El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 44 — La segunda pregunta
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Capítulo 44 — La segunda pregunta

El líder del grupo vestido de negro avanzó unos pasos más sin apartar la vista de la llave.

Su tranquilidad resultaba inquietante. No parecía sorprendido por la presencia de los demás ni por la prueba que mantenía a Esteban inmovilizado entre los círculos grabados en la piedra.

Actuaba como alguien que ya conocía aquel lugar y que había imaginado muchas veces aquel momento.

—Llevamos años buscando este lugar —repitió— y no vamos a marcharnos sin esa llave.

Elena sostuvo su mirada.

—Igual que nosotros.

—La diferencia es que nosotros sabemos lo que estamos haciendo.

—Eso mismo podría decir cualquiera de los que están aquí.

Una sonrisa apenas perceptible apareció en el rostro del recién llegado.

—No. No cualquiera.

La voz resonó nuevamente por toda la cámara con una pregunta que hizo que todos levantaran la cabeza.

—¿Qué has sacrificado?

Esteban permaneció inmóvil sobre el círculo iluminado.

—Ya está preguntando otra vez —murmuró Daniel.

—La prueba continúa —respondió el anciano.

La voz repitió la pregunta con la misma serenidad inquietante.

—¿Qué has sacrificado?

Esteban cerró los ojos durante unos instantes.

—Mi vida.

Nada cambió.

—Mi futuro.

Los símbolos permanecieron igual.

—Mi familia.

La luz azul continuó inmóvil.

El anciano observó atentamente los grabados antes de intervenir.

—No busca respuestas grandiosas.

—¿Y cómo lo sabes? —preguntó Raquel.

—Porque la primera pregunta tampoco buscaba una definición perfecta. Lo único que exige es sinceridad.

Esteban reflexionó durante unos segundos. La cámara permanecía inmóvil mientras buscaba una respuesta que realmente naciera de él.

—Sacrifiqué la posibilidad de ser feliz.

Las líneas grabadas en la piedra comenzaron a iluminarse con más intensidad y una nueva franja de luz azul se extendió lentamente hasta el siguiente círculo.

—Ha vuelto a funcionar —dijo Marcos.

Esteban respiró profundamente antes de asentir.

—Tenía razón.

—¿Sobre qué? —preguntó Raquel.

—La prueba no quiere conocimientos. Quiere verdad.

La voz guardó silencio unos instantes antes de pronunciar una sola palabra.

—Avanza.

Esteban dio otro paso y el siguiente círculo se iluminó bajo sus pies. La distancia que lo separaba de la llave comenzaba a reducirse.

Mientras tanto, el líder del grupo vestido de negro observaba la escena con creciente interés.

—Curioso.

Elena frunció el ceño.

—¿Qué es tan curioso?

—Que los custodios construyeran una prueba tan simple.

—No parece simple.

—Lo es. La mayoría de las personas son incapaces de decir la verdad sobre sí mismas.

Aquellas palabras provocaron un visible malestar entre los presentes y Raquel decidió formular la pregunta que todos parecían estar haciéndose.

—¿Quién eres realmente?

El hombre sonrió sin apartar la vista de la llave.

—La pregunta correcta no es quién soy yo.

—¿Cuál es, entonces?

—Por qué Gabriel me tenía más miedo a mí que a la propia puerta.

Incluso Esteban giró la cabeza al escuchar aquella afirmación.

—Eso no es cierto.

—Claro que lo es.

—Gabriel intentaba detenerte.

—Porque conocía la verdad.

El anciano avanzó un paso.

—¿Qué verdad?

El desconocido observó durante unos instantes la llave situada sobre el pedestal antes de responder.

—Que la puerta nunca estuvo cerrada.

Raquel sintió un escalofrío.

—Eso es imposible.

—¿Lo es realmente?

—Las llaves existen precisamente para abrirla.

—Eso es lo que os han contado durante generaciones.

La voz resonó nuevamente por toda la cámara antes de que nadie pudiera continuar la discusión.

—¿Qué temes?

La pregunta iba dirigida a Esteban y obligó a todos a concentrar de nuevo su atención en él.

La prueba seguía activa y la llave continuaba descansando sobre el pedestal central mientras cada respuesta parecía acercarlos un poco más a una verdad que comenzaba a resultar mucho más inquietante que la propia búsqueda.