Parte 3. República Libre #9
Primero invité a un director de cine independiente que me había presentado Min; su próxima película estaba a punto de estrenarse y quería que nos hablase de ella y sobre el recuerdo que guardaba de los videoclubs.
El vídeo no obtuvo una respuesta muy entusiasta, pero al menos me llevé la satisfacción de haber aportado mi granito de arena al cine independiente coreano.
A continuación, probé con una nueva sección que consistía en explorar los mejores restaurantes de Daejeon junto a Sang-eun, cosa que tampoco causó mucha reacción y descartamos al tercer vídeo.
Para hacer algo que otros ya hacen hay que tener cierta particularidad o un conocimiento extraordinario, y yo no tenía ninguna de las dos cosas.
Tras mucho deliberar decidí empezar otra sección, donde entrevistaría a gente que, como el señor Don, no abandonaba sus sueños.
Quedó descartada a la segunda, después del golpe definitivo, cuando alguien comentó que era una mezcla barata entre Maestros de la vida y Cosas que pasan en el mundo .
No soy de dejar que me afecten las críticas sin fundamento ni los comentarios malintencionados, pero ante una observación que da en el clavo no me queda otra que agachar la cabeza.
En busca de Don Quijote había tenido demasiada fuerza y difícilmente algo podría reemplazarlo, el número de suscriptores empezó a bajar como un reloj de arena, igual que lo hicieron mis ingresos. Cada vez que apuntaba los números en el archivo de Excel terminaba resoplando.
Pasados dos meses desde mi reencuentro con el señor Don, decidí volver a mis inicios y seguir con reseñas de libros y películas, cosa que no detuvo el declive del canal.
La gente seguía preguntando cuándo aparecería el señor Don, y yo respondía que no lo sabía, que eso dependía de él.
Esperaba que viese aquello y decidiese venir por su cuenta.
La respuesta a su aparición sería más que entusiasta.
Incluso podría repuntar la popularidad del canal si se convertía en un invitado recurrente y nos dedicábamos a recordar momentos del videoclub, leer y debatir sobre El Quijote , o reencontrarnos con quienes habían contribuido a la búsqueda, y hasta podría invitar a los Amigos para que tuvieran un encuentro especial con él…
Me emocionaba solo de pensarlo, pero entonces me asaltaba otro pensamiento: ¿acaso no era capaz de sostenerme sin ayuda del señor Don? Me frustraba pensarlo.
«Él debe estar en Barataria y no puede volver al videoclub. Ya no es Don Quijote, sino Sancho». Me repetía lo mismo una y otra vez para grabármelo en la cabeza.
Han-bin me llamó mientras estaba leyendo un libro que me había enviado un Amigo de una editorial independiente.
Era un ensayo demasiado denso y seguía dudando si incluirlo en la sección o no.
El corazón me dio un vuelco cuando sonó el teléfono.
¿Podría ser que el señor Don fuera a aparecer por fin?
Ni siquiera era una llamada suya y tenía el corazón a mil.
Quién me iba a decir que respondería una llamada de Han-bin con tanta emoción.
Respiré profundamente y descolgué.
–Oye, ¿sabes algo de mi padre? –soltó con una mezcla de premura y enfado en la voz.
–Si no tiene mi número. No nos hemos escrito ni llamado.
–¡Vaya tela! A ver dónde leches se ha metido. ¿En serio no sabes nada? ¿No pensaba ir a verte?
–¿De qué hablas? Si lo hubiera visto, te lo diría.
–Pues se ha esfumado. Desaparecido en combate.
–¿Eh? ¿No habrá salido un momento?
–Llevo dos días sin verle. Tiene el teléfono apagado. Estamos en plena temporada de verano y tiene que fastidiarnos así. ¿De verdad no sabes nada? No estarás tramando nada con papá, ¿no?
–¡A ver, calma! ¿No te preocupa? ¡Es tu padre! ¿Has denunciado su desaparición?
–¡Yo qué sé! Este viejo nunca me escucha.
–Eres tú el que no escucha. ¿Qué pasa? ¿Habéis vuelto a discutir?
–Discutir, discutir, no… Ha sido una peleílla tonta. Pero es que se larga a pescar cuando le da la gana y la gente no deja de preguntar por él para hacerse fotos. Pero nunca está. ¿Es para enfadarse o no? ¿Eh?
–Vamos, que de peleílla nada. Ha sido una buena bronca.
–Bueno, puede ser. No te lo voy a negar. Si hasta mi novia me ha dicho cuatro cosas. ¡En fin! Si sabes algo, avísame de inmediato. Dile que su hijo está reflexionando sobre el tema.
–Eso se lo dices tú mismo. ¿Por qué le echas el marrón a otro?
–¡Vaya tela! ¡Por favor te lo pido! Sabes el gran respeto que te tengo.
Dicho aquello colgó como un cobarde.
El señor Don había desaparecido.
Por un breve, brevísimo instante, me imaginé saliendo con la cámara en su búsqueda. Pero eso no iba a ocurrir. No pensaba recurrir al reciclaje de programas de éxito en mi canal, como hacían en la industria televisiva.
Lo que sí sentía era curiosidad y preocupación por su paradero.
La verdad era que lo echaba de menos. Llevaba echándolo de menos desde Jeju y solo me había percatado al enterarme de su desaparición.
Aunque ahora fuese Sancho, para mí seguiría siendo Don Quijote eternamente. ¿Dónde demonios se había metido ahora?
* El haejangguk es conocido como el caldo que cura la resaca. ( N. de la T .)