El club de los soñadores Parte 5. Canal Videoclub Don Quijote
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Parte 5. Canal Videoclub Don Quijote

CANAL VIDEOCLUB DON QUIJOTE

Después del covid

Cuatro años más tarde.

Abrí los ojos pensando en todo lo que tenía que hacer a lo largo del día y me levanté tan decidida que salí sin mascarilla.

Con la llegada del verano habían levantado el uso obligatorio de mascarillas, aunque la gente seguía usándolas en interiores y en el transporte público. Pero el verano y sus olas de calor y tifones nos habían desarmado a todos.

En pleno otoño ya podía salir al parque a tomar el aire fresco.

Cinco años antes, también en otoño, había subido a ese mismo pabellón del parque para apaciguar mi melancolía después de dejar mi trabajo de producción y volver a Daejeon en busca de un nuevo rumbo para mi vida.

Entonces, sumergida en los recuerdos del videoclub, decidí empezar un canal de YouTube para buscar al dueño, y gracias a eso me convertí en youtuber .

Luego, el señor Don me invitó a España y participé en una marcha como don Quijote.

Aquella marcha que defendía valores tan abstractos como los sueños, la esperanza, la amistad o la justicia valió la pena.

Gracias al vídeo La última aventura del Club de La Mancha con solidé mi canal y pude continuar ofreciendo contenido constante; luego vino la pandemia, que propició un impulso al consumo activo de contenido en YouTube.

Durante ese tiempo no volví a romper la norma de subir vídeos dos veces por semana.

En ellos hablaba de libros y películas e incluso me aventuré a invitar a cineastas y escritores.

Gracias a los contactos de Min pude llamar a la gente del cine, y, a través de editoriales en la web de Book Editor, contacté con escritores.

Tuve mucha suerte. Nada habría sido posible sin la compañía de quienes me rodeaban. Min sigue a mi lado, y ahora está a cargo de grabar, editar, conducir y elegir a los invitados.

¿Cómo lo he conseguido? Muy sencillo: registrando el matrimonio antes de celebrar la ceremonia.

Cuando volvimos de España y nos centramos en editar el vídeo, discutimos bastante.

Sin embargo, conforme más discutíamos y más tiempo pasábamos trabajando juntos, aquel principio de no salir con alguien del trabajo se fue desvaneciendo, más que nada porque era un hombre responsable y educado.

No iba a dejar que alguien así se me escapara, tenía que conseguir que se quedara conmigo en Daejeon.

Ya solo nos queda la boda, que aplazamos por la pandemia, aunque siempre priorizamos el trabajo, que nos tiene demasiado ocupados.

Al principio vivíamos en el sótano, pero pronto nos mudamos al segundo piso del mismo edificio.

Vamos, que nos habíamos hecho con todo el edificio.

¿Por qué? Pues porque Sang-eun y yo somos amigas. El año pasado, Seong-min renovó el contrato de alquiler con la planta baja y subió el precio trescientos mil wones, así que Sang-eun se planteó cerrar la cafetería. Sin embargo, Min y yo la convencimos de que renovara el contrato y el espacio mismo.

Ahora se llamaba Don Quijote Book ella se encarga de la comida y la be bida, y yo de los libros y el marketing .

Abajo grabamos para YouTube y arriba llevamos el local.

Los amigos que pasan por Daejeon nos visitan después de comprar pan de Sungsimdang.

Permitir comida de fuera fue una gran idea, porque no vendemos tantos aperitivos, pero ahorramos en ingredientes y mano de obra, y así Sang-eun ha podido elaborar un menú meticuloso de bebidas que encajan con el pan, incluyendo cócteles y vino.

Ya ha pasado un año desde que abrimos juntas el local y se ha convertido en uno de los lugares emblemáticos de Seonghwa-dong. Por mucho que nos vaya bien, ambas sabemos que es difícil superar a una gran marca, pero sí que podemos subirnos al carro y por eso hacemos tan buen equipo.

Después de pasar un rato en el parque Yangji gestionando mis emociones, me paré en una inmobiliaria de la calle principal, que había conocido a través de mi madre.

Asesoraban bastante bien y ya me había convertido en clienta habitual.

Luego pasé por una tienda de dónuts, aunque no era la misma a la que solía ir el señor Don para traernos rosquillas cuando salía a repartir.

Ah, es verdad, el señor Don se ha convertido en el Cervantes de Barataria.

La mitad de su territorio ha sido conquistado por el autoproclamado Gran Sancho, es decir, Han-bin y su nuera, y ambas facciones siguen cooperando y discutiendo simultáneamente.

Cada vez que hablaba con el señor Don tenía que oír las quejas sobre su hijo y su nuera, y cada vez que hablaba con Han-bin me tocaba escucharlo quejarse de lo terco que era su padre.

Han-bin y su mujer convirtieron Barataria en una cafetería conocida que atendía a un gran número de clientes nacionales debido a la pandemia.

El dueño, un símbolo del lugar, se hacía fotos con los clientes y los invitaba de vez en cuando.

Sin embargo, desde el año pasado había dejado de participar como antes, ya que necesitaba centrarse en su novela, para disgusto de Han-bin.

Sin embargo, la principal razón por la que ambos siguieron coexistiendo era el nuevo ciudadano: justo antes de la pandemia, a finales de 2019, Han-bin y su mujer celebraron una modesta boda en Barataria, y al año siguiente nació su hijo.

El nombre O-reum se lo dio su abuelo siguiendo su preferencia por los nombres puramente coreanos.

La existencia de O-reum Jang se había convertido en la razón de ser de Barataria. El primer ciudadano nacido en aquella república era sencillamente adorable y encima tenía una tía como yo, que cada año se toma un descanso de su apretada agenda para ir a verle.

–No todo es ganar dinero.

Eso me dice Han-bin cuando hablamos. ¿Ser padre le ha hecho madurar?

–El dinero llega solo si te juntas con quien lo gana.

Bueno, más o menos.

–Dime: ¿por qué no volvemos a grabar algo en Barataria? No hemos estado promocionándola mucho y papá se ha vuelto a ir, así que tenemos problemillas. No veas lo que come O-reum. El año que viene le toca ir a la guarde…

Ah, después de sentir lástima por tu pobre amiga y darle consejitos, por fin reconoces lo que vale Jin-sol, la youtuber con trescientos mil suscriptores.

Ahora cambias de parecer. Al final, si se habla de dinero, bueno…

, mejor dicho, se habla por dinero. Porque, en mi caso, gano dinero contando historias, hablando de cine, de libros…

Continúo creciendo gracias a que comparto historias con mis Amigos.

Todo se lo debo a la novela El Quijote , esa antigua historia de una tierra lejana que ha arraigado en mi corazón y nos ha unido trayéndonos hasta el día de hoy.

Cuando regresé con los dónuts, el empleado de Don Quijote Book & Pub me saludó amablemente. Antes de trabajar allí ya era cliente habitual y el amigo especial de Sang-eun. Le ofrecí algunos dónuts y subí al segundo.

Cuando entré en casa, Min estaba recién despierto preparando café, todavía en pijama. Sigo llamándolo más por su nombre que de forma cariñosa. Le pedí un poco de café y consulté la agenda.

Teníamos programada una transmisión en directo con un director veterano cuya película estaba a punto de estrenarse y que había sido alumno de la escuela de cine donde estudió Min.

Nos había pedido aparecer en el programa para ayudar a promocionar su película y Min me confesó que verle hacer eso a él, que lo había ignorado en sus tiempos de gloria, le causaba una gran satisfacción.

Puede que el canal no llegue al millón de suscriptores, pero nuestros Amigos son muy leales.

Si BTS tiene a sus fans las Army, yo tengo a mis Amigos.

Eso digo siempre al final de los vídeos.

Ellos me han acompañado en un viaje por el mundo del cine y los libros, en busca del señor Don y en la última aventura junto al Club de La Mancha en el festival de Cervantes.

Por la tarde tenía varias cosas pendientes. Le había pedido a la inmobiliaria que, si en Seonhwa-dong no encontraba nada, buscase también por las zonas de Junang-dong y Daheung-dong, así que tendría que recorrer pisos con el dueño de la agencia esa misma tarde. Nos quedaba menos de un mes allí.

El verano pasado, Seong-min acabó vendiendo el edificio, que no pudo vender antes por la pandemia.

Recibimos una orden de desalojo y, como nuestro contrato estipulaba que tendríamos que irnos si el edificio se vendía, teníamos que desalojar todas las plantas.

Una lástima, pero en cierto modo fue una suerte que ganásemos esos cuatro años por el covid.

Marcharme de allí me causaba una pena tremenda, pero también quería aprovechar esa oportunidad para buscar un espacio adecuado y más estable.

Bajamos al primero. Sang-eun sin duda se había quedado dormida, porque no había llegado aún. Min se puso manos a la obra en su zona privada, con el portátil y a hacer unas llamadas. Yo bajé al sótano, al estudio de Videoclub Don Quijote.

Era el lugar que había sido reabierto por Han-bin, antigua casa del señor Don, y mi primer lugar de grabación, alquilado por trescientos mil wones mensuales.

Cuando las cosas se ponían difíciles recordaba la primera noche de invierno que pasé ahí, hacía cinco años, temblando de miedo, de frío y por los fantasmas, los bichos, el moho, un futuro incierto y las pocas visualizaciones.

Aunque había mejorado como creadora, quería seguir manteniendo viva esa sensación, y por eso seguía ocupando ese lugar lúgubre y húmedo como estudio y principal entorno de rodaje.

Habían dejado un paquete en la puerta: un libro. Los autores suelen enviarme libros nuevos para promocionar en el canal, así que lo recogí sin darle importancia, pero tuve un presentimiento.

El nombre del remitente era algo inusual.

Ban Tae-su.

Era un apellido poco común para un escritor, por lo que quizá se tratase del nombre de una editorial. Tampoco era raro que me enviasen libros de su catálogo para promocionarlos.