Parte 2. En busca de Don Quijote #4
El noble sueño inalcanzable de Don Quijote, y la razón de su existencia.
El Quijote , que leí íntegramente de la transcripción del señor Don, también hablaba de embarcarse en una aventura por los sueños.
Hace más de cincuenta años que un caballero del campo se propuso pelear por la justicia en el mundo a pesar de quienes lo criticaban por su sueño.
Pero soñar forma parte de la naturaleza humana, no podemos vivir sin ello.
Por eso estaba ahí, sin apenas ganar ni un duro y embarcándome en esa aventura para encontrar a un hombre cuyo rostro apenas recordaba y con quien sentía una profunda conexión.
Puedo decir que, a mis treinta años, me sentía más viva que nunca, con el corazón palpitante y lleno de energía.
De eso tratan los sueños; no los que interrumpen por las noches, sino los que soñamos de día.
Tras el largo viaje del día, estaba a punto de acurrucarme en el sofá cama para dormir, igual que Sancho montaba una tienda de campaña en el campo, cuando sonó el teléfono.
Eran las 23:00. Número desconocido. Desde que me fui de la empresa dejé de echar cuenta a cualquier número que no estuviera en mi agenda.
Pero, ahora que estaba en modo búsqueda, contesté:
–¿Diga?
–Hola. ¿Es el teléfono de Jin-sol?
Sonaba a un hombre de mediana edad.
–Sí, soy yo.
–Siento llamarla tan tarde. Acabo de salir de trabajar. Es que he visto la publicación en el foro de Hakgangmo, de las academias. ¿Querías hablar de Yeong-su Jang cuando estuvo en Sky Avanza?
–¡Sí! Yo misma lo publiqué –respondí incorporándome de un salto.
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Lenguaraz
–Jang era la persona más codiciada en el ámbito de las academias que yo haya conocido.
Tenía unas dotes excelentes para la docencia y una personalidad encantadora.
¡Y con todo lo que bebía, nunca se emborrachaba!
Diría que su punto débil era su terquedad, aunque esa terquedad y convicción suyas son virtudes indispensables para llevar una clase, así que no es del todo un defecto, a mi parecer.
Aunque sí que ser tan rígido podía causar algún enredo.
Al fin y al cabo, a los mandamases eso no…
Bueno, espera, que estás grabando. Debería suavizar mis palabras.
Los superiores prefieren a la gente que los adula un poco y responden bien.
Es algo inherente en el poder. Estar en la posición de líder es solitario, y cuando uno se siente solo no puede evitar querer rodearse de gente que le escuche y le adule.
No era consciente de joven, hasta que fui director.
Ah…, qué solo me sentía. Ya sé que estamos hablando de él, pero es que no puedo evitar hablar de mí y de todas las cosas de las que me arrepiento ahora, a mis casi sesenta años.
Cualquier cosa que no sirva para el vídeo se puede omitir. Eso, bien.
El señor Park, director de la academia Mokdong Victoria Segura, divagaba muchísimo.
Hablaba con voz potente y sin parar, pero al menos cooperó para que grabásemos sin ningún problema.
Hasta nos ofreció algo de picoteo y bebidas.
El resultado fue una entrevista excelente que aportaba tanto en términos de rodaje como de contenido.
El hombre continuó con su historia:
–Estuve en la academia Sky Avanza en sus inicios, antes incluso de que tuviera ese nombre.
Podría decirse que fui uno de los fundadores.
Contrataron a Jang a finales de 1992 o principios del 93, creo.
Entró por recomendación de un compañero activista de la academia.
Así funcionaba con los que habían participado en el movimiento estudiantil.
Yo llevaba estudiando desde los ochenta y no sabía gran cosa del tema.
Enseñar matemáticas no es fácil. El alumnado varía mucho y los profesores son muy cotizados en las academias.
Una vez llegué a estar entre los cinco mejores profesores de matemáticas de Corea, ja, ja.
¿Se me permite presumir un poco? No se hacían clases en línea por aquella época, así que un profesor experimentado como yo tenía que viajar mucho entre provincias.
Cuando uno viaja por trabajo, le tratan de maravilla.
Los estudiantes eran conscientes de que tenían una oportunidad única y se mostraban entusiasmados y muy centrados.
Aquello hacía que mi trabajo como profesor de academia mereciera la pena.
Hablo de después de dejar la academia Sky Avanza.
Cierto, debería hablar de Jang. ¡Ya me pongo las pilas!
Ja, ja. Lo siento. En fin, siempre me pareció una persona con buenos modales.
Nos cuidábamos el uno al otro e impartíamos seminarios juntos.
Estábamos muy unidos. Antes no convenía centrarse únicamente en tus propias clases, como pasa ahora, porque decían que para hacerse un nombre en Daechi-dong había que ganar buena fama con la calidad de las clases… , y eso nos exprimía.
–Leí algo así en la autobiografía del director Bae. Que consiguió erigir la academia y tener un edificio en tan solo cinco años.
Enfaticé aquello para informarle de que estaba al tanto de la situación de la academia. Intentaba frenarle un poco para que no se enredara, pero él me pidió el libro, hojeó algunas páginas y lo dejó bruscamente sobre la mesa.
–Bah, la gente siempre igual. Recuerdan las cosas desde su punto de vista y las cuentan tal cual.
Un éxito en ventas, eh. Sí que conseguimos el edificio, como dice el libro.
Y sí que fue en parte por Bae, pero también fue gracias a todos los profesores que nos entregamos por completo a la enseñanza y el cuidado de los estudiantes.
Todos unimos fuerzas para hacer ruido en el sector académico y brindar un servicio completamente diferente al de las grandes academias.
En cuanto al profesor Jang, marcó la diferencia creando personalmente una lista de vocabulario clave para el el examen de acceso a la universidad, el CSAT.
«Vocabulario de inglés del profe Yeong-su», creo que lo llamaba.
¡Menudo exitazo! Siempre los estaba invitando a tteokbokki .
Al principio pensé que lo hacía para motivar a los estudiantes a sacar buenas notas, pero no fue cosa de un día ni dos.
Le llegué a preguntar una vez por qué los invitaba y hablaba tanto con ellos y me dijo que les preguntaba por lo que más les costaba y lo que querían aprender con él.
Así los comprendía y conectaba mejor con ellos en clase.
Decía que le resultaba útil. ¡Guau! Ahí me di cuenta.
¡Poseía una gran habilidad comunicativa y empatía!
Se esforzaba de verdad por conectar con sus alumnos.
No es fácil, la verdad. Pasar el día frente a los alumnos puede llegar a ser agotador.
Por eso comprendí lo buen profesor que era él.
–¿Y qué le hizo dejar la academia, entonces? Ningún director querría despedir a un profesor así.
–Ja, ja. Ahí viene el verdadero problema. Pasó algo…, ejem.
Como me dio la impresión de que vacilaba un poco, decidí interrumpirle:
–En el libro del señor Bae dice que, tras conseguir el nuevo edificio y muy a su pesar y por el bien de todos, ya no pudo contar con los profesores J, P y K. Eso pone. Deduje que el profesor J sería Jang, e imagino que el profesor P es usted, Park.
–Ajá. Muy a su pesar y por el bien de todos…
Imagino que como profesor de lengua se le da bien adornar las palabras y ha hecho un despliegue de habilidad en su autobiografía.
Yo no diría que le pesó tanto. En fin, todos debíamos pensar como él.
Con esa mentalidad, cualquiera que no le siguiera la corriente o que tuviera una opinión diferente resultaba inaceptable.
¿Acaso no tenían quejas los profesores? Claro que sí, pero no quedaba otra que seguir aquella pasión implacable y las decisiones dictatoriales del director.
Digamos que fue… Bueno, lo que llaman ahora luz de gas.
–Entonces, señor Park, la razón por la que dejó la academia…
–Ah, sí, perdón. Los profesores J, K y P, yo mismo.
Kim y yo decidimos dejar la academia en 1996 porque estábamos hartos del director.
Yo daba matemáticas y Kim daba lengua, y si se nos unía Jang podríamos montar una nueva academia.
Sabiendo lo popular que era, teníamos claro que muchos estudiantes vendrían solo por tenerlo de nuestra parte.
Pero él nos dijo que no podía marcharse y dejar al director Bae en la estacada, porque le había ofrecido empleo cuando estaba en un mal momento, y mucho menos ahora que tenía un hijo a su cargo.
Tratamos de convencerle de todas las maneras posibles, pero nada.
En el 97, Jang y el director tuvieron un enfrentamiento.
Si bien el señor Park no conocía toda la historia, la narró como un profesor experimentado dando clase.
–Me quedé impactado al oírlos gritar, y sobre todo al ver al educado Jang rugiendo como un leopardo.
Uf, qué brutalidad. El director estaba que echaba humo e intentaba imponerse por pura autoridad…
Un espectáculo digno de ver. En aquella época, el director había despedido al profesor encargado de las tutorías y él mismo se ocupaba de atender a los padres.
Era todo un maestro en convencerlos de que apuntaran a sus hijos, con esa labia que se traía.
Por ejemplo, si un alumno solo estaba en refuerzo de gramática, les decía que si añadían las clases de comprensión lectora y oratoria obtendría un aprendizaje completo.
Porque, si un niño solo se matriculaba en una asignatura, solo dominaría una materia y se produciría un desequilibrio en su aprendizaje.
Les metía miedo con esas cosas. Vamos, era una forma de cargarlos de clases y sacarles el dinero.
El señor Park nos observó con atención y respiró hondo. Destapó la botellita de vitaminas Vita 500 que habíamos comprado y se la bebió de un trago.
–Supongo que la disputa comenzó porque un alumno suyo estaba tomando demasiadas clases.