Parte 1. El antiguo videoclub del barrio #10
Sorprendentemente, el libro contenía la respuesta a mis preguntas. El señor Don debía de considerar esa humilde morada como una prueba de su caballería para fortalecer su espíritu. Era como conversar con él a través de don Quijote. De ahí mismo extraje una frase clave para la grabación del día:
Prueba de caballería. ¿Cuándo se os ha presentado una oportunidad así? ¿Habéis tomado esa oportunidad de poneros a prueba?
Estaba tan inspirada que acabé el guion rapidísimo y me acerqué a la vitrina para seleccionar el siguiente título de «El alquiler de hoy». La última vez había hablado de una película de Hollywood, por eso se me ocurrió elegir una coreana.
Si mal no recuerdo, el señor Don sentía un amor especial por el cine coreano, hasta el punto de que una vez dijo que acabaría siendo el mejor del mundo, y nos dio vergüenza.
Cuando Se-rom comentó que las películas coreanas eran una porquería, los dos empezaron a debatir.
Rebusqué entre las pilas de cintas en busca de unos títulos que él había mencionado.
Waranago .
El señor Don nos habló de la campaña Waranago, un movimiento en el que el público elegía ver películas buenas de producción independiente y que eran apartadas de los cines en detrimento de grandes estrenos.
Para él, ese tipo de cine era nuestro orgullo y nuestro futuro.
Por más vueltas que le daba, no recordaba los títulos correspondientes al wa , el ra y el na ; solo conseguía recordar el go .
El título: Goyanggi-reul butakhae ( Cuida de mi gato ).
Esa fue la película que vimos juntos para zanjar la discusión entre el señor Don y Se-rom, y con la que tuvimos opiniones divididas.
Se-rom insistía en que había sido aburrida y no daba respuestas.
Seong-min estaba de parte del señor Don, y expuso que era un buen reflejo de la sociedad y podría tener repercusión a nivel global.
Dae-jun entendía la trama, pero le parecía demasiado deprimente y no era su estilo.
Han-bin se había saltado la película para ir a Seúl con la excusa de que faltaba poco para retomar las clases.
Yo me quedé tan embobada con la película que no pude ni dar mi opinión. Aunque el hecho de que se me saltaran las lágrimas pareció ser señal suficiente para el señor Don, quien consideraba que llorar era la forma más honesta de expresar los sentimientos. Ahí acabó la reunión.
Al año siguiente, vimos Old Boy , de Chan-wook Park, que ganó el Gran Premio del Festival de Cannes, y entonces no nos quedó otra que aceptar que se había cumplido la predicción de Don sobre el reconocimiento del cine coreano a nivel internacional.
Estaba tan orgulloso que parecía que había ganado el premio él mismo.
Por aquella época, hasta Seong-min andaba diciendo que le gustaría ser director de cine.
Con todo eso en mente, seguí rebuscando entre las cintas de vídeo hasta dar con la letra. Por supuesto que no la había tirado.
Veinte años felinos, su contraseña secreta.
Cuida de mi gato.
Junto al eslogan y el título había una pegatina azul en la que ponía E STRENO EN CINES DE S EÚL .
En aquella época, un estreno en el cine era símbolo de prestigio.
La portada evocaba cierta aura de ensueño y mostraba a tres amigos en una habitación oscura rodeando a un gatito calicó envuelto en una luz.
Me concentré durante toda la mañana en acabar el guion, ya que tenía que grabarlo y editarlo esa misma tarde para poder subirlo al día siguiente. Una oleada de orgullo me invadió al pensar que me estaba resistiendo a las palabras de mi madre sobre ser inútil.
Me levanté para coger el móvil, que llevaba un rato sonando. ¿Cómo? Esperaba un aluvión de mensajes y llamadas perdidas de mi madre, pero eran de Han-bin.
–Oye, ¿por qué no contestas? Así no funcionan los negocios –soltó en cuanto cogí la llamada.
–Estaba liada con el guion. Ser youtuber tiene su cosa.
–Ya. Seong-min me ha llamado para insistir en que saque las cosas esta semana. Dice que estás al tanto. Tú no te preocupes, yo me hago cargo.
–¿En serio? Pues me preocupa un poco, oye. Por alguna razón, lo que dice Seong-min me parece que tiene más peso…
–¡Vaya tela! Siempre te pones de su lado, ¡como cuando éramos pequeños! Tenemos un contrato. Mi abogado dice que no me preocupe, no hay manera de cambiarlo.
–¿De verdad? Los titulares del contrato son la abuela fallecida y el señor Don desaparecido. Seong-min se hace cargo de la parte de su abuela, pero tú no puedes representar a tu padre, ¿no? Por mucho que te apoyes en la ley, no puedes hacer nada.
–¿Y a qué estamos jugando, entonces? ¡Habrá que encontrarlo!
–Por eso estoy haciendo el guion para el canal. Dae-jun me ha escrito. Si nos juntamos con él y con Se-rom, tal vez averigüemos algo.
–Le conté lo de YouTube.
–También a Seong-min.
–Olvidé quitarlo del mensaje grupal.
–Así no funcionan los negocios.
–No eres lista ni nada. Estamos en el mismo bando. Me gusta, eres de fiar.
–No veas lo insoportable que estaba ayer Seong-min en modo propietario.
–Tú no le eches cuenta. Céntrate en grabar y en buscar a papá, como me prometiste. Yo es que he estado un poco liado con el trabajo, no va muy bien.
–¿En qué andas tan ocupado? ¿Qué vendes ahora?
–¿Qué vendo? Deberías comprarlo. ¿Sabes lo que es Ethereum?
–¿El nombre de un edificio?
–Es como el bitcoin. Está dando pasta.
–Mira, yo no sé mucho de criptomonedas, pero lo que sí sé es que no es oro todo lo que reluce. El dinero tiene que crearlo uno mismo.
–¿Te crees que soy tonto? Ya verás. Me voy a dejar el pellejo para comprar este edificio. Es más, conseguiré que Seong-min me ruegue que lo compre.
–Por favor, déjate de estupideces.
–¿Estupideces? ¿No va la cosa sobre soñar? Soy hijo de mi padre, Yeong-su Jang. El señor Don. Y yo, don Dineros. ¡Ja, ja!
Después de colgar, me quedé con una sensación rara. Me hubiera gustado decirle que los sueños del señor Don no eran tan descabellados, pero no pude hacerlo.
Revisé el resto de las llamadas perdidas. Anda, si tenía una del productor de Nomad Enterworks.
Jin. Es importante. Llámame, plz.
Se me escapó una carcajada sarcástica. ¿De verdad la misma persona que me había atacado después de echarme me estaba llamando tan campante pretendiendo que le devolviese la llamada?
Eso era lo que más me desgastaba del mundo de la telecomunicación.
La gente se criticaba a las espaldas y luego se ponían buena cara, peleaban en cuanto no convergían sus intereses, pero volvían a tratarse y trabajar como si nada en cuanto necesitaban algo del otro.
«Cosas del trabajo», decían los muy descarados y orgullosos de serlo.
Era un ecosistema volátil en el que la gente se unía y dispersaba constantemente.
Yo difería de toda esa gente a la que no le importaba nada de eso, porque a mí no podía dejar de importarme. Soy un ser humano con sentimientos y no quiero vivir mi vida haciéndole la pelota a gente despreciable. Por eso me fui.
Esa llamada tan poco casual del productor me recordó a la última vez que habíamos hablado, cuando dejé Seúl. Pulsé el botón de llamada.
–Hombre, Jin –sonó una voz temblorosa al otro lado.
–¿Qué pasa?
–Pasar, nada. Me acordé de ti y te llamé. Me he enterado de que ahora te dedicas a la tele provincial.
–¿Tele provincial?
–Ja, ja. No te lo tomes a pecho, Jin. Es broma. Ya sé que eres youtuber , Choi me ha enseñado el contenido de Daejeon que estás haciendo y…
–Le tengo dicho que decir algo que ofende a otra persona hace que deje de ser una broma.
–No te pongas así, Jin. No te enfades y escúchame.
–¿Sabe que eso está en el primer puesto de frases para ofenderse nada más oírlas?
–¡Madre mía! ¡Mira que eres intensa! Te quería dar una oportunidad. ¿A estas alturas no sabes ni lo más básico? No se puede ser tan emocional, eso es muy poco profesional. Lo que haya que discutir se discute, pero ahora hablamos de trabajo. No mezcles el trabajo con tus emociones y…
–Oiga, Kim, los humanos somos criaturas emocionales. Las emociones importan y hay que ser educado cuando se trabaja. ¿Qué oportunidad le va a quedar a alguien que ya ha dejado Sangam-dong?
–No veas lo charlatana que te has vuelto desde que estás en YouTube, Jin. Es sobre el Don Quijote ese. Hemos estado indagando y…, no sé, tengo un presentimiento. ¿Qué me dices?
–Yo también tengo un presentimiento.
–¡¿Ves?!
–Sí. Uno muy asqueroso.
–¿Cómo dices?
–Ay, ¿te he ofendido? Pues deja de hacerte el profesional y no me llames más. Y no es «el Don Quijote ese», es el videoclub Don Quijote. ¡Desgraciado asqueroso!
Colgué y respiré hondo.
Siempre igual. Empezaba queriendo menospreciarme con lo de la tele provincial, y si me enfadaba…
«Ah, no, que es broma». ¿En serio? De bromita nada, me había insultado y por eso me lo tomé a pecho.
«¿Intensa yo? Intenso lo que se mete tu padre por el…
Bueno, me callo, que siendo productores hay que usar un lenguaje decente».
Fue una pena no poder decirle todo eso, pero había conseguido mi pequeña victoria.
Me había protegido a mí misma. Yo solita.
Nadie me iba a tratar mal. Resistiría, aunque no ganara dinero y tuviera que gritar con el corazón a mil por hora.
Produciría mi propio contenido excepcional.
Estaba a punto de empezar el Segundo Acto de mi vida como youtuber .
15
Fuga de casa inadmitida
Por suerte, Seong-min aceptó el alquiler por trescientos mil wones al mes.
Cuando intercambiamos el contrato por correo electrónico, había añadido dos cláusulas: la primera, que el propietario no asumía responsabilidad alguna por el mantenimiento del espacio; la segunda, que el contrato debería negociarse con el nuevo propietario del edificio y el actual quedaría liberado de las obligaciones de este.