Parte 2. En busca de Don Quijote #16
–Mi padre lo ha sido, ¿por qué yo no? Es legado familiar. Gané un concurso de escritura en primaria y tengo más sentido común que cuando era un chaval. En fin, voy a hablar con él hoy.
–Mmm… Si yo fuera él, te diría que lo intentases y que, ya que tu padre se quedó con el depósito, lo hicieses primero sin contrato.
–¿De qué hablas? Si lo hago, sería con otro contrato nuevo.
–Déjate de bobadas, por favor. Ya he subido el vídeo a YouTube, así que lee los comentarios y aprende. Este mundo no es fácil.
Colgué y me sequé las lágrimas. Esa actitud suya tan descabellada e imprudente a la hora de hacer lo que fuera que le diese dinero me recordaba a Don Quijote.
Agotada, estaba a punto de apagar el ordenador, pero antes abrí el correo por si me habían escrito. Guardaba un atisbo de esperanza de que alguien pudiera conocer a la productora que había desaparecido con el señor Don.
El breve momento de anticipación al abrir la bandeja pronto se transformó en sorpresa. El asunto del nuevo correo era tan impactante que sentí que todo mi esfuerzo había dado sus frutos.
«Hola, me llamo Ju-yeong Min y trabajé con Yeong-su Jang».
Cliqué en el correo como si se tratase de una bomba a punto de explotar.
Hola, Sancho.
Me suscribí al canal hace un mes más o menos.
Sé que estás tratando de encontrar a alguien que sepa algo de su presente o pasado y por eso pensé que debía escribirte.
Sin embargo, me ha costado hacerlo por todo el arrepentimiento que llevo dentro con respecto al señor Jang. Espero que lo comprendas.
Soy yo quien dejó Firestone junto con él, la persona a la que estás buscando.
Trabajamos juntos, escribiendo y vendiendo guiones, durante tres años después de dejar la empresa.
El señor Jang, autor de muchas obras excelentes, confió en mí para debutar, pero no pude ayudarlo a cumplir su sueño debido a mi falta de conocimientos.
En 2016 perdimos el contacto y desconozco su paradero actual.
Siento un gran respeto por él, ya que he sido testigo de su perseverancia escribiendo obras de acuerdo con sus sueños y convicciones, en una lucha constante contra el abuso y los contratos injustos dentro de la industria, incluyendo Firestone.
Estoy dispuesto a hablar sobre ello en el canal si hace falta.
No me gustaría que el honor y la franqueza del señor Jang se malinterpretaran.
Yo también tengo curiosidad por saber dónde está ahora y eso me ha dado valor para hablar.
Revelaré en una entrevista la verdadera faceta que conozco del señor Jang como guionista para mostrar su lucha contra las injusticias del mundo desde la verdad. Ese hombre me ha dado tanto…
Dejo mi número de teléfono, o también puede responder a este mismo correo.
Ju-yeong Min
Estaba anonadada, como si me hubiese caído en los pies un billete de lotería.
El nombre por sí solo no revelaba mucho, pero el contenido del correo rezumaba sinceridad y disposición a aparecer en el canal.
La entrevista perfecta se había presentado sin más ante mí, así que no iba a dudar de semejante golpe de suerte.
Más bien, me lo tomé como una recompensa por todo el esfuerzo dedicado a encontrar al señor Don y sacar adelante el canal.
Sentía un hormigueo en todo el cuerpo, como si me estallasen fuegos artificiales en el estómago.
Fui directa al grano.
Sin dudarlo, marqué el número que dejaba al final del correo. Al momento, una voz masculina y grave sonó al otro lado. Confirmé que era Min Ju-Young y me identifiqué. A medida que hablábamos, el hombre parecía más tenso y acelerado.
–Dime una hora y voy yo mismo a Daejeon.
No tenía que recurrir al coche de Han-bin esta vez, así que acordamos directamente una fecha para la entrevista. Sentí una oleada de emoción, como si el final de mi viaje en busca del señor Don llegase a su fin.
30
El último testigo
El productor Min me contó que ya había estado en el estudio antes, por el año 2015, cuando el señor Don se pasaba los días allí encerrado. Habían perdido un poco el contacto, así que fue a visitarle y permanecieron un día y una noche en aquel sótano.
–Cuando llegué, había comprado tofu salteado y bindaetteok y tenía la nevera llena de soju para recibirme. Creo que nos pasamos toda la noche comiendo, bebiendo y charlando. En algún punto de la borrachera me quedé dormido en este mismo sofá.
El hombre era un poco más alto que yo y más robusto.
Tenía pinta de hacer deporte, por el torso ancho y corpulento, y de no ser por las gafas de montura negra que llevaba habría tenido un aspecto más tosco.
Sin embargo, al verle pasar la mano por el sofá con expresión ensimismada, me pareció un bonachón y se me escapó una sonrisa.
–Me despertó al día siguiente. Le pregunté dónde había dormido él, ya que me había cedido el sofá, pero no dijo nada.
Solo insistió en que fuéramos a comer algo para reponernos de la resaca, así que lo acompañé a comer kalguksu y me volví a Seúl.
Esa fue la última vez que nos vimos. Durante un tiempo nos seguimos llamando, pero en algún punto dejamos de hacerlo.
–¿Cuándo fue eso?
–A principios de 2016.
Me giré hacia Han-bin, de pie a mi lado, y él asintió muy serio. Cuando llegó por la mañana estaba la mar de dispuesto a interrogar a Min, pero se había amedrentado, como si la apariencia ruda y los diez años que le sacaba Min lo intimidasen.
–Bien, comencemos.
Me senté en un taburete junto al productor Min, mientras que Han-bin, ya acostumbrado a grabar, se colocó detrás de la cámara para presionar el botón.
Los miré a ambos y di una palmada que indicaba el comienzo de la grabación.
–¡Hola! ¿Qué tal? Aquí Sancho, de vuelta con la exclusiva que os prometí. Amigos míos, hoy nos hemos reunido con el hombre que estábamos buscando, el productor que trabajó por última vez con el señor Don. Bienvenido.
–Buenos días. Soy Ju-yeong Min.
–Salude a nuestros Amigos. Solo tiene que decir en español: «Hola, ¿qué tal?», y agitar la mano.
–Ho-hola, ¿qué tal?
–¡Fantástico! Como bien sabéis, Amigos, Won-bin y yo llevamos meses entrevistando a personas que conocieron al señor Don.
Gracias a esos recuerdos ahora podemos comprenderlo mejor y hemos conseguido algunas pistas sobre su paradero.
Sin embargo, llegamos a un punto muerto tras la entrevista con el director ejecutivo S, de la productora F.
No sé si nos ha bendecido don Quijote, Cervantes, Rocinante o Dulcinea, porque el productor Min se puso en contacto por su cuenta y accedió a venir al estudio. Gracias de nuevo.
–No es nada.
–Le conocimos por el director S, cuando comentó que en 2013 lo dejaron y se marcharon juntos de la compañía. Por un momento, casi me pareció algo romántico, pero ya veo que no. Sin embargo, ¿por qué cree que usó esa expresión?
–Él siempre se ha expresado de manera peculiar, y se vuelve bastante vulgar cuando está con otros hombres.
–Veo que empieza fuerte. ¿Está bien?
–He venido para ser completamente honesto. Me molesta sobremanera que haya distorsionado la esencia del señor Don y solo mencionase aspectos superficiales. Me gustaría hablar del hombre que yo conocí.
–Bien. Solo por su iniciativa de venir me parece que es alguien fiable. Ahora, cuéntenos en detalle sobre su relación con el señor Don. ¿Cuándo se conocieron?
–Fue por el año 2010, cuando me uní a H Films, predecesora de la compañía F.
Por aquel entonces él ya estaba trabajando en El tribunal de la ira .
Había terminado el decimosexto borrador y estaba bastante bien, pero todos evitaban coger el proyecto porque él ya era un hombre entrado en años. Yo mismo me atreví con ello.
–Comprendo. ¿Qué clase de obra era para llevar tanto tiempo trabajando en ella?
–La historia trataba sobre un grupo de personas que irrumpen en el tribunal llevando máscaras de don Quijote, indignados por el fallo del poder judicial, y toman rehenes allí.
En medio del secuestro se ponen las togas y juzgan por su cuenta a los políticos corruptos y miembros del tribunal judicial implicados en escándalos.
–Es bastante radical. ¿Cómo acababa la historia?
–Antes de mi participación acababa mal, pero lo reestructuramos para que tuviese un final feliz.
–¿Cuál era el final feliz?
–Quienes sufrieron un juicio injusto son juzgados adecuadamente y salen con vida del tribunal.
–¿A él le pareció bien el cambio?
–En los guiones de cine hay infinidad de revisiones. Él ya había planteado varias versiones, algunas con final feliz, así que no le importó mi sugerencia. El problema fue que el director S no estaba satisfecho y estuvo mareando la perdiz.
–Mareando la perdiz…
–No paraba de cambiarlo. Decía que así no iba a poder conseguir actores ni inversores.
–¿Por qué? ¿No le interesa al productor que el proyecto se haga película?
–Hay pocos actores de primera categoría capaces de atraer financiación. Conseguir que lean el guion y lo elijan depende de la habilidad del productor, cosa que S no tenía por aquel entonces.
–Comprendo.
–Fue pura suerte que Miracle Child tuviera éxito y ayudase a expandir la compañía hacia el mundo de las series dramáticas. Entonces sugerí que adaptasen El tribunal de la ira , pensando que sería la única manera de que el director hiciera un contrato con el guionista.
–Por eso en 2012 firmaron para hacer una adaptación y produjeron cuatro capítulos en ese mismo año, pero no llegaron a emitirse.
–Digamos que no funcionó.
–Eso es un poco ambiguo.
–En pocas palabras, hubo censura interna. Creo que S no tuvo valor para sacar una historia tan provocadora que hablaba de política y poder judicial. Firmó el contrato a regañadientes, no tenía intención de sacar el proyecto adelante.
–¿Qué? ¿Y por qué siguieron? Desde Hwani…, perdón, H Films…, ya se estaba escribiendo, ¿no?