El Clarividente Capítulo 73
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Capítulo 73

—¡Queda usted en libertad, doctor!

Johan se volvió hacia la puerta, que acababa de abrirse. La luz del pasillo lo obligó a entrecerrar los ojos. Se sentó en el borde de la litera, con la mano a modo de visera, para ver quién era. En el umbral de la celda, entre la luz y la sombra, estaba el capitán Dorsey en persona.

Johan ahogó un gemido al intentar levantarse. El paracetamol que le habían dado el día anterior ya no le hacía efecto. Se sentía como uno de sus pacientes, un jugador de rugby al que había operado de urgencia tras un partido que había degenerado en una carnicería.

—Venga, vamos —dijo el gendarme, con un tono de pronto más suave—. Quedan unos papeles por rellenar y luego podrá marcharse. El fiscal no ha presentado cargos contra usted.

Johan lo siguió a duras penas hasta el despacho que la Gendarmería local le había cedido al capitán. En la pared colgaban las fotografías de las dos jóvenes víctimas que él mismo había encontrado en el bosque. Léane Jalmet y Sonya Nbaké.

—¿Un café?

Johan aceptó.

—¿Dónde está mi padre? —preguntó mientras Dorsey le dejaba delante la taza humeante.

—En su casa, supongo. Después del fiasco de ayer, tenía prisa por volver.

—¿Qué fiasco? —quiso saber Johan, que había pasado las últimas horas aislado en una celda.

El gendarme le contó lo que su padre había visto en su última visión.

—Por desgracia, las indicaciones que nos dio no nos llevaron a las pistas que esperábamos. En fin, que estaba deseando volver a casa. Me dijo que usted entendería que no pudiera quedarse.

Johan asintió. Sabía que su padre odiaba viajar. Ya era un milagro que se hubiera desplazado hasta Niza para ayudarlo.

—Tenga. Solo tiene que firmar aquí, al pie de la página.

Firmó y le devolvió el formulario. Dorsey se levantó para acompañarlo a la salida, pero Johan no se decidía a seguirlo. Quería saber cómo estaba Zoé. Y, sobre todo, cómo localizarla.

—¿Sabe si…?

Unos gritos le impidieron formular la pregunta que le quemaba los labios.

El gendarme le indicó con un gesto que no se moviera de la silla y desapareció por el pasillo.

Alguien vociferaba. Un hombre. Mientras las voces subían de tono, Johan se levantó y se acercó a la puerta, que se había quedado abierta.

—¡Quiero hablar con Valmeur! ¡Sé que ese cabrón ha ido a verla a su habitación!

—¡Lavera, cálmese!

Un hombre al que Johan no había visto nunca se detuvo en seco cuando sus miradas se cruzaron.

—¡Él! —gritó el desconocido, señalándolo con un dedo acusador—. ¡Él tiene que saberlo! ¡Al fin y al cabo, es su padre!

Todas las miradas se volvieron hacia Johan.

—¿Qué pasa? —preguntó, dirigiéndose a la persona menos hostil de la sala.

Dorsey suspiró.

—Doctor, le presento a Anthony Lavera, el cuñado de la señorita Rossi. Al parecer, su padre ha ido a su hotel esta mañana temprano y…

—Ha desaparecido —lo interrumpió Anthony, que seguía sin calmarse—. ¡Y encima con mi arma!

Johan se quedó helado.

—¿Está seguro?

—Su padre se ha presentado en nuestro hotel hacia las cinco de la mañana. El imbécil de recepción lo ha dejado entrar.

Dorsey parecía preocupado.

—¿Podría llamar a su padre? Me gustaría comprobar que está con ella.

Johan cogió el móvil que el capitán le tendía. Marcó de memoria el número de su padre y esperó.

Contestó casi al instante, como si estuviera esperando la llamada, cosa que, por supuesto, no sorprendió a Johan.

—¡Papá! ¿Está Zoé contigo?

—¿Estás solo?

Johan se obligó a clavar la vista en el suelo, consciente de que era el centro de atención.

—Está aquí su cuñado, y también el capitán Dorsey.

—Muy bien. Pásamelo.

Johan sabía que era inútil insistir, así que le hizo una seña al gendarme.

—Quiere hablar con usted.

Dorsey escuchó con atención. A medida que avanzaba la conversación, se le iba relajando el rostro.

—Bien, me alegro de saberlo. Por supuesto, ahora se lo paso.

Johan recuperó el teléfono.

—Escúchame y no me interrumpas —dijo enseguida su padre.

Johan se estremeció. Por suerte, nadie se dio cuenta. Todos estaban demasiado pendientes de las explicaciones del capitán Dorsey: Zoé había regresado a París para evitar las preguntas de los periodistas. Una versión que no tenía nada que ver con lo que su padre le estaba revelando.

—Ha vuelto al bosque.

A Johan le dio un vuelco el corazón.

—Tú también estabas en mi visión. Tienes que reunirte con ella sin falta. Es muy importante. ¿Lo entiendes?

—Sí —respondió Johan, con la esperanza de que nadie le prestara atención.

—Escúchame bien. Vuelve al sitio donde encontraste a Léane. Todo se aclarará cuando llegues allí. ¡Ve! ¡Ahora mismo!