Capítulo 72
— ¡Despierta!
Zoé abrió los ojos. La voz de su hermana seguía tan presente en su cabeza que le sorprendió no verla en la habitación.
Entonces se dio cuenta de que alguien llamaba a la puerta.
Unos golpes sordos, como si la persona que aguardaba en el pasillo quisiera atraer su atención con la mayor discreción posible.
No podía ser Anthony: la discreción no era su fuerte.
Cogió la pistola y, imitando la pose de las actrices del cine de acción, se acercó a la puerta.
Los pies descalzos se le hundían sin ruido en la gruesa moqueta.
Con la respiración entrecortada y el corazón desbocado, se inclinó y pegó el ojo a la mirilla.
Allí, algo deformado por el efecto de lupa de la lente, reconoció el rostro de Pierre Valmeur.
Descorrió despacio el cerrojo, entreabrió la puerta y, antes de que él dijera una sola palabra, le indicó que guardara silencio y señaló con la barbilla la puerta de la habitación que él tenía a la espalda. Pierre Valmeur asintió y entró.
—El chico de recepción me ha dado el número de su habitación —explicó en cuanto ella cerró la puerta—. Le he dicho que era su padre. Espero que no le importe.
—No, ha hecho bien.
Zoé le había cogido cariño al anciano. Era como si lo conociera de toda la vida, y eso que nunca había estado muy unida a su propio padre.
—Gracias por venir —continuó—. Mi cuñado está justo enfrente y…
—No quiere que esté presente.
—Es un poco…
—¿Agresivo?
—Más bien tenso.
Pierre Valmeur hizo una mueca escéptica.
—En realidad, mejor que no esté —dijo—. Así me ahorro pedirle que se marche.
—Pero Gabriela era su mujer.
—Esto no tiene que ver con su hermana —respondió, y le devolvió la alianza que ella le había dado un rato antes.
—No lo entiendo. Creía que iba a ayudarme a encontrarla. Es lo que me ha dicho antes.
—Sé lo que he dicho. Y, en cierto modo, a eso he venido. He tenido otra visión.
Zoé se dejó caer en el borde de la cama. Tragó saliva.
—¿Sobre mí?
Él asintió.
—Tiene que volver al bosque —añadió—. Tiene que ir ahora mismo.
—¿Ahora? ¡Pero si todavía es de noche!
—Zoé, es muy importante. Debe volver al lugar donde Johan recuperó la memoria. Debe ir ahora mismo, y debe ir sola. Solo así descubrirá lo que le ha pasado a su hermana.
—¿Por qué no me dice sin más dónde está? Sería más fácil, ¿no cree?
—No, hija. Créame, me gustaría ahorrarle todo esto, pero no está en mi mano.
Zoé entornó los ojos, se levantó y miró a su alrededor como si tuviera que decidir qué llevarse. Se puso un jersey de lana gruesa y después la parka.
—No se olvide de la pistola.
El arma, claro. La Sig Sauer de Anthony.
—¡Anthony…! ¡Las llaves del coche las tiene él!
Pierre Valmeur metió la mano en el bolsillo de la chaqueta.
—Tenga, coja el mío.
Luego la sujetó del brazo, como si aún no estuviera preparado para dejarla marchar, y añadió:
—Pase lo que pase en las próximas horas, no olvide que, aunque algunos sueños no se cumplan, no hay que dejar de soñar.
—¿Y eso qué quiere decir? ¿De qué sueño me habla?
Pierre Valmeur negó con la cabeza.
—Perdone, estoy divagando. Cosas de la edad. Váyase ya.