El club de los soñadores Parte 1. El antiguo videoclub del barrio #11
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Parte 1. El antiguo videoclub del barrio #11

Dicho de otra forma, que me encargase yo misma de daños y reparaciones y que él se desentendía una vez vendido aquello.

Me iba a dormir cada noche rezando por que el edificio no se vendiera; rezaba y rezaba esperando conseguir lo que no podía comprar con dinero y solo podía conseguir mediante el corazón.

Pasados diez días desde que me fui de casa, cuando volví a escondidas para lavar la ropa, me crucé con mi madre en la puerta y no tuve más remedio que confesarle que estaba viviendo en el estudio.

Al día siguiente, se plantó en el semisótano con ropa y guarniciones para la comida.

Le dije que estaba perfectamente, pero ella se quedó mirando los envases de la tienda veinticuatro horas apiladas en un rincón.

Sin previo aviso, me llevó a una tienda de segunda mano y compró una neverita, un microondas, un perchero y una estufa.

La verdad es que estaba algo más tranquila calentándome los pies en la estufa mientras me calentaba el cuerpo con soju y las anchoas caseras de mi madre, y contemplando el perchero nuevo lleno de prendas de abrigo.

Una madre es una madre.

Tampoco era la primera vez que me escapaba de casa.

El mismo día que me eché a llorar después de ver Cuida de mi gato, el señor Don me llevó aparte para que le contase lo que me preocupaba.

Le confesé que seis meses antes de ir a Daejeon me había escapado de casa, durante las vacaciones de invierno de cuarto de primaria.

Recuerdo aquel invierno gélido en que metí mi conejito de peluche en una mochila y me fui de casa con mis ahorros de setenta mil wones, con los que, por mucho que quisiera, no podía salir de Seúl.

Recuerdo volver de la estación, repleta de personas sin hogar, y regresar a casa ya tarde y tosiendo, y que nadie me preguntase dónde había estado.

Mi madre se limitó a darme un jarabe para el resfriado y la fiebre y a reñirme por pasar el día por ahí.

A la mañana siguiente desperté empapada en sudor y con dolor de garganta.

–O sea, que no se dieron cuenta de que te habías escapado de casa.

Casi me eché a llorar de nuevo, pero me contuve porque parecía consternado.

–¿Por qué te escapaste? ¿Por tus padres? ¿Te peleaste con tu hermano? ¿O era por la escuela y tus amigos? ¿Por qué una niña buena como tú haría algo así? –Él me vio dudar y asintió como si no pasase nada–. No te preocupes. Una vez que me lo hayas contado, podrás olvidarlo y ya no volverás a llorar.

–En casa no me necesitaban.

–¿Por qué…?

–Eso fue lo que oí que le dijo papá a mamá. Que el negocio estaba en quiebra… y, si yo no estuviera, todo sería más fácil.

–Sol, ¿de verdad crees que tu padre piensa eso? ¿No lo estaba pasando tan mal que pudo haber dicho algo que no sentía?

–Al final de la película, cuando Tae-hee recorta la foto de su familia, me recordó a mi fuga fallida. ¿Por qué yo no fui capaz? Me dio envidia Tae-hee y me puse triste.

Intenté contener las lágrimas mientras, de alguna manera, algo tomaba forma y claridad dentro de mí.

Después de oír toda la historia, el señor Don cerró los ojos con fuerza. Me prometí no tomarme en serio nada de lo que fuera a decirme y mantuve la boca cerrada. Al final, abrió los ojos y me dijo:

–Debe de dolerte mucho. Te lo has callado durante mucho tiempo. A mí me parece que tu padre se preocupa por ti. La última vez que vino me dio treinta mil wones para que te dejase leer y ver todas las películas que quisieras.

–Pero si las veo por ayudar con el videoclub.

–Para nada. Lees un montón de cómics. Ya gastaste eso hace mucho y no habrías podido seguir leyendo de no ser por el dinero de tu padre.

–Mentira.

–Oye, ¿cuándo te he mentido yo? Solo bromeo a veces. Tu padre me dio las gracias por enseñarte inglés y me invitó a una cerveza en su restaurante, pero no he ido porque la cerveza me sienta mal en la tripa. Pregúntale y verás.

–Da igual. Está bien.

–¿Sí?

–Me iré a los veinte, como Tae-hee. Aguantaré hasta entonces, ea.

–Bien. En vez de irte de casa, lánzate a la aventura. Como Tae-hee y como don Quijote.

–¿Como usted? También es Don Quijote.

En ese momento, relucieron lágrimas en sus ojos. Se bebió el té caliente como si fuera agua fría y se cubrió la cara con las manos, guardando un momento de silencio. Tragué saliva. No sabía qué hacer.

–Sol –dijo manteniendo la misma postura–. Yo también me escapé de casa. Me embarqué en una aventura, pero… en realidad lo que hice fue dejar mi casa y a mi familia.

–Han-bin viene aquí.

–Sabes cómo me trata Han-bin, ¿no? Es por esos dos años por lo que me fui de casa y lo abandoné. Ahora estamos mejor, pero cometí un error por el que pagaré el resto de mi vida. Abandoné a mi familia por un sueño insignificante. Tu padre nunca te ha abandonado, Sol. No lo olvides, ¿de acuerdo?

–Vale. No lo olvidaré.

Las lágrimas corrieron por sus mejillas, y a mí me dio mucho apuro ver llorar por primera vez a un adulto.

Él me miró y se sonó la nariz con un pañuelo. Luego sacó otro para las lágrimas, aunque seguía con los ojos empañados.

–Espero que te lances a la aventura, Sol.

–Lo mismo digo. –Asintió con una sonrisa algo amarga–. Lo intentaré.

Yo también asentí.

16

Waranago

En 2001 se produjo lo que se conoce como el Movimiento Waranago en la industria cinematográfica coreana.

¿Sabéis en qué consiste? No tiene nada que ver con el Movimiento Saemaul ni con la campaña de recolección de oro.

Fue una iniciativa espontánea entre cineastas y aficionados del cine coreano para apoyar las películas nacionales que, aunque no tuviesen éxito en taquilla, se consideraban de calidad.

El movimiento se centró en cuatro películas independientes cuyo estreno había sido eclipsado por otras de grandes productoras o protagonizadas por actores famosos.

Ayer descubrí esta cinta entre los archivos del videoclub y me acordé del Movimiento Waranago, que el señor Don siguió apoyando incluso después de que acabase con descuentos en estas cuatro películas.

¿Cuáles son? Aquí solo teníamos tres. «Wa» es por Waikiki Brothers , una película dirigida por Soon-rye Yim donde aparecen Hae-il Park y Seung-beom Ryu de jóvenes. Tengo entendido que gusta mucho al público masculino.

«Ra» es por Raybang , que se llama así por las gafas de sol Ray-Ban, un accesorio imprescindible de los taxistas de la época. Seguro que si pensáis en un taxista os vienen esas gafas a la mente. Pues de eso trata, de mostrar la vida de los taxistas como un documental.