El Clarividente Capítulo 76
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Capítulo 76

Llevaban unos treinta minutos en la carretera, pero a Johan le parecía que habían pasado horas. Desde que Anthony Lavera se había enterado de lo que Johan había hablado con su padre, no había dejado de despotricar.

—¡Lo sabía! Le ha comido la cabeza con esas historias de visiones.

Puntuaba cada frase con un golpe al volante, como si fuera un saco de boxeo.

—Le juro que si le ha pasado algo, yo…

Johan lo interrumpió con un gesto.

—¡Mire! Hay un coche ahí.

A Johan le sorprendió lo fácil que fue dar con el lugar de enterramiento de Léane Jalmet: el sendero cubierto de zarzas y cortado por árboles muertos que había recorrido con Zoé ya no existía.

En su lugar había una senda que, a primera vista, parecía una ruta de senderismo.

La hierba alta yacía ahora aplastada contra el suelo, pisoteada, como el resto de la vegetación, por los hombres y mujeres que habían peinado el bosque durante la batida en busca de los restos de la joven belga.

Se había levantado un viento gélido que arrancaba las hojas muertas que aún colgaban de las ramas.

A pocos metros de allí, una cinta fluorescente serpenteaba entre los troncos y formaba un círculo en cuyo centro se encontraban las dos tumbas.

Dos fosas de apenas un metro de profundidad.

Nada más. Unos banderines amarillos ondeaban al viento y señalaban los indicios que ya habían recogido los técnicos de Criminalística.

—¡Zooo-ééé! —gritó Lavera, con las manos a modo de bocina para que su voz llegara más lejos.

Unos pájaros echaron a volar, asustados, en un revuelo de alas. Los dos hombres aguzaron el oído, pero, aparte del susurro del bosque, ninguna voz humana respondió.

—¿Está seguro de que iba a esperarlo aquí? —preguntó Lavera mientras escudriñaba los alrededores.

Johan sintió un escalofrío en cada centímetro de piel expuesto al aire. No iba lo bastante abrigado y la temperatura bajaba a medida que se apagaba la luz del día. ¿Se suponía que Zoé sabía que él iría a reunirse con ella allí? No era exactamente eso lo que le había dicho su padre.

—Tenemos que esperar.

—No lo entiendo. Creía que ya estaría aquí cuando llegáramos. Nos lleva varias horas de ventaja.

Lavera tenía razón. Johan notó que la inquietud se apoderaba de él.

«Todo se aclarará cuando llegues allí». Eso era lo que le había dicho su padre por teléfono.

Intentó olvidarse del cuñado de Zoé y de su mal humor contagioso para concentrarse en el bosque.

Entonces la vio. Una silueta femenina a pocos metros de donde se encontraban.

—¿Zoé? —la llamó él también.

Lavera se volvió hacia él.

—¿Dónde?

Johan señaló al frente con el índice.

—No veo nada. ¿Seguro que no era algún animal?

Johan suspiró, harto de su pesimismo.

—Quédese aquí si quiere —dijo, y se deslizó bajo la cinta fluorescente para adentrarse en el bosque.

La silueta se volvía más nítida a medida que él apretaba el paso. Era ella, no le cabía ninguna duda, pero Johan no entendía por qué no aflojaba la marcha. ¿Era posible que, a esa distancia, no lo hubiera visto?

—¡Zoé! —la llamó de nuevo para obligarla a volverse. Contra todo pronóstico, ella lo hizo. Johan se acercó a grandes zancadas, sin aliento. Zoé estaba allí, de pie entre dos árboles. Inmóvil.

— Le he buscado por todas partes —susurró.

Él avanzó unos pasos.

—Lo siento. Mi padre debería haberme llamado antes. No entiendo por qué nos ha mandado aquí a los dos.

Zoé suspiró.

— Estoy tan cansada…

—Lo entiendo. Voy a llevarla de vuelta. Venga, vamos.

La joven seguía a la misma distancia, como si retrocediera un paso cada vez que él daba uno hacia ella. Sin embargo, no se había movido ni un centímetro. Y entonces lo comprendió.

—Dígame dónde está —le pidió con la voz entrecortada.

La joven dejó escapar un suspiro que resonó en el bosque antes de confundirse con el soplo del viento y el susurro de las hojas.

— Donde estoy, está oscuro.

Johan intentó no dejarse dominar por el pánico.

—No pasa nada, Zoé. Ya estoy aquí. Voy a encontrarla.

— Él también me ha encontrado —dijo ella.

—¿Quién?

— El hombre que me secuestró. El asesino de mi hermana, de Léane y de tantas otras. El Segador.

—¿Dónde está ahora?

— Aquí.

—Pero ¿dónde? Intente describirme el lugar donde se encuentra.

La vio bajar la mirada al suelo.

— Me veo a mí misma… Veo mi cuerpo.

Él se adelantó e intentó cogerle la mano, pero ella se le escapaba una y otra vez.

— Tiene que llevarme allí. ¿Cree que podrá hacerlo?

—¡Eh, cabrón! —rugió una voz grave a su espalda. Johan no llegó a oír la respuesta.

Anthony Lavera se abalanzó sobre él y, antes de que Johan comprendiera lo que pasaba, se encontró tirado en el suelo.

—¡Suélteme! —gritó.

Pero Lavera lo sujetó con más fuerza. Tenía la cara roja por la carrera.

—¿A qué juega, eh? ¿Ese era el plan de su padre? ¿Perderme en el bosque?

Johan no se había dado cuenta de que Lavera lo seguía. Con las prisas por alcanzar a Zoé, debía de haberlo perdido de vista.

—¿Es que no entiende que…?

Un primer puñetazo le cruzó la cara y le cortó la frase. La cabeza empezó a darle vueltas y la saliva le supo a metal. Se puso de costado y escupió sangre.

—He visto a Zoé —dijo al ver que el puño volvía a alzarse.

El brazo se detuvo, suspendido en el aire helado.

—¿Cuándo?

—Hace un momento.

Johan notó que su agresor aflojaba la presa y miraba a su alrededor con la esperanza de ver a la joven. Aprovechó para derribarlo de costado y se puso en pie.

—¿Dónde está? No la veo.

Sin embargo, Zoé estaba allí, apartada, como si temiera que la violencia de su cuñado pudiera alcanzarla también a ella.

Johan no sabía qué responder, así que optó por una verdad a medias.

—No sé dónde está.

—¿Cómo? Acaba de decir que…

Anthony Lavera se interrumpió y abrió mucho los ojos, como si acabara de tener una revelación.

—Ha tenido una visión, como su padre… Entonces, ¿eso significa que está… muerta?

Todavía no , pensó Johan, y se estremeció ante esa posibilidad.

—No. Pero está gravemente herida. Tenemos que encontrarla cuanto antes.

Anthony Lavera alzó la vista al cielo y apretó los puños.

—¿Sabe dónde está?

Johan se volvió hacia Zoé. Ella asintió y se alejó.

—¡Sígame!