma más evidente fue el anciano.

Durante un breve instante perdió la serenidad que había mostrado desde el comienzo de la expedición y una expresión de auténtico temor apareció en su rostro.

—Tú también ocultas la verdad.

El anciano permaneció inmóvil, con la mirada fija en los círculos iluminados y sin intentar responder.

Raquel sintió un escalofrío al comprender que la prueba quizá no estaba examinando únicamente a Esteban.

Aquella voz parecía capaz de detectar secretos ocultos y acababa de señalar a la persona en la que más habían confiado desde el inicio de la búsqueda.

El líder del grupo vestido de negro observó la escena con creciente interés y esbozó una sonrisa cargada de significado.

—Vaya... esto sí que no me lo esperaba.

Nadie apartó la vista del anciano. Incluso Esteban había olvidado momentáneamente la llave y la prueba.

Toda la atención de la cámara se concentraba ahora en aquel hombre que llevaba guiándolos desde el principio y que, por algún motivo, acababa de ser señalado por una voz capaz de detectar mentiras.

La pregunta ya no parecía dirigirse únicamente a quien avanzaba sobre los círculos, sino también a quien había permanecido durante años observando desde las sombras, esperando la llegada de un momento que tal vez conocía mucho mejor de lo que había admitido.