Capítulo 36 — Los números ocultos
La galería superior permaneció en silencio mientras los tres observaban la secuencia descubierta en la última página de las notas de Gabriel. Aquellos números habían permanecido ocultos durante años y, sin embargo, seguían sin ofrecer una explicación evidente.
Raquel extendió la hoja sobre una antigua mesa apoyada junto al muro y acercó la linterna.
—Volvamos a empezar desde el principio.
La secuencia aparecía dividida en varios grupos:
17 - 4 - 22 - 9 - 31
8 - 12 - 3
2
—No parecen coordenadas —dijo Adrián.
—Ni fechas importantes —añadió Raquel.
—Y Gabriel no habría escrito algo así sin una razón muy concreta —comentó el anciano.
Mientras seguían examinando la hoja, una ráfaga de viento atravesó la ventana abierta y agitó los documentos.
Raquel sujetó rápidamente las páginas para impedir que salieran volando y, al hacerlo, descubrió una anotación escrita en el borde inferior del papel que hasta entonces había permanecido oculta por uno de los pliegues.
—Aquí hay algo más.
Adrián y el anciano se acercaron.
La frase era breve:
"La respuesta no está en los números. Está entre ellos."
—Eso sí parece escrito por Gabriel —murmuró Adrián.
—¿Qué significa exactamente? —preguntó Raquel.
—No lo sé —admitió el anciano—, pero si dejó esa nota es porque sabía que alguien intentaría interpretar los números directamente.
Durante varios minutos probaron distintas posibilidades. Raquel intentó relacionarlos con letras del alfabeto. Adrián sugirió fechas históricas. Incluso compararon la secuencia con referencias encontradas en los documentos de los custodios. Ninguna teoría encajaba.
El anciano continuó observando la frase escrita en el margen.
"La respuesta no está en los números. Está entre ellos."
Repitió aquellas palabras varias veces en silencio.
—Creo que lo estamos interpretando mal.
—¿Por qué? —preguntó Raquel.
—Porque seguimos mirando los números.
—¿Y qué deberíamos mirar?
—Lo que hay entre ellos.
Tomó una hoja en blanco y copió la disposición exacta utilizada por Gabriel. Después dejó de prestar atención a las cifras y comenzó a estudiar únicamente la distribución de los espacios y las líneas. Poco a poco fue apareciendo una forma reconocible sobre el papel.
—Eso no parece una clave —dijo Adrián.
—Porque no lo es.
—Entonces ¿qué es?
El anciano terminó el último trazo y giró la hoja hacia ellos.
—Es un mapa.
Cuanto más observaban el dibujo, más evidente resultaba la intención de Gabriel.
—Nunca quiso ocultar números —dijo Raquel.
—No. Quiso ocultar una ubicación.
El anciano apoyó la punta del lápiz sobre la curva central del dibujo.
—Y sé exactamente qué representa esto.
—¿Lo reconoces? —preguntó Adrián.
—Sí.
—¿Dónde está?
—En el Valle de las Sombras.
Raquel intercambió una mirada con Adrián.
—Entonces la nota decía la verdad.
—Sí. El valle existe y Gabriel sabía que tarde o temprano llegaríamos hasta esta pista.
Adrián caminó hasta la ventana abierta y observó el bosque que descendía por la ladera de la montaña.
—Y los de la serpiente también van hacia allí.
—Exactamente —respondió el anciano—. Por eso ya no podemos permitirnos perder tiempo.
Raquel volvió a mirar el mapa dibujado por Gabriel.
—Entonces salgamos mañana al amanecer.
El anciano asintió.
—Cuanto antes entremos en el valle, más posibilidades tendremos de alcanzarles.