Capítulo 36
¿Por dónde ha huido?
La voz apremiante del gendarme le llegaba amortiguada por el zumbido que le taladraba los oídos. Al notar que estaba a punto de desmayarse, Zoé se dejó caer al suelo. ¿Cómo había podido dejarlo escapar?, se preguntó con la vista clavada en la pistola que aún empuñaba.
—¡Eh! Creo que Lucky ha olido algo.
El hombre que acababa de hablar no era otro que el cazador con el que Johan y ella se habían cruzado poco antes en el bosque. Había sido él quien había dado la voz de alarma.
Zoé siguió su mirada. El basset escarbaba la tierra con frenesí, entre gañidos agudos.
Por un instante, creyó que el perro también había encontrado el cadáver que Johan había desenterrado.
Pero no era allí donde escarbaba. La tierra salía despedida entre las patas traseras, mientras con las delanteras abría un hoyo cada vez más hondo.
—¡Mierda! —soltó de pronto el gendarme—. ¡Llama a tu chucho antes de que se cargue todas las pruebas!
Zoé se reunió con los dos hombres ante lo que resultó ser una segunda tumba. Allí, a varias decenas de centímetros de profundidad, unos ojos le devolvieron la mirada horrorizada. Y fue como si la tierra se la tragara también a ella.