El club de los soñadores Parte 2. En busca de Don Quijote #13
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Parte 2. En busca de Don Quijote #13

A través de estas cuatro personas conocimos cómo fue la vida del señor Don desde 1982 hasta 2013, pero aún faltaba una parte crucial.

Teníamos que averiguar su paradero desde 1999 hasta principios de los 2000, y desde 2005 hasta la actualidad.

Analicé cada detalle escrito en la cartulina una y otra vez.

El señor Don seguía moviéndose y cada vez que lo hacía se enfrentaba a un nuevo desafío.

A principios de la década de los noventa empezó su vida de casado y crio a un hijo mientras trabajaba en el distrito académico de Daechi-dong, en Gangnam-gu.

En 1997 su matrimonio entró en crisis, mientras trabajaba en la editorial en Seogyo-dong, Mapo-gu.

Según Han-bin, después de divorciarse, en 1999, había estado viviendo en un ático en Eunpyeong-gu mientras soñaba con ser director de cine.

A Han-bin le gustaba verle una vez al mes porque le permitía ver vídeos y comer hamburguesas, tteokbokki y frituras, que su madre le prohibía en casa.

Con la edad que tenía en aquel entonces, no entendía del todo las películas que su padre le ponía, pero él se las explicaba y le recordaba que algún día se convertiría en un cineasta que haría películas como esas.

Sin embargo, ni Han-bin ni yo sabíamos si llegó a convertirse en cineasta, ni por qué luego acabó marchándose de Seúl para abrir un videoclub en Daejeon, un lugar con el que no guardaba ninguna conexión.

En definitiva, teníamos que encontrar a alguien de la industria cinematográfica que hubiera trabajado con él.

Alguien que conociese su sueño frustrado con el cine podría saber algo sobre su paradero actual.

Revisé cuadernos, notas, agendas y material impreso para encontrar algún apunte o nombre relacionado con alguna película o agencia, pero nada.

No podía rendirme tan fácilmente. Encendí el portátil y probé varias búsquedas.

«Director Jang Yeong-soo, guionista Ja ng Yeong-soo, director Don Quijote, Don Quijote Jang Yeong-soo…

». Ni un solo resultado relevante. Busqué en portales de empleo para profesionales del cine, como había hecho con Hakgangmo y Book Editor, y así encontré Cineastas.

Aunque la mayoría de las ofertas eran para miembros de equipos de rodaje, no encontré nada específico para guionistas. Frustrada, llamé a Han-bin.

–¿Es que no piensas dejar de llamarme? –me preguntó con un tono inusualmente serio.

–¿Qué dices?

–Mi novia lleva sospechando desde que vinimos de Tongyeong.

No pude evitar chasquear la lengua ante semejante estupidez.

–Mira, tú, así de poco fiable serás para que sospeche de ti. Si tiene alguna duda, que me llame. Ya le dejo yo claro que no me atraen nada los hombres jóvenes tocapelotas como tú.

–Uff. Para qué hablo.

–Déjate de tonterías y escucha con atención. ¿Recuerdas algún colega de tu padre de cuando trabajaba en el cine? Un director, productor…

–¿Eh? Pues… creo que sí.

–Piensa bien. Porque no encuentro ninguna pista por más que busque.

–¡Ya sé! El coletas. Que me daba dinerillo de vez en cuando…

–¿Cuándo fue eso?

–En la Copa del Mundo. El Mundial de 2002 contra Italia. Lo vi con papá y otra gente de la empresa. Era un sitio bastante cutre en Nonhyeon-dong, pero, como era una productora de cine, lo proyectaron en la pared y lo vi en grande. ¿Te acuerdas del partido contra Italia? Buah, el momentazo…

–Vaaale. ¿Cómo se llamaba ese hombre? ¿Y el estudio de cine?

–A ver, espera. Estoy pensando… Sí. Decía que sentía una especie de afinidad con Jung-hwan Ahn…

–No te flipes. Si eso fuera así, no lo recordarías como el coletas, sino como un señor guapísimo.

–Eso es. ¡Ah! Es que el nombre terminaba con la misma sílaba. Sí, igual que la productora. Eso, eso. ¡Hwan Films! Lo he clavado.

–Hwan Films…

Me pegué el teléfono a la oreja para teclear en el portátil y aparecieron varias entradas con ese nombre, pero ninguna era lo que estaba buscando. No me extrañaba que, con lo rápido que cambia todo, ya no existiera.

Cuando le dije a Han-bin que no encontraba nada, él exclamó:

–¡Ah, no! ¡Es Hwani Films! Ya me acuerdo del nombre, ¡Myung-hwan Seong! Estoy hecho un máquina, ¿eh? Lo he logrado.

–Vale. Cuelgo.

A la velocidad de la luz busqué el nuevo nombre y desplacé la barra hacia abajo hasta dar con un artículo de 2007.

¿Crisis en el cine coreano? ¡No está todo perdido! El joven cineasta Myung-hwan Seok, director de Hwani Films, avanza sin freno.

No era Myung-hwan Seong, sino Myung-hwan Seok.

No sé si Han-bin lo habría dicho mal o lo habría escuchado mal en su momento, pero lo encontré.

Bajo el título aparecía el hombre con el pelo recogido en una coleta, pendientes en forma de cruz y una camisa Burberry, con una apariencia no muy juvenil, los brazos cruzados y una leve sonrisa en los labios.

Leí el artículo rápidamente. Comenzaba con un cliché sobre cómo la industria cinematográfica había empezado a congelarse en 2006, provocando el colapso de productoras consolidadas y marcando el comienzo de un periodo de estancamiento para el cine coreano.

Luego ahondaba en el tema principal: la prometedora llegada de una nueva productora.

A continuación, presentaba a su director y los proyectos en que estaba trabajando.

Los títulos eran bastante cutres: Monster TV , El hombre que dejó de ser humano , Amante de la luz verde , Guerra de zombis…

¡Madre mía! Jamás había oído hablar de esas películas.

A saber cómo eran, teniendo semejantes títulos.

Vaya decepción me llevé. Esperaba que el señor Don hubiese escrito un guion inspirado en don Quijote. Aguanté y seguí leyendo hasta el final, donde por suerte encontré algo relacionado con él.

Sobre todo, El tribunal de la ira , que Hwani Films está preparando como obra inaugural, está basada en un guion escrito por un guionista que estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Seúl, redactado en siete años de arduo trabajo.

El proyecto estará dirigido por el prometedor cineasta Cheol-jin Go, ganador del premio al mejor cortometraje en el Festival de Locarno.

Aunque todavía no se ha confirmado nada, se rumorea que está prácticamente confirmada la participación de dos actores masculinos de primera categoría y solo falta firmar papeles para comenzar el rodaje.

La frase que captó mi atención: «Un guionista que estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Seúl».

No cabía duda de que era él, aunque con un título tan cutre como los anteriores me costaba creer que fuese obra suya.

El hecho de que no mencionara su nombre sino la universidad donde había estudiado me dio ganas de abalanzarme sobre Myung-hwan Seok y tirarle de la coleta.

En la época del videoclub, siempre que le preguntaba cuándo saldría una película con un guion suyo, el señor Don me decía que las películas no las hacía una sola persona.

El productor tenía que aprobar el guion y solo entonces se sumaban los actores al proyecto y se invertía en el presupuesto para llevar a cabo la película.

–¿Un productor no es el que pone el dinero para la película? ¿Y qué hacen entonces?

–Devolver guiones.

Por tanto, el productor Seok era quien conocía las andanzas del señor Don en la industria del cine, y me daba la sensación de que sería el siguiente al que tendríamos que conocer.

Puse su nombre en el buscador y revisé los resultados con la esperanza de que hubiera hecho al menos una película de gánsteres de mala calidad y quedara rastro en internet.

Un montón de resultados llenaron la pantalla.

Para sorpresa mía, todos hablaban de la carrera y los logros del hombre.

Miracle Child , basada en un webtoon que en 2012 había tenido siete millones de espectadores.

Madre mía. Había una lista de títulos de películas que me sonaban, todos alineados con sus respectivos premios.

Más abajo, otro artículo, con el titular: «La imparable perseverancia del productor Seok Myung-hwan».

Hablaba de la expansión de su empresa Firestone Studio hacia el mundo del K-drama después de sus éxitos en taquilla.

Por desgracia, no encontré nada relacionado con el señor Don.

Tampoco me decepcionó que no lo hubiera acompañado en su camino hacia el éxito, porque, si mal no recordaba, l a adaptación de Miracle Child fue una gran decepción para los seguidores del webtoon .

Si una estrella de la época como Mu-yeong Cha no la hubiera protagonizado, no habría sido el éxito que fue.

Al parecer, el hombre sabía elegir actores de primera, y con una gran inversión hizo una película que, aunque mal escrita, fue un éxito. ¿En qué momento había tenido tanto éxito? Quería preguntarle por el camino que había compartido con el señor Don y por qué se separaron.

No podía parar. Busqué hasta encontrar el número de Firestone Studio y llamé.

–Firestone Studio, dígame.

–Hola. Llevo el canal de YouTube Videoclub Don Quijote y…

–Lo siento, no hacemos colaboraciones con YouTube.

–Ah, no. No es para grabar nada. Me preguntaba si podía reunirme con el director, Myung-hwan Seok.

–No acepta reuniones. Lo siento.

La voz de la mujer, que parecía más bien un contestador automático, dejó de oírse al otro lado. Ya me había enfadado. Bien, fantástico. Tocaba hacerlo en condiciones. Busqué la dirección de Firestone Studio y comprobé los horarios del KTX dirección Seúl.

28

El precio de un favor

Llevaba dos horas sentada en una cafetería de franquicia barata, en Sangam-dong, con la mirada fija en el edificio de enfrente.

No había ni rastro de mi objetivo, pero me pareció ver tres caras conocidas entre los transeúntes; nadie a quien quisiera volver a ver.

Maldita sea. Ahí tenía la prueba de mis años trabajando en televisión.

Sangam-dong me despertaba un amorodio que me estaba poniendo muy tensa.

Al otro lado de la mesa, Han-bin tenía la nariz pegada al móvil.

–¡Céntrate!