El club de los soñadores Parte 2. En busca de Don Quijote #7
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Parte 2. En busca de Don Quijote #7

Al despertar tenía varios mensajes, no muy distintos al del día anterior. Eran tonterías como «Te he buscado en YouTube, qué guapa eres. ¿Quedamos?», «Jang debutó como escritor hace unos años, es Jean Valjean». Aquello confirmaba la cantidad de idiotas que hay en el mundo. Suspiré.

Me estaba planteando ir a Byeokhae Publishing en persona.

En la página de derechos de autor de una publicación reciente encontré el nombre del director ejecutivo.

Seguro que se acordaba del señor Don. Pero, desde las entrevistas con Jang y Park, no me apetecía demasiado volver a encontrarme con señores de su edad, así que decidí confiar en la página Book Editor y aguantar bloqueando mensajes absurdos.

Hice lo mismo con YouTube. Me dediqué a borrar comentarios maliciosos con la opción «Ocultar usuario», como quien quita la mala hierba.

Luego registré en Excel las visualizaciones, los «me gusta», comentarios y compartidos de las últimas dos semanas y comprobé el aumento en el número de suscriptores.

Recopilando y monitorizando las estadísticas constante mente podía comprender mejor el contenido que prefería mi público para así aumentar las visualizaciones y el número de suscripciones.

Los ingresos de YouTube dependen de la cantidad y tiempo de visualización, lo cual es proporcional al aumento de suscriptores.

Por suerte, a principios de año había alcanzado los requisitos mínimos de monetización: mil suscriptores y cuatro mil horas de visualización.

Motivadísima, solicité de inmediato la configuración de anuncios para publicidad y Google me lo aprobó tres semanas más tarde.

Desde entonces, el canal creció a un ritmo constante y la popularidad se ha disparado con «En busca de Don Quijote», superando ya los diez mil suscriptores.

Los ingresos mensuales rondaban entre los doscientos y los doscientos cincuenta wones.

Mi objetivo era aumentarlos hasta trescientos mil wones para cubrir el alquiler del estudio solo con los ingresos de YouTube.

Si lograba subir un vídeo donde por fin encontráramos al señor Don y recordásemos los viejos tiempos, podría experimentar un subidón de visitas.

En resumen, dar con el señor Don conectaba tanto con la narrativa de hacer crecer el canal como con mi aventura personal.

Estar en ese espacio donde estaba el cartel del antiguo videoclub me hacía echarle mucho de menos.

Y así, entre recuerdos y siguiéndole la pista, el canal fue mejorando.

Sin embargo, no buscaba a Don Quijote para conseguir un subidón en el canal.

Encontrarlo era lo más importante para mí, y descubrir sus motivos y compartirlos con mis suscriptores estaba siendo un proceso significativo.

Acabé con el cuello dolorido de pasar tanto rato encorvada estudiando las estadísticas de YouTube, y también muerta de hambre. Cuando cogí el teléfono para preguntarle a Sang-eun si le apetecía tteokbokki , vi que tenía un mensaje de texto que me quitó el apetito. ¡Mierda!

Sang-eun me llamó al momento. Antes de ir a comprar la cena, revisé el correo electrónico una última vez y encontré el correo de remitente desconocido que me había quitado las ganas de comer, no porque fuera alguien quejándose o diciendo tonterías, sino porque contenía un mensaje tan claro que me atrapó por completo:

Hola. Me pongo en contacto después de ver tu publicación en Book Editor.

Vivo en el campo y soy traductora. Trabajé como editora en Byeokhae Publishing y fui colega de Yeong-su Jang. Después de dejar la editorial nos vimos un par de veces, pero ya ha pasado un tiempo desde que perdimos el contacto y me gustaría saber cómo está.

He visto el vídeo del enlace. Me ha sacado una sonrisa enterarme de que lo llamaban Don Quijote y que era tan querido entre los jóvenes. Seguro que le haría feliz recibir aunque fuese la mitad del amor que ha dado, y por eso apoyo de corazón a Jin-sol y su hijo para que lo encuentren pronto.

Puede que no resulte de mucha ayuda, pero me encantaría compartir lo que recuerdo de él.

Como vivo en una zona rural y me cuesta salir de casa, agradecería hacer la entrevista por teléfono o, si es posible, que me visitaseis aquí para grabar.

Espero que lo comprenda. Quedo a la espera de su respuesta.

Seung-ah Kim.

Ese estilo de redacción tan pulcro y meticuloso me transmitía el aura profesional de una escritora, y que fuese traductora reforzaba la veracidad del correo. Sobre todo el hecho de que hubiese mantenido un poco el contacto con él me hizo apretar los puños.

Era ella: la pista definitiva. Tenía que ir a verla. Le escribí a Sang-eun para avisarla de que me había surgido algo y que tardaría media hora más, me incorporé y me concentré en redactar una respuesta acorde.

–¿Crees que habrá estado liada con mi padre?

–No lo creo.

–Sería un problemón, porque se divorció en 1999.

–No creo que el señor Don sea ese tipo de persona.

–Bueno, tú es que te empeñas en ponerlo como alguien increíble. ¿Lo haces aposta para crear una buena imagen de él y conseguir seguidores o de verdad lo piensas?

–Si no fuese así, no lo estaría buscando.

–¿No lo estás usando por el contenido de YouTube? Ejem… Permíteme dudarlo.

–A ti lo que te pasa es que es tu padre, pero yo de verdad creo que el señor Don es una persona genuina.

En cuanto a lo de estar liados, no me gusta mucho esa expresión, siento que limita la diversidad de relaciones que pueden tener un hombre y una mujer, como la amistad, la solidaridad, el afecto…

¿Cómo vamos a meter todo eso en el mismo saco de las relaciones románticas?

–Ajá. ¿Algo así como una esposa o marido de oficina?

–¡No! ¡No pillas el contexto!

–¡Que es una broma!

–No hables. Conduce.

–¿Nos cambiamos? Llevo conduciendo desde Seúl.

–¿No te lo he contado? No tengo carné.

–Pues entonces te toca ser buena acompañante y escuchar a quien lleva el volante.

–Vale, pero mira la carretera.

–Buah. Qué sueño.

Han-bin, por mucho que se hiciese el chulito, bostezó con más sueño que un lirón. ¿Pensaba conducir medio dormido? Pues nada, si nos matábamos, moriríamos juntos. Pero a mí ese tipo de bromas no me hacían ni pizca de gracia.

Esta vez, el coche que llevaba Han-bin era de origen nacional. Cada dos semanas venía con un coche nuevo de categoría cada vez más baja, y no me daba especial confianza.

Al final de la carretera que cogimos desde Daejeon estaba la ciudad donde vivía la entrevistada, la traductora Seung-ah Kim, nacida en Tongyeong, una ciudad rebosante de literatura, lo que ya me tenía bastante nerviosa.

Dejamos el coche en el aparcamiento del mercado de pescado de Jukrim, que ella nos había indicado, y nos encaminamos hacia una cafetería a cinco minutos de allí.

A diferencia de mí, Han-bin parecía liberado después de conducir y no paraba de hacer fotos al mar.

La verdad es que la playa no estaba nada mal, pero los puntos turísticos de Tongyeong están en el centro histórico: la plaza de la batalla de Hansan y Dongpirang.

El episodio de Exploradores urbanos en Tongyeong tuvo una gran acogida.

El giro estaba en que, como el mayor contenido que había era del centro histórico, escondimos la pista en esta zona nueva de Jukrim.

Suele pasar que cuando visitamos una ciudad por menos de cuatro días nos limitamos a sus zonas más populares para los turistas.

El episodio señalaba justo la idea de no quedarse solo con lo más turístico, sino capturar los paisajes más cotidianos en zonas donde vive la gente. Gracias a eso tuvo una gran acogida.

–¿No tienes hambre? Vamos al Chungmu Kimbap.

–Este no es el centro turístico. Para comer ahí, tenemos que ir al centro, y tenemos la cita en media hora.

–Ay, en fin. Me pones a trabajar sin darme de comer. Encima de que ni he desayunado en Seúl por haber salido a las nueve para recogerte en Daejeon a las doce. Eso está muy feo.

Me detuve para mirarle fijamente.

–¿Y el sotteok sotteok que te has comido en la gasolinera? ¿Y el café?

–Eso no cuenta, es un aperitivo. ¿Y la comida?

–Pues tú te lo has comprado, ya está. Además, tu coche… Tu coche se lo ha zampado todo. ¿Cómo me vienes a decir en Daejeon que ya no te queda gasolina y tengo que llenarlo a tope? Con lo que ha subido el precio, que han sido más de sesenta mil wones. ¡Caradura!

–¿No es parte del presupuesto de tu canal de YouTube? Ya te da dinero. ¿Te he obligado yo a llenar el depósito, eh?

–Cállate. Cuando acabemos con la entrevista te voy a cebar en el Chungmu Kimbap, o, mejor aún, a Kkulbbang . Tú aguanta.

–¿ Kkulbbang ? ¿Qué es eso?

–Es un pan para tipos como tú, que te chupan el alma. Yo soy la que se harta de currar y tú te dedicas a comer.

Me giré, comprobé la ubicación de la cafetería donde habíamos quedado y aceleré el paso. Él me siguió refunfuñando.

23

Hora de escuchar una historia

La supuesta Seung-ah Kim estaba sentada frente a un enorme ventanal que ofrecía una vista panorámica del mar. Nos acercamos a ella, que era la única clienta, y se levantó al percatarse de nuestra presencia.

No aparentaba tener cincuenta y tantos; no era muy alta estando de pie y llevaba el pelo corto al estilo colegial.

Sin embargo, a pesar de esos rasgos infantiles, había algo en la forma en que fruncía los labios, en el brillo de sus ojos tras unas gafas de montura negra y en la sobriedad de su traje morado que le conferían una presencia elegante y enigmática.

Ella asintió levemente y extendió una mano para guiarnos a nuestro asiento. Yo la saludé con entusiasmo y me senté junto a Han-bin.

–Así que tú eres Jin-sol, y tú debes de ser el hijo de Yeong-su Jang.

–Sí, soy su hijo. Me llamo Han-bin –saludó él, muy formalito.

–Soy Jin-sol. Gracias por ponerse en contacto con nosotros.

–Debería daros yo las gracias por acercaros hasta aquí. Pedid algo de beber, yo invito. Estamos en mi casa.