Capítulo 42 — La prueba del custodio
La inmensa cámara permanecía envuelta en una tensión casi palpable. A un lado se encontraba el grupo de Elena. Al otro, el de Esteban. Entre ambos descansaba la primera llave sobre la plataforma de piedra, iluminada por el resplandor de las linternas.
—Si dices la verdad, explícalo de una vez —exigió Adrián.
Esteban sostuvo su mirada sin apartarla.
—Gabriel descubrió algo que nunca debió descubrir.
—¿Y qué fue exactamente?
—Que los custodios llevaban siglos ocultando una parte esencial de la historia.
El anciano negó inmediatamente.
—Eso no puede ser.
—¿No puede ser o no quieres creerlo? —replicó Esteban—. Hay una diferencia importante.
La respuesta dejó al anciano sin palabras durante unos segundos.
Elena intervino antes de que la discusión fuera más lejos.
—No hemos venido hasta aquí para repetir debates que llevan décadas abiertos. Hemos venido por la llave.
—En eso estamos de acuerdo —respondió Esteban mientras señalaba la plataforma central, donde la llave permanecía al alcance de la vista y, sin embargo, nadie parecía dispuesto a acercarse.
Raquel observó los círculos grabados sobre el suelo y recordó las palabras de Esteban.
—Antes has dicho que intentasteis cogerla.
—Y es verdad.
—¿Qué ocurrió?
Esteban señaló las marcas grabadas alrededor de la plataforma.
—Nuestro compañero cruzó los círculos.
—¿Y entonces?
—Murió.
Raquel volvió a examinar los grabados. Desde lejos parecían simples adornos, pero ahora resultaba evidente que formaban parte de algún mecanismo cuidadosamente diseñado.
—¿Sabéis cómo funciona?
—No.
—¿Y aun así seguisteis intentándolo?
—Cuando llevas años buscando algo, acabas asumiendo riesgos que nunca aceptarías en circunstancias normales.
Marcos observó el suelo con atención.
—Nosotros también estudiamos esos símbolos y llegamos a la misma conclusión. No parecen trampas convencionales.
—Porque no son trampas —respondió el anciano sin apartar la vista de las inscripciones.
—¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque Gabriel dibujó algo parecido en uno de sus cuadernos.
—¿Y nunca lo mencionaste? —preguntó Raquel.
—Porque entonces no entendí su significado.
El anciano avanzó lentamente hasta el borde del primer círculo grabado y señaló una inscripción casi borrada por el tiempo.
—Mirad esto.
Raquel y Adrián se acercaron. Las letras apenas eran visibles, pero todavía podían distinguirse.
"Solo avanzará quien conozca la verdad."
Adrián leyó la frase y negó con la cabeza.
—Magnífico. Hemos atravesado medio país para encontrarnos con otro acertijo.
—No es un acertijo cualquiera.
—¿Y eso por qué?
El anciano continuó observando los círculos grabados en la piedra antes de responder.
—Porque creo que la prueba no consiste en encontrar una respuesta.
—Entonces ¿qué se supone que debemos hacer?
—Descubrir qué mentira nos han contado desde el principio.
La explicación hizo que todos guardaran silencio.
Tanto el grupo de Elena como el de Esteban comprendieron inmediatamente que la llave quizá no era el único objetivo de aquella cámara.
Si la inscripción decía la verdad, alguien había ocultado información fundamental durante generaciones y la prueba parecía diseñada para obligarlos a enfrentarse a ella antes de permitirles acercarse al pedestal.
—Gabriel llegó a la misma conclusión —dijo Esteban.
—Entonces dinos qué descubrió.
Esteban observó la llave durante unos instantes.
—Los custodios nunca protegieron el mundo de lo que había tras la puerta.
Raquel sintió cómo aumentaba la tensión.
—¿Entonces qué protegían?
—Protegían la puerta de los seres humanos.
Aquellas palabras provocaron un desconcierto inmediato. La afirmación parecía absurda y, al mismo tiempo, encajaba inquietantemente bien con muchos de los fragmentos de información que habían ido encontrando durante la búsqueda.
—Eso no tiene sentido —dijo Adrián.
—Lo tendrá cuando conozcáis toda la historia.
Esteban observó la plataforma durante unos segundos y avanzó lentamente hacia ella. Todos siguieron sus movimientos con atención mientras se aproximaba al primer círculo grabado en la piedra.
—Si Gabriel tenía razón, aquí encontraremos la respuesta.
Nadie intentó detenerlo.
La tensión se extendió por toda la cámara mientras Esteban levantaba el pie dispuesto a cruzar el límite marcado por las inscripciones.
La primera llave continuaba descansando sobre el pedestal central y todos comprendían que el siguiente movimiento podía revelar la verdad que llevaban semanas buscando o desencadenar el mismo destino que había acabado con la vida del explorador que intentó alcanzarla años atrás.