Capítulo 21 — Las cenizas del proyecto
Matteo apoyó el dedo sobre una anotación escrita con una caligrafía diferente a la del resto del manuscrito.
La escritura era más rápida, menos cuidada y transmitía una urgencia que no aparecía en las páginas anteriores.
Parecía el trabajo de alguien que hubiera redactado aquellas líneas bajo una fuerte presión o en medio de acontecimientos que avanzaban demasiado deprisa.
—Esta anotación fue añadida después de la desaparición de Tommaso —explicó—. Según parece, describe algo que encontraron entre los restos de aquella noche.
Gran parte de la tinta había desaparecido con el paso del tiempo y algunas palabras resultaban imposibles de reconstruir. Sin embargo, una línea seguía conservándose con una claridad sorprendente, como si los siglos hubieran respetado precisamente la frase más importante.
—¿Qué encontraron? —preguntó Raquel.
Matteo recorrió lentamente las líneas deterioradas antes de responder.
—Encontraron algo que Tommaso había intentado destruir.
Raquel frunció ligeramente el ceño.
—Eso no explica demasiado.
—Lo sé —respondió Matteo mientras volvía la página—. Precisamente por eso los documentos posteriores resultan tan importantes.
El anciano señaló una frase situada al final de un párrafo parcialmente destruido. La mayor parte del texto había desaparecido, pero aquellas palabras seguían siendo perfectamente legibles.
"Aquello sobrevivió al fuego."
La luz de las linternas permanecía fija sobre la página mientras los cuatro observaban la inscripción en silencio.
Matteo no añadió ninguna explicación inmediata.
No parecía necesaria. Si aquel documento decía la verdad, Tommaso había intentado destruir algo que había conseguido sobrevivir al incendio.
Esa posibilidad explicaba muchas de las decisiones tomadas posteriormente por los otros seis hombres y ayudaba a comprender por qué terminaron abandonando la idea de destruirlo para concentrarse en otra estrategia.
—Fue entonces cuando comprendieron que el problema era mucho más complejo de lo que habían imaginado. Durante años habían discutido sobre la conveniencia de conservarlo o eliminarlo. Después de aquella noche comenzaron a plantearse una pregunta diferente.
Adrián mantuvo la vista fija sobre la página.
—¿Qué pregunta?
Matteo cerró parcialmente el manuscrito antes de responder.
—Qué ocurriría si nadie era capaz de destruirlo.
El silencio se extendió por la cámara. Las sombras proyectadas por las linternas parecían moverse lentamente sobre los relieves de piedra mientras cada uno intentaba asimilar las implicaciones de aquella posibilidad.
Matteo volvió a observar la frase escrita en el documento.
—Después de leer esto, los seis hombres dejaron de preguntarse cómo podían eliminar aquello que habían creado. A partir de ese momento comenzaron a pensar en algo completamente distinto.
Raquel levantó la vista.
—¿En qué?
El anciano cerró finalmente el manuscrito y apoyó una mano sobre la cubierta de cuero envejecido.
—En qué ocurriría si algún día alguien conseguía recuperarlo completo.
Nadie respondió.
Las palabras permanecieron presentes en la cámara mientras el eco lejano del viento recorría las ruinas situadas sobre sus cabezas.
Raquel volvió la vista hacia los relieves del corredor. Las figuras grabadas en la piedra ya no parecían sabios reunidos alrededor de un gran descubrimiento. Ahora veía hombres asustados intentando impedir que algo escapara definitivamente a su control.
Y por primera vez comprendió que las siete llaves nunca habían sido creadas para proteger un hallazgo extraordinario.
Las habían creado porque tenían miedo.