El Códice de la Piedra: El enigma de la Hermandad del Silencio Capítulo 12El ángulo del ocaso #3
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Capítulo 12El ángulo del ocaso #3

Deslizó el menú de configuración avanzada del sistema blindado y activó la antena de enlace satelital.

En la esquina superior derecha, el icono del transceptor parpadeó en rojo, luego en ámbar, buscando la portadora de la red privada de Adsum.

Tras un zumbido casi imperceptible del hardware, el indicador se tornó verde fijo.

Accedió de inmediato al servidor de caché de la unidad móvil y seleccionó el archivo de la subcuenca del río Roca.

El indicador de descarga avanzó: veinte, cincuenta, ochenta por ciento.

La sillería del acueducto medieval se definió de golpe en la pantalla con nitidez quirúrgica, revelando la textura de cada sillar y las deformaciones causadas por la vegetación y el tiempo.

Justo cuando se disponía a deslizar de nuevo el control para apagar el módulo inalámbrico, la pantalla se congeló.

Un destello carmesí barrió la interfaz de la simulación astronómica. Un protocolo de anulación remota de alta prioridad bloqueó el sistema operativo, un canal de comunicación forzada que Adsum reservaba para situaciones de contingencia en el campo.

Irene contuvo el aliento, con los dedos rígidos sobre el marco de la tableta.

El texto comenzó a dibujarse en la pantalla con caracteres pixelados de un blanco brillante sobre fondo rojo:

TRANSMISIÓN ENCRIPTADA // DIRECCIÓN DE OPERACIONES // ADSUM CORP DESTINATARIO: STERLING, I. REMITENTE: VANCE, M.

Sterling. El sensor térmico de la unidad móvil ha registrado actividad biológica en la cabaña del acantilado norte. Sé que estás con Geller.

Vuestro tiempo de exploración autónoma ha terminado. Las lecturas de presión en la presa vieja indican una inestabilidad estructural severa tras vuestra interferencia en la atalaya. La Confederación Hidrográfica ha autorizado la intervención de la fuerza para asegurar el área.

Las perforadoras pesadas y el equipo de demolición táctica de Adsum se despliegan hacia el sector del Acueducto de las Lágrimas a primera hora de la mañana.

Tienes hasta las 08:00 para transmitir las coordenadas del tercer hito y el algoritmo de traducción.

Si no hay respuesta, asumiremos obstrucción y procederemos a la extracción mecánica destructiva.

No habrá más advertencias. — Vance.

La pantalla volvió a quedar en silencio, manteniendo el texto del ultimátum parpadeando en el centro de la retícula topográfica.

Samuel se inclinó hacia delante para leer el mensaje por encima de su hombro. Se le abrieron los ojos y la tensión le marcó los tendones del cuello.

—Extracción mecánica destructiva... —la voz de Samuel tembló—. Van a usar las perforadoras de percusión en el acueducto. Van a reventar la sillería del siglo XI sin importarles qué hay debajo.

—Vance no busca entender la geometría de la Hermandad, Samuel —dijo Irene, tajante—.

Busca el cilindro de bronce y los planos de la red de canales.

Si destruye la estructura física pero extrae el núcleo del Códice, los inversores tendrán la patente de la tecnología hidráulica.

Para ellos, el patrimonio es solo un residuo arqueológico que limpiar antes de que suba el agua.

—Pero no entienden que el acueducto no es un simple muro de piedra —insistió Samuel, dando un paso hacia ella sin reparar en el dolor del hombro—.

Es una estructura de equilibrio de presiones.

Si meten las perforadoras pesadas en la base del tercer arco, provocarán un colapso en cadena de las galerías subterráneas.

Todo el sistema se vendrá abajo antes de que accedamos a la cámara del legado.

Lo sepultarán todo bajo toneladas de escombros y lodo.

Irene miró a Samuel. Su rostro, surcado por la fatiga y el dolor, mostraba una determinación ajena a los despachos de la sede central de la multinacional.

—No vamos a enviar las coordenadas —dijo Irene.

Con un movimiento seco, deslizó la mano hacia el lateral de la tableta, extrajo la tarjeta SIM del compartimento estanco y, con la punta de su navaja táctica, inutilizó el conector de cobre de la antena integrada. La pantalla parpadeó un instante antes de mostrar el icono de desconexión definitiva.

Samuel la observó en silencio, con la vista fija en los componentes dañados.

—Acabas de rescindir tu contrato —dijo él, en voz baja.

—Acabo de elegir bando, Geller —respondió Irene, mientras guardaba la tableta modificada en su mochila impermeable y se ajustaba las cinchas del arnés—.

Vance cree que tiene el control porque maneja la fuerza bruta, pero todavía no sabe qué arco del acueducto debemos abrir.

Si nos movemos ya, les ganaremos la delantera por el desfiladero antes de que su equipo de seguridad despliegue el perímetro de exclusión.

A lo lejos, amortiguado por la lluvia y el aullido del viento que batía el acantilado, un sonido grave y rítmico reverberó contra las paredes de piedra del desfiladero.

No era el trueno de la tormenta, sino el eco sordo de los motores diésel de las excavadoras de Adsum Corp, que ya ascendían por la pista forestal del valle.