El club de los soñadores Parte 2. En busca de Don Quijote #11
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Parte 2. En busca de Don Quijote #11

Con solo oír su voz me vino a la cabeza su corpulencia y actitud relajada, apacible.

–Estás ocupado, ¿no? ¿Todo bien?

–Sí, sí. Estoy cerrando ahora mismo. ¿Hasta cuándo estáis por allí? Me acerco, aunque sea tarde.

–Anda, déjalo. No fastidies a tu mujer y ayúdala con la niña. Nos vamos a Seúl mañana temprano.

–¿Ya? Qué pena. Me encanta ver el canal. Pareces una famosa, después de haber trabajado en la tele.

–Ahora soy youtuber . Dime, viendo los vídeos, ¿no se te ha ocurrido dónde puede estar el señor Don?

–Ahora mismo no se me ocurre nada, pero seguro que algo sale si me paro a pensar. Veníos a comer y así pensamos juntos, por si se nos ha pasado algo, ¿eh? Por eso que dicen de que la comida trae recuerdos y tal.

En aquel momento comprendí de qué iba todo el asunto.

–Dime, ¿tienes tteokbokki en tu restaurante?

–Claro. Con la receta del señor Don.

A pesar de que mi estómago estaba a punto de reventar, se me hizo la boca agua. Ya podía imaginarme los fideos picantes bailándome en la boca. Cierto es que el gusto puede activar parte de los recuerdos.

–Venga, Sol. Si no estáis muy liados, pasaos por aquí. Comemos juntos y charlamos. Puedes grabar en el restaurante y subirlo a YouTube.

Accedí tras pensarlo un momento. Le devolví el teléfono a Han-bin con un Dae-jun la mar de contento al otro lado. Él levantó el pulgar y siguió hablando.

25

Críos

No tenía ni idea de que la ruta más rápida desde Tongyeong hasta Suyeong-gu, en Busan, donde estaba el restaurante de Dae-jun, sería a través de la isla de Geoje. Había que cruzar el puente y pasar por la isla de Gadeok hasta Busan.

En cada lugar al que íbamos alguien ejercía de pilar para construir un puente en nuestro viaje.

En cierto modo, así era la trama del libro que tanto adoraba el señor Don, una historia que también era del posadero, el pastor, el caballero, el preso y los comerciantes que don Quijote y Sancho conocieron durante su aventura, una aventura que terminó en Barcelona.

Casualmente, nos dirigíamos a Busan, ciudad que el señor Don había denominado Barcelona y segundo destino del Club de La Mancha. No pude evitar acordarme de lo vivido en Busan quince años atrás, adonde fuimos tan emocionados, casi eufóricos, sin saber que nos esperaba un final devastador.

El primer destino del Club de La Mancha fue Gongju, a un día de viaje.

Gongju era Granada. Fiel a la fórmula del señor Don, ambas ciudades empezaban por la misma consonante y compartían la esencia de antiguas capitales llenas de historia.

Al igual que Granada presume de la Alhambra, Gongju presume de un castillo, y por eso lo eligió como primer destino.

Mientras dábamos una vuelta por la fortaleza Gongsanseong, el señor Don nos explicó que, al igual que el río Geum rodeaba la muralla, el río Darro fluía junto a la Alhambra.

Añadió que su nombre significa «fortaleza roja» en árabe, en referencia a la tierra roja y rica en hierro rojizo con la que fue construida.

Mientras él seguía con su explicación, Seong-min, ya aburrido, le preguntó si alguna vez había estado allí.

El señor Don, algo azorado, farfulló que no hacía falta ir en persona para saber todo aquello.

Ese día visitamos la fortaleza y la tumba del rey Muryeong, y tras comer el gukbap típico de allí volvimos a Daejeon. Nuestra primera excursión había sido un éxito.

El segundo destino fue Busan. Aquella vez, Don nos dijo que pensásemos en Barcelona, y se pasó todo el trayecto contándonos la historia de don Quijote, mientras viajábamos con el Daewoo Damas de Rocinante, el abuelo de la tienda de bicis.

Describió con lujo de detalles el fin de la aventura de don Quijote en Barcelona y que la gente intentó llevarlo de vuelta a su tierra, La Mancha.

Por supuesto, Han-bin y Dae-jun se pasaron el camino dormitando, y a Seong-min ya le daba igual, por lo que Se-rom y yo éramos las únicas que escuchamos, pero que quede entre nosotros.

Fuimos a Haeundae y a Suyeong en el Damas de Rocinante. También a Nampo-dong y al parque Yongdusan. Busan, ciudad entre montañas con sus vistas al mar, nos pareció fascinante en comparación con la plana Daejeon.

Planeábamos ir al mercado de pescado de Gwangalli esa misma noche, pero Seong-min sugirió de pronto que pasáramos antes por la zona del rodaje de la película Amigo .

Parecía estar presumiendo de haberla visto a escondidas a pesar de ser para mayores de edad.

Quería ver el paso elevado donde los protagonistas compartían un momento de amistad.

El señor Don, a sabiendas del sueño de Seong-min de ser director de cine, nos convenció para acompañarlo y no tuvimos más remedio que hacerlo.

Llegamos a una pasarela que cruzaba las vías del tren.

Seong-min, emocionadísimo, nos contó que la escena en la que cuatro amigos pasaban corriendo por ahí, adelantándose unos a otros, era un ejemplo perfecto del tema central de la película, la amistad.

Pero ninguno la habíamos visto, así que no pudimos conectar con esa emoción y apenas reaccionamos.

Seong-min, ahora de morros, se empeñó en ver el poste eléctrico donde apuñalaron a Dong-gun Jang hasta la muerte, a pesar de que el señor Don se negaba.

Regresé al coche enfadada por la actitud de Seong-min. Dae-jun y Han-bin también lo parecían. Se-rom se había quedado en el coche y estaba preguntando cuándo íbamos a comer.

A través de la ventanilla del coche vi al señor Don intentando convencer a Seong-min, pero él parecía estar de mal humor, reacio a escuchar. Abrí la ventanilla y grité: «¡Vamos a comer!». Entonces Seong-min se dio la vuelta y se fue.

El señor Don lo llamó, pero él siguió andando y fue a cruzar la calle. Cuando el señor Don intentó atraparlo, Seong-min se zafó de él y echó a correr. Lo que sucedió después no pude verlo bien porque justo pasó un autobús por delante.

A continuación vi al señor Don tirado en el asfalto junto a una moto y su conductor.

Ambos se quejaban de dolor, y Seong-min, de pie junto a ellos, sollozaba que no había sido culpa suya.

El señor Rocinante corrió a una cabina para llamar a emergencias y Han-bin se abalanzó sobre Seong-min con intención de pegarle, pero Dae-jun y yo hicimos lo posible por detenerlo.

Dejaron ingresado al señor Don en un hospital de Busan por una lesión en el cuello y el hombro mientras nosotros regresá bamos a Daejeon con el abuelo Rocinante.

Seong-min volvió en coche con su abuela y su tío, que habían venido por el accidente.

Los dos asientos vacíos en el Damas simbolizaban que nuestra aventura había terminado.

Al igual que en la película Amigo , la amistad que compartíamos viendo películas, leyendo, comentando y viajando juntos como el Club de La Mancha se había hecho añicos.

En casa me prohibieron volver al videoclub y acercarme al señor Don. Mi madre, porque ya le guardaba recelo, y mi padre, porque decía que estando en el último curso debía centrarme en estudiar. No pude quejarme.

El videoclub cerrado parecía un negocio en quiebra. Me resultaba tan incómodo pasar por delante que prefería tomar otra calle.

El señor Don regresó un mes más tarde y fui a verle una sola vez. Llevaba un collarín y parecía que le costaba moverse, por lo que aún no estaba del todo recuperado. Me preparó una taza de chocolate caliente y me pidió disculpas por no poder seguir viendo películas juntos.

Estaba triste por los buenos recuerdos que tenía en aquel lugar junto a él, pero me mantuve firme y le dije que no podía pasarme más por allí porque tenía que estudiar.

En realidad, no pude volver. Un mes después, mi padre me mandó a casa de mi tía, en Seúl, como medida de emergencia. Con el cambio de instituto estaba tan ocupada adaptándome a un lugar nuevo que no tenía tiempo de pensar en el pequeño videoclub de Seonhwa-dong.

Puede que Busan, donde hicimos nuestro último viaje con el señor Don, sí que fuese Barcelona, el lugar que puso fin a la aventura de don Quijote.

26

DJ Cocina

Dae-jun se había convertido en Superdae-jun.

Ya en secundaria tenía el tamaño de un adulto, pero era mucho más grande ahora: se había transformado en un dueño de restaurante tan corpulento que parecía garantizar por sí mismo lo rica que estaba su comida.

Cuando entramos en el local con el letrero DJ COCINA, encontramos al dueño y a su esposa en un espacio de apenas treinta metros cuadrados.

Nos recibió con los ojos muy abiertos de la sorpresa.

De pie tras él estaba su esposa, la mitad que él, pero transmitía una sensación de aplomo.

Nos dio la bienvenida muy amablemente y le dijo a Dae-jun que ella se encargaba del negocio, así él podía salir a comer con nosotros.

Sin embargo, le dije que había pagado el peaje solo para comer el famoso donbokki , por lo que dejé mi bolso en una mesa del centro para coger sitio.

Mientras Dae-jun cocinaba, grabé el interior del local con la cámara; el ambiente era sofocante debido a la mala ventilación y el calor que emanaba de la cocina.

La esposa de Dae-jun nos trajo té de cebada y ensalada de col con mayonesa y nos preguntó si teníamos calor para encender el aire acondicionado, a lo que yo asentí.

Al poco, Dae-jun trajo una olla entera de donbokki hirviendo y la puso en la hornilla.

Con una risita nos dijo que normalmente ya lo servía hecho, pero pensó que querríamos prepararlo nosotros mismos.

Yo dejé encendida la cámara y arramblé con el caldo, el tteok y los fideos.

Sabía exactamente igual que cuando era pequeña, con la única diferencia de que el señor Don usaba salchicha de la marca Cheonhajangsa y Dae-jun usaba salchichas vienesas.

–Este tipo de salchicha es la que tiene más cantidad de carne. No es barata, que digamos –comentó la mar de orgulloso.

–¿Cuándo conseguiste la receta? ¿Te la dio él la última vez que os visteis?