Parte 2. En busca de Don Quijote #12
Solté los palillos y fui directa al grano. Dae-jun se rascó la barbilla y se sentó delante de mí. Yo ajusté el ángulo de la cámara y asentí. Él me devolvió el gesto, comprendiendo, y empezó a hablar.
–Cuando acabé el servicio militar, me pasé unos tres años trabajando en un restaurante cerca del complejo gubernamental, hasta que me despidieron.
Tenía a mi abuela preocupadísima porque no salía de casa.
Entonces vino de visita un amigo de Busan y me propuso abrir un izakaya .
Acepté porque al fin y al cabo Busan me trae buenos recuerdos y me encanta el marisco, así que cogí el KTX.
–Pero si a ti te gusta todo, no solo el marisco, tío.
–¿Verdad que sí? Bueno, pero Busan es el mejor lugar para el marisco.
–Han-bin, no pongas pegas. Continúa, Dae-jun.
–Total, que durante el año que estuve trabajando con mi amigo conocí a mi esposa.
Ella estaba trabajando a tiempo parcial y, entre una cosa y otra, pues acabamos saliendo.
Es graciosísima y tiene mucha energía, y es muy fan de la marca Lotte, aunque admito que yo también me he hecho fan desde que vivo aquí. Lo siento.
–Ayy, qué cosas. Uno o tira más al Lotte o a Hanhwa.
–Han-bin, estoy grabando. No te metas.
–Aish, ¡nunca me dejas hacer nada!
–Seguís igual que siempre, discutiendo como hermanos. Je, je.
–Sigue, Dae-jun.
–Sí. En fin, que mi esposa y yo decidimos abrir este restaurante juntos. Ella hace un kimbap riquísimo, y yo me encargo de los fritos y del tteokbokki . El sundae lo compramos ya hecho. Estaba pensando en ofrecer algo nuevo y me acordé del donbokki , por eso fui a ver al señor Don.
–¿Adónde?
–Allí al sótano, donde grabas para el canal. Menuda sorpresa me llevé al verle. Estaba todo oscuro y lúgubre, parecía un topo encerrado en su cueva. Sin afeitar y con un barrigón tremendo.
Tragué saliva y comprobé que la cámara grababa bien porque sabía por experiencia que se avecinaba un momento crucial.
–Me pasé después de visitar a mi familia por el Año Nuevo.
Hacía muchísimo frío, pero allí estaba él, frente al portátil, envuelto en una manta a modo de capa y oliendo a una mezcla de hombre soltero y tabaco.
Con lo bien aseado que iba siempre cuando tenía el videoclub, qué pena me dio verlo hecho un asco. ¿Tú no ibas a verle entonces, Han-bin?
–Creo que no he hablado con él desde el Mundial de Sudáfrica.
–Ah, vaya. En ese momento andaba con el guion de una película. Estaba escribiendo. Cuando le pregunté si le iba bien, sacó una botella de soju de la nevera y sirvió dos vasos. Mientras bebíamos, le conté mi parte y le pregunté por la receta del donbokki .
–¿Y él te la dio sin más?
–No. Necesitaba prepararlo para acordarse de la receta, pero no tenía los ingredientes, así que me pidió que volviera otro día. Yo me empeñé en ir a comprarlos y abrí la nevera para ver lo que le faltaba y… ¡madre mía! Todo lo que tenía era soju y makgeolli .
–Ay…
–Salí a comprar de inmediato al supermercado, a puntito de llorar.
Me daba pena verlo tan desaliñado, él que siempre había sido tan pulcro.
En fin, compré todos los ingredientes y un poco de kimchi, fideos y algo que pudiera comer en el momento.
Estaba encantado. Después de comerse el kimchi con más soju me preguntó si tenía hambre y me preparó el donbokki .
Recuerdo verlo añadir kimchi , cebolletas, cebolla y rábano, y preparar el aceite picante con ajo y chile en polvo, y hasta el momento exacto en que añadió los fideos.
A punto de terminar me miró y dijo que faltaba el conjuro final.
–¿Conjuro? –preguntó Han-bin.
–Abracadabra, ¡rico manjar! Abracadabra, ¡rico manjar!
–¿Y estaba rico?
–Sí. Bastante. A este también le he lanzado el conjuro. Abracadabra, ¡rico manjar! –Dae-jun hizo un gesto con la mano, como si lanzase energía hacia la olla.
Ahí acababa el testimonio de Dae-jun, el último entrevistado para la búsqueda del señor Don. Apagué la cámara y nos quedamos charlando mientras comíamos. Han-bin habló de sus formas raras de ganar dinero, yo de mi modo supervivencia como youtuber , y Dae-jun de su vida en Busan.
–¿Sabéis algo de Se-rom?
Ni Han-bin ni yo supimos responder. Siempre pensé que Se-rom sería la primera que daría señales tras subir los vídeos.
Era la más joven del club, pero también la más sensata.
Sin embargo, no había rastro de ella ni de su recorrido.
Ni siquie ra haciendo uso de mis dotes como productora versada en la investigación encontré alguna pista de ella.
Dejé a Han-bin y Dae-jun charlando de sus cosas para ir al baño a secarme las lágrimas que de repente me afloraban de los ojos.
Había estado haciendo a un lado ese sentimiento, centrándome en encontrar al señor Don, pero estaba desesperada por conocer el paradero de Se-rom y la echaba mucho de menos.
Salí del baño y le metí prisa a Han-bin para irnos.
Dae-jun nos explicó muy orgulloso que el nombre del restaurante, DJ Cocina, no solo venía de las iniciales de su nombre, sino de la ciudad de Daejeon.
Era su forma de mantener su lealtad hacia el Club de La Mancha.
Al despedirnos, estreché con fuerza la mano de mi viejo amigo asegurándole que volvería a visitarle y me metí en el coche.
Dejé que él y Han-bin hablaran un rato sin meter prisa.
Me había quedado medio dormida dentro del coche aparcado en el área de descanso de Chupungyeong. Han-bin regresó del baño y se subió al coche, despertándome de un portazo.
–Pues al parecer ese director lo ha petado en Cannes –comentó como si nada arrancando de nuevo.
Recuperé la compostura antes siquiera de sorprenderme por un giro brusco de Han-bin con el coche.
–¿Cannes? ¿Qué director?
–Ese Bong… algo. Ya sabes. Búscalo en internet.
Saqué el móvil y busqué con manos temblorosas.
Internet estaba lleno de noticias sobre la victoria del director Joon-ho Bong en el Gran Premio de Cannes por su película Parásitos . Leí varios artículos con la mente en blanco, como si me hubiera explotado una bomba dentro.
–La profecía se ha cumplido.
–¿Eh? ¿Qué profecía?
–Lo dijo tu padre hace mucho. Que Bong Joon-ho algún día ganaría ese premio.
–¡Vaya gilipollez! Papá siempre estaba hablando de películas y directores increíbles.
–No. Esa vez lo dijo en serio. Me dijo que viera su debut como director. Hace poco hice una reseña para la sección.
–¿De qué película?
– Perro ladrador, poco mordedor .
–¿Qué clase de título es ese? ¿A que no le fue bien?
–No. ¿Y qué? Han-bin, esto es increíble. ¿Se habrá enterado de la noticia? Al final ha ganado el premio, tal y como él dijo… Debe de estar contentísimo.
–Pff. ¿De qué sirve que les vaya bien a otros si tú no tienes éxito?
Ignoré el cinismo de Han-bin; el corazón a punto de explotar como las esporas de un diente de león en primavera. Estaba segura de que la noticia le pondría contento. Ojalá lo supiese.
La sorpresa no acabó ahí. De vuelta a Daejeon, entré en YouTube y recordé lo que Han-bin había dicho. Se equivocaba con lo de que el éxito de los demás no importaba.
El canal había llegado de pronto a cuarenta mil suscriptores.
El vídeo de Perro ladrador, poco mordedor , bajo el título «La ópera prima de un gran director que, según el señor Don, ganará el Gran Premio en Cannes», estaba ganando visitas como reacción en cadena por las noticias del premio.
Bendito algoritmo con el que todo youtuber sueña. Me lo tomé como un regalo que él me había hecho para continuar con su búsqueda.
El apoyo había encadenado más apoyo, de donde había nacido el bendito milagro que me hizo dar las gracias a los dioses del cine y YouTube.
27
Análisis, búsqueda y descubrimiento
Tras volver de Busan me dediqué varios días a analizar los movimientos del señor Don que habíamos averiguado hasta el momento.
Con el aumento de suscriptores sentía tanta presión que apenas tuve tiempo de tomarme un café con Sang-eun.
Acondicioné una parte del estudio como si fuera una oficina de investigación: pegué una cartulina grande en la pared y apunté en ella las personas que habían tenido un papel clave en la vida del señor Don, junto a los puntos esenciales de las entrevistas de cada uno.
Director del bufete de abogados, Yeong-hun Kwon (periodo de amistad: 1982-1998)
–Compañero de habitación en la universidad y amigo íntimo del señor Don.
–Testimonio del activismo estudiantil y antecedentes penales del señor Don.
–Campos a los que se incorporaron en los años noventa los antiguos activistas: política, medios de comunicación, cultura, academias, etc.
Director Park, de la academia Mokdong (1992-1997)
–Compañero de trabajo del señor Don en la academia.
–El señor Don era muy codiciado gracias a sus habilidades como docente de inglés.
–Conflicto entre el director y el señor Don (por la exigencia excesiva a padres con bajos recursos).
–El señor Don quedó desencantado con la educación privada y dejó el sector.
Traductora Seung-ah Kim (1997-2000)
–Trabajó en la misma editorial que el señor Don durante un año y se vieron dos veces después de que se marchara.
–Al señor Don se le asignó traducir El Quijote y se obsesionó con el libro.
–Tras confrontar el abuso del profesor, lo demandó por agresión.
–Trabajó junto a la traductora y la ayudó a debutar, pero dejó la empresa.
–Posteriormente dejó la industria editorial y comenzó su sueño de ser director de cine con la idea de que el cine podría cambiar el mundo.
Dae-jun Hwang (2003-2013)
–Amigo del Club de La Mancha. Último encuentro en Año Nuevo de 2013.
–Cuenta que el señor Don vivía encerrado en el sótano (el actual estudio), donde escribía el guion de una película.
–Bebía y fumaba, cosas que antes rara vez hacía, y estaba desaliñado y más gordo.
–Consiguió la receta del donbokki del señor Don.
Otros
–Rocinante, fallecido, mecánico de bicicletas y amigo del señor Don.
–Se-rom, en paradero desconocido.