Capítulo 80
El helicóptero seguía elevándose en perfecta vertical mientras giraba despacio sobre sí mismo.
Johan se ajustó el casco con micrófono para poder comunicarse con el resto de la tripulación pese al ruido de las palas, que azotaban el aire a intervalos regulares.
—El hospital universitario de Caen tiene servicio de neurocirugía —dijo uno de los sanitarios.
Caen estaba a unos cien kilómetros: una hora y media en coche, como mínimo. Por aire se tardaría menos, sin duda.
—¿Cuánto tardaríamos?
—Media hora —respondió el piloto.
Johan negó con la cabeza.
—Demasiado.
—Si no, queda el hospital de Argentan —propuso el otro sanitario—. Está a unos treinta kilómetros.
El piloto levantó el pulgar.
—Podemos llegar en menos de diez minutos.
—El problema es que están peor equipados —objetó el primer sanitario.
Johan los miró uno por uno antes de fijar la vista en Zoé. El tiempo apremiaba.
—¿Tienen servicio de cirugía?
—Sí, pero de cirugía general. Podrán ocuparse de la herida abdominal, pero ¿quién le va a operar la cabeza?
Johan cerró los ojos durante un latido.
—Yo —dijo, con menos seguridad de la que le habría gustado.