Parte 2. En busca de Don Quijote #10
No cumplieron la promesa. Probablemente después del divorcio había cambiado de número y no pudo contactar con él.
Lo único que recordaba era su ID de HiTel, pero ese servicio ya no existía.
Con el comienzo del nuevo milenio, Seung-ah se hizo una dirección de correo electrónico, pero no sabía si él también tendría una.
La traductora quería regalarle un libro y enviarle la invitación a su boda. Mostrarle su gratitud y enseñarle lo bien que le iba gracias a que él la había ayudado en el momento más difícil de su vida. Aquello había sido como un sueño lejano.
–Ya no es necesario que me reúna con el señor Don que vosotros conocéis.
Al haber quedado con vosotros hoy he tenido la oportunidad de sacar todos los sentimientos que había estado reprimiendo y eso me ha aliviado bastante.
Sinceramente, me sentía bastante mal por no poder expresarle mi gratitud.
Por favor, decidle que gracias a él he tenido una vida decente y que espero que cumpla con su aventura.
24
Un sabor lleno de recuerdos
Salimos de la cafetería casi a las 17:00 horas.
Gracias a que había sido una entrevista muy sincera, acabé con la sensación de haber pasado dos horas muy gratificantes que compensaban las dos largas horas de viaje.
Tal vez por eso había aceptado de inmediato la oferta de Han-bin de pasar la noche allí, cuando le pregunté cuánto tardaría en llevarme a Daejeon y luego irse a Seúl si salía a esa hora.
Configuré el navegador en busca de un aparcamiento público cerca de la zona turística de la ciudad y busqué alojamiento mientras Han-bin conducía.
Al ser un destino popular entre los jóvenes, aparecieron varias pensiones por unos veinte mil wones la noche, así que reservé en una de ellas.
Aparcamos y tuve que llevarme a Han-bin a rastras, fascinado por la imagen del mar de noche, y nos dirigimos a la pensión ubicada entre el mercado de Tongyeong y Dongpirang.
El dormitorio femenino para cuatro personas constaba de dos literas, de las cuales cada una tenía una cama ocupada con maletas. Seguramente las dueñas habrían salido a hacer turismo. Dejé la mía en la primera cama libre que pillé y fui a la recepción.
Han-bin apareció minutos más tarde con ropa de entrenar y una gorra de la marca Snapback, tan campante a pesar de que le había escrito metiéndole prisa. Mi paciencia estaba al límite.
–Anda, mira tú qué predispuesto.
–Siempre la llevo en el coche. Un buen hombre de negocios tiene que estar presentable en todo momento. Bueno, ¿adónde vamos? ¿A qué me vas a invitar primero, al pan o al Chungmu Kimbap?
–No. Nada de aperitivos.
Me levanté y salí primero. Estaba tan agotada tras la entrevista y tenía tanta hambre que sentía náuseas.
Había un lugar que buscamos para el episodio de Tongyeong de Exploradores urbanos que tuvimos que descartar.
Era demasiado pequeño para grabar dentro y el dueño no cooperaba mucho, que digamos, por eso me gustó.
A diferencia de los restaurantes más turísticos con todo dispuesto, se trataba de un local sencillo regentado por un matrimonio mayor que servía los platos con rapidez y sin muchas pretensiones.
Pero ni siquiera un lugar así estaba libre de aficionados a la buena comida, porque cuando llegamos ya había un par de mesas ocupadas por parejas que parecían turistas bebiendo makgeolli .
Tuvimos que sentarnos en la última mesa libre que quedaba.
Han-bin refunfuñaba por haberle llevado al sitio más cutre, con todos los restaurantes buenos que había, y yo le expliqué que los mejores sitios de una zona siempre eran los que frecuentaba la gente de mediana edad que bebía makgeolli durante el día.
Mientras pedía un menú para una persona por treinta mil wones, y botellas de soju y cerveza, Han-bin no dejaba de mirar alrededor sin estar del todo convencido.
Como entrantes nos sirvieron maíz cocido y sopa de mejillones, además de ostras frescas típicas de Tongyeong.
A continuación, llegó la mariscada: calamar entero al vapor, vieiras al vapor, caracoles aliñados, gambas a la parrilla, sashimi de abulón, ascidias, almejas y pepino de mar.
Han-bin no paraba de hacer fotos, maravillado.
Al poco sacaron un plato de pez aguja, lubina y dorada, junto con sopa de algas hervida con carne de dorada.
Tuve que instar a Han-bin a que dejara de hacer fotos y empezara a comer.
Seguimos comiendo sin parar, pero eso no fue todo. Luego nos trajeron una ensalada de anchoas crudas, bibimbap de ascidias y tortilla de marisco. Era la primera vez que probaba las anchoas marinadas, pero sabían tan fuertes como esperaba y tenían la textura perfecta para mi paladar.
Bebimos somek mezclando tres cervezas y una botella de soju , y otra más que pedí, a pesar de que ya estaba llena. Han-bin cogió el cuenco de tortilla de marisco y le pidió más al dueño haciendo alarde de su desparpajo.
–Bueno, que con tanto llenarnos el buche no hemos hablado nada –comentó él mientras yo, en lugar de responder, vaciaba mi vaso de soju y me acababa la vieira de un bocado–. Quiero decir, que la entrevista de hoy ha sido una pasada. ¿Hasta dónde vas a desenterrar el pasado de mi padre?
–Lléname el vaso.
Han-bin obedeció apretando los labios.
–Esa clase de vídeos son los que más calan en la gente.
El compañero que se ofrece a una entrevista tras ver un vídeo que le trae recuerdos de su época en la academia…
La colega de la editorial que acepta una entrevista tras ver el contenido que hemos ido recopilando todo este tiempo…
La cosa no va solo del pasado, sino de la información que reunimos sobre el señor Don y la narrativa que construimos en torno a eso.
Creo que después de este vídeo aparecerá alguien que nos dé alguna pista del presente.
–¿Y si no pasa?
–Voy a editar bien la entrevista con Seung-ah para que cuadre con la narrativa. Además, el caso del profesor Han es bastante significativo, porque se asemeja a cuando don Quijote se enfrenta a los gigantes que son en realidad molinos de viento.
Han-bin vació su vaso y yo le serví el soju que quedaba.
–Está genial que YouTube funcione y te dé dinero, pero… creo que también tiene que servir para encontrar a mi padre.
–Ya.
Han-bin pidió otra botella de soju . Le lancé una mirada de advertencia porque no pensaba beber más, pero él me miró con fastidio y sacudió la nueva botella.
Levanté mi vaso vacío. Él llenó ambos e hizo una pausa antes de continuar.
–La verdad es que hablar con Seung-ah me ha hecho pensar en lo diferente que era mi padre del resto de los padres. Por más que le dijeran que parase con algo, él insistía en hacer las cosas a su manera.
–La gente llama a eso convicción.
–No, a ver… Si esa convicción ayuda a gente como Seung-ah y sirve para castigar a los malos y limpiar la sociedad y cosas así, bien. Pero ¿y nosotros? ¿Qué hizo mi madre para merecer tanto mal? ¿Qué hice yo para merecer vivir en esas condiciones por culpa de un padre desempleado?
La voz de Han-bin sonaba impregnada en veneno. No tenía nada que decir, así que me limité a mirarle en silencio.
–Recuerdo cuando estaba en primaria y le dije una vez como deseo de Año Nuevo: «¡Hazte rico, papá!
». No veas lo que se enfadó. La frase era de un anuncio que ponían entonces y la gente lo decía mucho, pero él me dio un discursito sobre que solo pedía dinero y dinero, y que no se debía vivir con la riqueza como objetivo.
Me molestó un montón. Porque mis padres no habrían acabado así si hubiéramos tenido dinero.
No se habrían divorciado. ¿Cómo va y me suelta todo eso y luego convierte a su propio hijo en un niño de padres divorciados por culpa del dinero?
–La verdad es que fue demasiado duro diciéndole eso a un niño, sí.
–Entonces decidí que me haría rico. El dinero era lo único que podía arreglarme la vida.
–¿No intentabas rebelarte contra tu padre?
–Bueno, puede que un poco. Mi padre siguió siendo pobre y nunca me compraba nada. Así sigue siendo.
Volvió a vaciar el vaso.
–Oye, Han-bin, ¿acaso no te llevaba al videoclub en vacaciones y pasábamos tiempo juntos en el Club de La Mancha? Hace un tiempo encontré su libro de cuentas en el cajón. Pagaba tu manutención a rajatabla. ¿No crees que ha hecho todo lo posible como padre?
–¡Gilipolleces!
–¿Gilipolleces? Tú sí que dices tonterías.
Venga ya. ¿Quién en este país se ha vuelto rico solo por decirlo?
Ahora el dinero lo es todo, venga. ¿Hace eso más feliz a la gente?
El problema de priorizar el dinero a todo lo demás es que nos hace creer que no hay nada que nos pueda hacer felices si no se compra con dinero.
–Ea, ya estás en modo Don Quijote. Uno solo quiere desahogarse y se lleva un tortazo. En fin, ya está.
Se bebió otro vaso, y yo me levanté para irme porque no pensaba emborracharme, pero él me agarró del brazo. Prácticamente se enganchó.
–Antes, en el área de descanso, hablé con Dae-jun por teléfono mientras estabas en el baño. Me dijo que, ya que veníamos a Tongyeong, nos pasásemos por Busan. Está cerca.
–Pues que venga él si está tan cerca, no te digo.
–¡Vaya tela! Que ahora es papá de una niña y tiene un negocio. Estará liado. Dice que nos echa mucho de menos y que ve todos los vídeos.
–Pues bien que no respondía nunca a los mensajes. No fastidies.
–Ya sabes que le falta un hervor. En fin, ¿y si lo llamo? ¿Eh?
Han-bin ignoró mi intento de zafarme y pulsó el botón de llamada en su móvil. Al instante, saludó a Dae-jun muy animado y se puso a fardar del atracón que se acababa de dar en un restaurante de Tongyeong.
Justo entonces se acercó la dueña diciendo que no debíamos beber sin acompañarlo con comida y nos trajo un platillo que contenía más ostras rellenitas y apretadas, sin cáscara.
Se me hizo la boca agua y empecé a comer, dejando que ese sabor entre cálido y fresco me llenase el paladar.
Han-bin me tendió el móvil, y yo puse los ojos en blanco y oí:
–¿Sol? Soy yo, Dae-jun.