El Códice De Las Siete Llaves Capítulo 41 — La cámara de la primera llave
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Capítulo 41 — La cámara de la primera llave

La grieta descendía en un pronunciado zigzag hacia las profundidades de la montaña.

Las paredes se estrechaban por momentos hasta obligarlos a avanzar de lado y el aire se volvía más frío a cada metro recorrido.

La luz de las linternas apenas conseguía arrancar fragmentos de oscuridad al inmenso túnel de roca que se extendía bajo sus pies.

La proximidad de la llave había transformado el ambiente. Después de semanas siguiendo documentos antiguos, símbolos grabados en piedra y mensajes incompletos, todos eran conscientes de que estaban a punto de descubrir si la búsqueda había merecido realmente la pena.

Tras casi media hora de descenso, el pasadizo desembocó en una galería mucho más amplia. El techo se elevaba varios metros sobre sus cabezas y las paredes mostraban marcas de herramientas antiguas.

—Esto no es una cueva natural.

—No. Alguien excavó todo esto hace mucho tiempo —respondió el anciano mientras iluminaba la piedra.

La galería descendía suavemente y terminaba en una enorme puerta de piedra encajada entre dos columnas.

Los grabados que cubrían la superficie estaban desgastados por los siglos, pero aún podían distinguirse varios símbolos conocidos: las siete líneas convergentes, la serpiente rodeando el círculo y un tercer emblema que ninguno había visto antes, un ojo abierto grabado en el centro de la roca.

—Aquí empieza la cámara —dijo Elena al detenerse frente a la puerta.

—¿Y cómo se abre? —preguntó Adrián.

Marcos señaló una cavidad circular situada en el centro de la piedra.

—Observad eso.

—Parece diseñada para colocar algo.

Raquel sacó el colgante encontrado en el valle y comprobó que encajaba perfectamente en el hueco.

—No puede ser tan sencillo.

—Probablemente no lo sea.

Introdujo el colgante con cautela. Durante unos segundos no ocurrió nada. Después, un profundo temblor recorrió la montaña y el sonido de antiguos mecanismos ocultos comenzó a resonar detrás de la puerta. La enorme piedra se desplazó lentamente, revelando una estancia inmensa oculta al otro lado.

La cámara era mucho mayor de lo que habían imaginado. Varias columnas sostenían el techo y antiguas antorchas metálicas permanecían alineadas junto a las paredes. En el centro de la sala se alzaba una plataforma circular de piedra sobre la que descansaba un objeto metálico.

Raquel observó la pieza sin apartar la vista. Después de semanas siguiendo documentos, símbolos y pistas dispersas, contemplaba por fin la prueba de que las llaves existían realmente y que toda la búsqueda había conducido hasta aquel lugar.

—La hemos encontrado —murmuró Adrián.

La advertencia de Daniel hizo que todos giraran la cabeza hacia el extremo opuesto de la cámara.

—No estamos solos.

Varias luces avanzaban desde una galería lateral y, pocos segundos después, cinco figuras emergieron lentamente de la oscuridad. Habían encontrado el otro acceso y habían llegado prácticamente al mismo tiempo.

Ambos grupos se observaron en silencio mientras calculaban distancias, posibilidades y movimientos. La llave permanecía en el centro de la sala, separándolos como una frontera invisible.

Un hombre alto avanzó desde el grupo recién llegado. Su cabello oscuro estaba salpicado de canas y una cicatriz cruzaba parte de su rostro. Al ver al anciano esbozó una sonrisa cargada de significado.

—Ha pasado mucho tiempo.

—No puede ser —murmuró el anciano.

—Me temo que sí.

—¿Lo conoces? —preguntó Raquel.

—Se llama Esteban.

—¿Y quién es?

La sonrisa desapareció lentamente del rostro del recién llegado.

—Fui amigo de Gabriel.

Adrián avanzó un paso.

—Eso es imposible.

—¿Por qué?

—Porque Gabriel murió intentando impedir que encontrarais las llaves.

Esteban negó lentamente.

—No. Gabriel murió intentando impedir que vosotros las encontrarais.

El desconcierto se reflejó inmediatamente en los rostros de Raquel, Adrián y el anciano.

Si Esteban decía la verdad, una parte esencial de todo cuanto creían saber podía estar equivocada.

Mientras intentaban comprender aquella revelación, la primera llave continuaba descansando sobre la plataforma central de la cámara, convertida en el objetivo de dos grupos enfrentados y en el centro de una confrontación que estaba a punto de comenzar.